Fitch Rating elevó la clasificación crediticia argentina y bajó el riesgo país, pero ¿debería estar más bajo?
La mejora de la calificación argentina reabre una discusión clave: si los fundamentos actuales muestran superávit, crecimiento y acumulación de reservas, ¿por qué el riesgo país sigue tan alto frente al resto de la región?
El día 6 del corriente mes de mayo, Fitch Rating mejoró la clasificación crediticia argentina pasando de CCC- a B- gracias a las mejoras estructurales y la acumulación de reservas —donde ya se acumuló el 70% de la meta trazada para 2026—. Esta mejora es clave para Argentina ya que significa que se acerca a la calificación B que tenía en 2016, durante la gestión de Mauricio Macri. Lo que implica que la deja mejor posicionada para volver a emitir deuda en los mercados globales.
Cabe preguntarse, en comparación con la región, ¿debería el riesgo país estar más abajo del actual de 530 pts básicos? La respuesta corta es sí, pero para entender el análisis que proponemos es necesario establecer una definiciones y qué toma en cuenta el índice a la hora de establecer una calificación.
El riesgo país mide la tasa de interés adicional que paga un país en relación a la tasa de referencia internacional —la de Estados Unidos por considerarse libre de riesgo—. Un inversor que compra bonos argentinos asume más riesgo que uno que compra bonos estadounidenses, y naturalmente exige una compensación mayor por ese riesgo adicional.
Ese diferencial de tasa, que es el sobrecosto que paga un país respecto de EE.UU., considerado el emisor más seguro del mundo, es lo que se conoce como riesgo país. Se mide a través del EMBI (Emerging Markets Bond Index, o Índice de Bonos de Mercados Emergentes), elaborado por JPMorgan Chase y expresado en puntos básicos.
100 puntos básicos equivalen a 1 punto porcentual adicional de tasa. Un riesgo país de 530 puntos significa que Argentina paga 5,3 puntos más que Estados Unidos para financiarse.
Un ejemplo sencillo: si el bono del Tesoro estadounidense a 10 años rinde 4,5% anual y el riesgo país de Argentina es de 530 puntos básicos, los bonos argentinos deben ofrecer aproximadamente un 10% anual para encontrar compradores.
¿Cómo se calcula?
No es un valor abstracto ni se pone a dedo ni tampoco es una clasificación estática, el EMBI fluctúa diariamente mirando una serie de factores —condiciones externas e internas del país que se desee medir— denominados fundamentals: los pilares macroeconómicos que determinan si un gobierno puede y quiere honrar sus compromisos.
Son, en esencia, cinco:
- Situación fiscal: ingresos, gastos y resultado: sin dudas, el más observado. Si los ingresos de un país son superiores a sus egresos es un claro indicador de que está en condiciones de pagar su deuda sin tener que endeudarse más. Un déficit crónico, en cambio, implica dependencia del financiamiento externo y mayor vulnerabilidad ante cambios en las condiciones de mercado. Se distingue además entre el balance primario —antes de pagar intereses— y el resultado financiero o global, que los incluye. Cuando un país tiene superávit primario pero paga tantos intereses que igual termina en déficit, la situación fiscal es frágil aunque el esfuerzo presupuestario sea real.
- Nivel y composición de la deuda pública: que no es otra cosa que la deuda en términos del PBI. Mide cuánto debe un Estado en relación al tamaño de su economía. Un número alto no es por sí solo un problema —Japón supera el 250% y financia a tasas ínfimas— pero sí lo es cuando la deuda es en moneda extranjera, de corto plazo o está concentrada en pocos acreedores. Los mercados también monitorean el perfil de vencimientos: una “muralla de vencimientos” en el corto plazo genera presión de refinanciamiento que puede desencadenar una crisis aunque el país sea solvente en el largo plazo.
- Crecimiento económico: el producto bruto interno no solo mide el bienestar de la economía sino también la capacidad de repago. Una economía que crece genera más recursos fiscales, reduce el ratio deuda/PIB por la denominación, atrae inversión y mejora las expectativas de largo plazo. Del otro extremo una economía estancada o en recesión drena recursos constantemente lo que genera que caiga la recaudación entre en déficit y la deuda se vuelve una carga cada vez más pesada en términos relativos.
