Ciudad de Santa Fe: el conglomerado Fortress enfrenta pasivos por $4.600 millones y una investigación en curso

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El grupo Fortress no es solamente una cadena de gimnasios tradicionales en la ciudad de Santa Fe. En realidad se trata de un conglomerado empresarial diseñado para captar múltiples segmentos de consumo de alto poder adquisitivo vinculados al estilo de vida, la salud integral, la gastronomía premium y la recreación comercial.

Ese esquema de expansión acelerada terminó derivando en una crisis financiera de gran magnitud. La empresa enfrenta hoy una falta de liquidez que ronda los $4.600 millones, luego de que distintas entidades bancarias comenzaran a rechazar cheques de pago diferido a 30, 60 y 90 días, muchos de los cuales habían sido endosados previamente para cancelar obligaciones comerciales.

Un ecosistema de negocios diseñado para capturar al cliente

La estrategia del grupo se basa en una red de servicios integrados horizontal y verticalmente que buscan retroalimentarse entre sí para mantener al consumidor dentro del propio ecosistema comercial.

Según documentación institucional del propio grupo, el universo Fortress abarca un abanico de actividades poco habitual para una empresa de origen deportivo:

Fortress (fitness premium): gimnasios de gran escala ubicados estratégicamente en Santa Fe, orientados al bienestar integral y a la atención personalizada.
Krafit (entrenamiento especializado): segmento enfocado en metodologías de entrenamiento de alta intensidad y nichos específicos de acondicionamiento físico.
Valhalla: espacio de formación física integral que combina fuerza, resistencia, gimnasia deportiva y levantamiento de pesas no convencional.
Wasabi (gastronomía de lujo): incursión del grupo en la gastronomía premium, especialmente en el nicho del sushi y la cocina oriental.
Roki Roll (gastronomía y entretenimiento infantil): segunda marca gastronómica del holding, probablemente orientada a un modelo de consumo más dinámico o de ticket promedio menor.
Flexinfood (nutrición y suplementación): unidad dedicada a la comercialización de alimentación saludable, viandas y suplementación deportiva.

La lógica del modelo es clara: cerrar el círculo de consumo. El cliente entrena en el gimnasio, consume suplementos, compra viandas saludables y eventualmente también participa de la oferta gastronómica del propio grupo.

La narrativa empresarial resume ese concepto en una frase: “cada marca contribuye a un propósito mayor: potenciar el bienestar integral de quienes nos eligen”.

Pero mantener un ecosistema tan amplio requiere un flujo de caja constante y robusto. En términos simples: plata, mucha plata.

El riesgo de la sobreexpansión

La incorporación de unidades gastronómicas premium como el restaurante Wasabi, en un contexto económico argentino de alta volatilidad, suele ser un indicador claro de sobreinversión.

Este tipo de emprendimientos rara vez se sostiene únicamente por su rentabilidad orgánica. Requieren inyección permanente de capital para cubrir:

  • alquileres en zonas de alto valor por metro cuadrado
  • logística de cadena de frío
  • importación de insumos
  • contratación de personal altamente especializado

Cuando la estructura central de ingresos —las membresías de los gimnasios Fortress y Valhalla— comienza a experimentar problemas de liquidez, el impacto se transmite de inmediato a las unidades satélite del grupo.

Es entonces cuando se produce el fenómeno clásico de implosión por sobreexpansión no financiada orgánicamente, que ayuda a explicar la actual crisis de cheques rechazados y la virtual cesación de pagos.

Un entramado de sociedades para dispersar responsabilidades

El Grupo Fortress no opera bajo una única empresa matriz claramente identificable. En cambio, funciona a través de una red de Sociedades de Responsabilidad Limitada (SRL) que han sufrido diversas modificaciones estatutarias y de capital en los últimos años.

Este tipo de fragmentación jurídica suele utilizarse para:

  • atomizar el riesgo legal
  • dificultar el rastreo de fondos
  • proteger el patrimonio personal de los inversores reales

Un acta societaria del 20 de diciembre de 2019 detalla la estructura de capital de una de las empresas centrales del grupo.

