El Gobierno lanza el RIMI; un régimen de incentivos para impulsar medianas inversiones productivas

El Régimen de Incentivo para Medianas Inversiones (RIMI) establece montos mínimos de inversión según el tamaño de la empresa y otorga beneficios como amortización acelerada en el Impuesto a las Ganancias y devolución rápida de créditos fiscales.

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Tras la media sanción de la Ley de Modernización Laboral, el Gobierno nacional puso en marcha el Régimen de Incentivo para Medianas Inversiones (RIMI), una herramienta clave orientada a reducir la carga impositiva, fortalecer la competitividad y promover la inversión productiva en micro, pequeñas y medianas empresas de todo el país.

La iniciativa forma parte del programa económico de la administración de Javier Milei, que apunta a cambiar el eje del crecimiento: menos presión fiscal y más protagonismo del sector privado como motor del empleo y la producción.

Un marco de certeza para invertir

Según informó el Ministerio de Economía, el RIMI fue diseñado para brindar certeza jurídica y reglas claras a las pymes, uno de los sectores más afectados históricamente por la presión tributaria y la falta de incentivos a la inversión de mediano plazo.

El régimen permite:

  • Reducir la carga impositiva sobre inversiones en bienes de uso.
  • Mejorar la competitividad de los sectores productivos.
  • Incentivar exportaciones y la creación de empleo genuino.

Desde el Gobierno destacan que se trata de un esquema concreto para transformar ahorro en inversión productiva, en un contexto de ordenamiento fiscal y reducción del gasto público.

Quiénes pueden acceder y montos mínimos

El RIMI está dirigido a micro, pequeñas y medianas empresas hasta el tramo 2 inclusive, que realicen inversiones productivas durante los dos primeros años de vigencia del régimen.

Los montos mínimos de inversión exigidos son:

  • Microempresas: desde USD 150.000
  • Pequeñas empresas: desde USD 600.000
  • Medianas tramo 1: desde USD 3.500.000
  • Medianas tramo 2: desde USD 9.000.000

El diseño del programa apunta a proyectos de escala media, vinculados a la ampliación de plantas, incorporación de tecnología y mejora de procesos productivos, y no a gastos corrientes.

Inversiones alcanzadas y beneficios fiscales

El régimen prioriza inversiones directamente ligadas a la producción, entre ellas:

  • Adquisición, fabricación o importación de bienes muebles nuevos (excepto automóviles de uso particular).
  • Obras de infraestructura productiva, como ampliaciones de plantas, mejoras logísticas internas o nuevas líneas de producción.

En materia fiscal, el RIMI ofrece dos beneficios centrales:

  • Amortización acelerada en el Impuesto a las Ganancias, lo que permite deducciones más rápidas y mayor liquidez para reinvertir.
  • Devolución de créditos fiscales en un plazo máximo de tres meses, aliviando el impacto financiero de saldos a favor, especialmente en IVA.

Fuerte respaldo del agro y la industria

El sector agropecuario fue uno de los primeros en manifestar su respaldo al nuevo régimen. Entidades como el Consejo Agroindustrial Argentino, Coninagro y diversas Bolsas de Cereales y de Comercio destacaron que el RIMI funciona como una versión del RIGI adaptada a pymes, incluyendo proyectos de agricultura y ganadería que antes quedaban excluidos.

En particular, valoraron:

  • Inversiones en riego agrícola y ganadería.
  • Cómputos de IVA para sectores como la avicultura y la producción porcina.
  • Incentivos para modernizar bienes de capital y ampliar la frontera productiva.

También la industria de alimentos y bebidas, a través de COPAL, expresó su apoyo al régimen y a la reforma laboral, subrayando la necesidad de un marco moderno que reduzca litigiosidad y mejore la competitividad.

Compartimos el espíritu de modernizar hacia un marco normativo que promueva el empleo formal, reduzca la litigiosidad y contribuya a mejorar la competitividad de los sectores productivos”, expresaron desde la Coordinadora de Industrias de Productos Alimenticios 

Menos impuestos, más producción: nace la nueva Argentina de la inversión

El RIMI no es una medida aislada: es la expresión concreta de un cambio de era. Con este régimen, el Gobierno de Javier Milei plantea una ruptura frontal con el modelo económico que predominó durante los años del kirchnerismo, encabezado por Cristina Fernández de Kirchner.

Durante más de una década, la Argentina convivió con una presión impositiva récord, regulaciones crecientes, cepos, controles y un Estado que expandía su gasto mientras asfixiaba al sector privado. La consecuencia fue clara: caída de la inversión, pérdida de competitividad, cierre de empresas, fuga de capitales y un ahorro castigado por la inflación y la inestabilidad.

El RIMI simboliza lo contrario. Representa la nueva Argentina que decide bajar impuestos para que producir vuelva a ser negocio, que entiende que sin inversión no hay empleo y que sin reglas claras no hay desarrollo sostenible. En lugar de castigar al que invierte, el nuevo esquema lo incentiva. En lugar de aumentar tributos para sostener un Estado sobredimensionado, apuesta a que el crecimiento venga del sector productivo.

El mensaje es directo y sin ambigüedades: el país deja atrás el modelo de más impuestos y más intervención que, según la crítica oficial, debilitó la industria y erosionó el ahorro, y avanza hacia un sistema donde la inversión privada es el motor central del crecimiento.

Con el RIMI, la Argentina busca recuperar competitividad, atraer capital, modernizar su estructura productiva y generar empleo formal genuino. No se trata solo de una reforma fiscal; se trata de un cambio de paradigma económico que redefine el rol del Estado y coloca a la inversión en el centro de la estrategia de desarrollo nacional.

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Julián Sayago
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