Cierra Fate: una crisis heredada que expone el resultado del proteccionismo y al sistema sindical
El cierre de FATE en Virreyes no es un hecho aislado ni reciente: expone años de pérdida de competitividad por presión impositiva, rigidez sindical e intervención estatal que hicieron inviable sostener la planta en el nuevo escenario económico.
El cierre de la histórica planta de FATE en Virreyes no es un problema de ahora. Es el desenlace de una crisis profunda que comenzó en 2019, durante el gobierno de Alberto Fernández, y que terminó de quedar al descubierto bajo el nuevo esquema económico impulsado por Javier Milei.
Lejos de ser una “víctima” del actual Gobierno, FATE quedó atrapada durante años en un modelo que combinó cepo, inflación crónica, presión impositiva récord y una rigidez sindical extrema. El resultado fue previsible: pérdida de competitividad, caída de la producción y un conflicto permanente que terminó por hacer inviable la continuidad de la planta.
Una fábrica clave para San Fernando, ignorada por la política
Durante décadas, FATE fue uno de los principales motores económicos del partido de San Fernando. Generó empleo industrial calificado y aportó de manera significativa a la recaudación municipal, especialmente a través de tasas como Seguridad e Higiene. Su peso económico era innegable, pero también incómodo para un esquema político acostumbrado a sostener gasto público con más presión fiscal, incluso cuando la actividad comenzaba a caer.

La crisis no empezó ahora
El deterioro comenzó claramente en 2019. Bajo el gobierno anterior, los costos crecieron muy por encima de la productividad. A eso se sumaron convenios laborales inflexibles y una estrategia sindical basada en la confrontación. La industria del neumático fue perdiendo competitividad frente a países con menor carga impositiva y mayor escala productiva.
En 2022, los paros prolongados y bloqueos impulsados por el SUTNA paralizaron durante meses a FATE, Pirelli y Bridgestone. El impacto fue devastador: automotrices como Ford y Toyota frenaron líneas de producción por falta de cubiertas, con pérdidas millonarias. La defensa cerrada del convenio terminó dañando a toda la cadena productiva.
Milei y el cambio de reglas
Con la llegada de Javier Milei a la Casa Rosada, el Gobierno nacional marcó un quiebre con décadas de intervencionismo estatal que distorsionó la economía y falseó la competitividad real de la industria. El fracaso de sectores como el del neumático no se explica por incapacidad productiva, sino por la sobrecarga de impuestos, tasas, regulaciones y convenios laborales rígidos impuestos por el Estado a lo largo de los años.
En ese contexto, producir neumáticos en Argentina ya era entre 25% y 30% más caro que hacerlo en Brasil o China, una brecha creada por políticas estatales que encarecieron artificialmente los costos. La apertura comercial no provocó el cierre: expuso la inviabilidad de un modelo sostenido por intervención, protección y conflicto permanente. El caso FATE se convierte así en una muestra concreta de los límites del Estado como organizador de la producción.
El Estado intervino, pero no rescató
El conflicto fue seguido paso a paso por el Estado. En junio de 2024, la empresa solicitó un Procedimiento Preventivo de Crisis. Hubo audiencias, acuerdos parciales, homologaciones oficiales y hasta suspensiones bajo el artículo 223 bis de la Ley de Contrato de Trabajo. Nada alcanzó.
En mayo de 2025 se firmó un acuerdo que incluía reorganización de turnos, cambios en horas extras y conceptos salariales transitorios. Aun así, el conflicto volvió a escalar. Finalmente, el Gobierno dictó la conciliación obligatoria por 15 días como último intento institucional para preservar el empleo.
La diferencia con el pasado es clara: el Estado media, pero no subsidia estructuras inviables.

Municipio y sindicatos: presión sin salida
En el plano local, el municipio de San Fernando, gobernado por Juan Andreotti, sostuvo una fuerte presión fiscal sobre la industria, incluso en plena caída de la actividad. El dilema fue simple: recaudar para sostener la caja o aliviar a quien produce. La elección fue política. La consecuencia, económica.
Pero el factor decisivo fue sindical. La negativa sistemática a cualquier flexibilización y los antecedentes de paros y bloqueos terminaron aislando a la fábrica del nuevo contexto económico. La defensa del statu quo aceleró el final.
Los números confirman el colapso
Según datos del INDEC, en diciembre de 2025 la capacidad instalada del sector “caucho y plástico” cayó al 33,4%, con una baja del 57,3% en neumáticos. Con plantas trabajando a menos de la mitad y costos fijos intactos, el cierre dejó de ser una amenaza para convertirse en una certeza.
Una conclusión incómoda
El caso FATE expone una verdad que incomoda a muchos: la crisis no empezó con Milei. Empezó cuando se consolidó un modelo que expulsó competitividad, blindó privilegios y normalizó el conflicto permanente.
La conciliación obligatoria puede ganar tiempo, el gobierno nacional busca preservar el empleo. Pero si sindicatos, municipios y parte de la dirigencia política no revisan sus decisiones, el tiempo no salva fábricas. Solo posterga cierres.