La distribución de cuotas sociales quedó conformada de la siguiente manera:

Manuel Alberto Salva, arquitecto nacido en 1978, concentró 2.816 cuotas sociales y fue designado socio gerente.
María Gimena Salva y María Florencia Salva suscribieron 2.816 cuotas cada una, manteniendo el control familiar del capital.
Mauro Luis María Aranda participó con 1.252 cuotas sociales.
Mauro Facundo Magrán integró el capital con 300 cuotas.
Casto María Cecilia fue designada gerente suplente.

El contrato social estableció que los gerentes podrían actuar de manera individual e indistinta, con plenas facultades administrativas y representación legal de la empresa.

Cambios societarios y antecedentes empresariales

En septiembre de 2019, otra sociedad vinculada al conglomerado realizó modificaciones en su estructura directiva.

Durante una asamblea ordinaria registrada ante el Registro Público de Santa Fe se aceptó la renuncia del socio gerente Daniel Alberto Bianchi, y se designó un nuevo directorio presidido por Juan Ignacio Masso.

Además, se incorporó como socio gerente Gerardo Humberto Ramaccioni, ampliando el esquema de conducción del grupo.

Los antecedentes comerciales de algunos de los protagonistas revelan una fuerte tendencia a la creación de sociedades múltiples.

Por ejemplo, registros de abril de 2017 muestran que Manuel Alberto Salva ya había actuado como socio gerente de la firma Dúplex Rosario S.R.L., junto a Matías Jesús Ragusa.

La limitación de responsabilidad

Los nombres mencionados constituyen los titulares formales ante la Inspección General de Personas Jurídicas.

Sin embargo, ninguno de ellos posee patrimonio personal suficiente para responder frente a obligaciones que hoy superan los $4.600 millones.

La estructura legal de las SRL limita la responsabilidad de los socios al capital aportado, lo que protege sus bienes personales.

No obstante, si en el proceso judicial se comprobara la existencia de mandatos ocultos, fideicomisos encubiertos o testaferros, podría aplicarse una figura excepcional del derecho societario: el levantamiento del velo societario, que habilita a los acreedores a perseguir el patrimonio de los verdaderos beneficiarios económicos.

El detonante: cheques rechazados

El instrumento financiero que terminó desencadenando la crisis fue el uso masivo de cheques de pago diferido.

Según reclamos documentados por acreedores, la administración del grupo utilizó estos valores para cancelar obligaciones comerciales acumuladas. Pero al momento de presentarlos al cobro, los bancos comenzaron a rechazarlos sistemáticamente por falta de fondos.

La crisis llegó a la calle

El jueves 5 de marzo de 2026, la situación financiera del grupo dejó de ser un problema exclusivamente bancario.

Ese día, trabajadores de las empresas tercerizadas Cleaning Up (limpieza) y Safe Up (seguridad privada) realizaron una manifestación pacífica frente a las instalaciones del gimnasio Fortress en la ciudad de Santa Fe.

Pero el default no se limita a contratistas externos.

Las denuncias incluyen:

Atrasos salariales internos
Se registran atrasos severos en los pagos a entrenadores, preparadores físicos, nutricionistas, personal administrativo, recepcionistas y chefs de los locales gastronómicos.

Deudas con proveedores
Proveedores de insumos y bienes físicos denuncian incumplimientos generalizados, lo que impacta especialmente en el restaurante Wasabi, donde el flujo de materia prima perecedera es crítico.

Deuda inmobiliaria
El grupo también acumula deudas millonarias en alquileres. Los gimnasios Fortress y Valhalla requieren superficies comerciales de gran tamaño en zonas premium, lo que implica cánones locativos elevados.

Algunos propietarios ya advirtieron formalmente que las deudas acumuladas ponen en riesgo la continuidad de los contratos de alquiler, lo que podría derivar en desalojos judiciales.

Los verdaderos financistas

Detrás del entramado de sociedades aparecen tres pilares de poder que, según distintas versiones del sector empresario local, habrían financiado el crecimiento del grupo:

  1. Empresarios locales de fachada, que aportan el know-how operativo y prestan sus nombres para constituir las sociedades.
  2. Referentes del mundo del fútbol, vinculados a la industria deportiva y a circuitos de inversión informal.
  3. Dirigentes gremiales, presuntamente involucrados como inversores o financistas en las sombras.

Si esta última hipótesis se confirmara, el caso Fortress dejaría de ser un simple fracaso empresarial para convertirse en un escándalo político y sindical de gran escala en la provincia de Santa Fe.

Cristian Almada
Cristian Almada
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