Pullaro, Enrico y Puccini : la voracidad fiscal que destruye el empleo y progreso de Santa Fe
Pullaro y su tropa no se resistieron a no tocar los impuestos, vieron la oportunidad de tocar el bolsillo a los trabajadores en el récord de cosecha y la tomaron.
Hace menos de 2 meses, el gobernador anunciaba una baja de impuestos en la megaferia del agro:
«Venimos a mostrar a las empresas santafesinas la baja de impuestos más importantes en los últimos años. Queremos una provincia productiva» «baja de impuestos a los que producen y a los que trabajan» Afirmaba.

Paradójicamente, en medio de un ingreso récord de camiones por la cosecha gruesa, el gobierno de Santa Fe decidió avanzar con un nuevo esquema de cobro al transporte de granos que vuelve a encender la polémica en el corazón productivo del Gran Rosario.
La medida plantea aplicar US$1,5 por tonelada a cada camión que ingrese a los puertos, con el mismo argumento que utilizaron como excusa al tomar múltiples deudas internacionales: financiar obras de infraestructura. Sin embargo, desde el sector productivo la lectura es otra: más costos en un sistema ya asfixiado por cargas acumuladas.
Un nuevo cargo que «reemplaza» … pero encarece
El esquema oficial propone reemplazar tasas municipales por un sistema centralizado:
- US$0,40 quedarían en manos de municipios
- US$1,10 irían a un fideicomiso provincial
- Los puertos, además, deberán sumar un aporte extra por tonelada
Lejos de representar un alivio, el nuevo valor supera todas las tasas actuales, que ya eran cuestionadas por su escasa traducción en mejoras reales sobre rutas y accesos.
Nuevamente la promesa de obras, bajo sospecha
El gobierno provincial asegura que el objetivo es sostener una inversión de US$400 millones para mejorar la infraestructura vial, pero este es el mismo relato que se viene sosteniendo desde que asumieron, lo único que crece es la deuda tomada que terminarán pagando los gobiernos futuros y la desconfianza no es nueva: ya hay antecedentes de fondos específicos que no se reflejan nunca en obras concretas y siguen pesando.
El fideicomiso aparece como la herramienta elegida, la historia argentina ya demostró que esto no es confiable y para muchos actores del sector es sinónimo de burocracia, demoras y falta de resultados visibles.
Más presión y más obstáculos al progreso
La decisión llega, además, justo cuando el sistema logístico está al límite, con miles de camiones colapsando rutas hacia los puertos. En ese contexto, la respuesta oficial no apunta a aliviar la carga, sino a sumar un nuevo costo directo sobre cada tonelada transportada.
Donde los santafesinos vieron felicidad por ver el récord de cosecha que hacía años no se veía, el gobierno provincial vió una entrada para meterle la mano en el bolsillo al trabajador.
Transportistas y productores advierten que esto terminará impactando en toda la cadena, afectando la competitividad de uno de los principales polos exportadores del país.
Discurso vs. realidad
Mientras Pullaro sale a mentir totalmente hablando de ordenar, transparentar y hasta de bajar impuestos, en la práctica los manejos del gobernador es totalmente opuesto a su relato. La medida es leída como una nueva vuelta de tuerca sobre la presión fiscal.
Números que no cierran
El esquema de financiamiento provincial se sostiene casi 100% de toma de deudas y todas éstas deudas se tomaron bajo el mismo argumento «financiar infraestructura» :
- 150 millones de dólares de CAF para infraestructura
- 75 millones de dólares adicionales de CAF para los Juegos Suramericanos
- 50 millones de euros de la Agencia Francesa de Desarrollo
- 25 millones del fondo OPEP (OFID)
- 300 millones en emisión de títulos públicos
- 1.000 millones de dólares nuevos créditos
- 800 millones de dólares en bono
A esto se suman gestiones para nuevos créditos y emisiones consolidando un rumbo que multiplica la exposición externa de la provincia. Así fue como Santa Fe triplicó su nivel de endeudamiento, con compromisos a largo plazo, tasas cercanas al 6% y pagos que se extenderán por décadas.
Entonces es inevitable preguntarse… ¿Dónde va toda esta deuda tomada? ¿Quién paga la infraestructura y hasta dónde puede seguir cargándose el costo sobre el sector productivo?