- Inflación y política monetaria: inflación excesivamente alta es una clara señal de desequilibrios macroeconómicos. Si bien para los inversores no es un punto importante sí tiene su correlato en el tipo de cambio y déficit fiscal monetizado —financiado con emisión monetaria— que termina afectando el crédito.
- Reservas internacionales y sector externo: las reservas del Banco Central son el colchón que permite honrar compromisos externos cuando los mercados se cierran. Una posición de reservas sólida reduce el riesgo de una crisis de liquidez; una posición negativa o muy baja es una señal de alerta de primer orden. El balance de cuenta corriente —relación entre exportaciones e importaciones de bienes, servicios y rentas— también es relevante: un déficit externo sostenido requiere financiamiento del exterior y aumenta la dependencia de los mercados de capital.
Argentina frente a la región
Aclarados los tantos, ya podemos pasar a hacer una comparación con la región:
País |
EMBI pts |
Bal. Fiscal % PIB |
Deuda % PIB |
Crec. PIB 2025 |
Inflación anual |
Rating |
EMBI implícito |
|---|---|---|---|---|---|---|---|
🇺🇾 Uruguay |
62 |
+0,1% |
60% |
3,2% |
5,1% |
BBB+ |
~100 pts |
🇨🇱 Chile |
83 |
-2,0% sup. prim. +1,3% |
40% |
2,4% |
4,2% |
A- |
~110 pts |
🇵🇪 Perú |
126 |
-1,0% |
33% |
3,0% |
2,5% |
BBB |
~80 pts |
🇧🇷 Brasil |
174 |
-7,9% |
87,3% |
2,0% |
5,8% |
BB- |
~370 pts |
🇨🇴 Colombia |
266 |
-4,5% |
55% |
2,5% |
5,0% |
Baa3 |
~260 pts |
🇪🇨 Ecuador |
400 |
-2,5% |
58% |
1,8% |
3,0% |
B- |
~380 pts |
🇦🇷 Argentina |
~530 |
+1,6% |
~58% |
5,5% |
~30% |
CCC+ |
~240 pts |
De la simple lectura del cuadro, en la segunda columna, vemos como Brasil —la mayor economía de la región— presenta un déficit fiscal de casi 8 puntos del PBI y paga considerablemente menos que Argentina en términos de deuda; los demás países del cuadro —salvo Uruguay— presentan déficit en sus cuentas públicas y sin embargo pagan menos de interés que el país en su deuda. La última columna del cuadro muestra un EMBI implícito, es decir, dónde deberían o podrían estar.
Argentina presenta el único superávit financiero pleno de la región —junto con Nicaragua— con un saldo primario de 1,6% del PIB según las metas acordadas con el FMI. La economía creció 5,5% en 2025, el ritmo más alto entre las principales economías latinoamericanas. Y la deuda se encuentra en torno al 58% del PIB, comparable a la de Chile y significativamente inferior a la de Brasil.
Cabe preguntarse, con esos números, ¿cómo se explica que Argentina tenga un riesgo país de 530 puntos —más del triple que Brasil y seis veces el de Chile?
Acá es donde entra a jugar nuestra vieja reputación: el país cuenta con 9 defaults en su haber —el último en 2020 bajo la presidencia de Alberto Fernández—. El EMBI no es solo una fotografía del presente: es también una evaluación de la trayectoria histórica, la coherencia institucional y la probabilidad de que las políticas actuales se mantengan en el tiempo.
Ahora, si nos basamos exclusivamente en el presente bajo estos fundamentals —balance fiscal, nivel de deuda, crecimiento del PIB e inflación— Argentina presenta un EMBI implícito cercano a los 200-280 pts básicos. La compresión del riesgo país no es un evento: es un proceso. Cada mes de superávit, cada punto de inflación que baja y cada dólar de reservas acumulado cotiza a la baja en el spread.
El riesgo país es, en última instancia, el precio de la confianza. Y la confianza no se gana con una foto sino con una película. El país ha mostrado en 2024-25 un cambio macroeconómico de fondo que los fundamentos reflejan con claridad: superávit fiscal, crecimiento robusto y deuda en niveles manejables. Sin embargo, el mercado exige ver esa película durante más tiempo antes de otorgar una calificación en línea con esos números.
El riesgo país de 530 puntos no es justo en términos estrictamente fundamentales; pero tampoco es del todo injusto si se incorpora el historial de una economía que ha defaulteado nueve veces en su historia moderna.
