Trump fulminó al demonio islámico de África: Abu-Bilal, el carnicero de cristianos ya no existe

Trump no negoció con ONGs ni pidió permiso a la ONU: mandó a matar a Abu-Bilal, el número dos de ISIS y carnicero de cristianos en África. Mientras Europa pide diálogo interreligioso, Estados Unidos devuelve el fuego. La masacre de Mafa y cientos de iglesias quemadas en Nigeria ya tienen un responsable menos. Justicia, no excusas.

Abu-Bilal Trump

Donald Trump hizo lo que los progresistas de Occidente no se atreven ni a pensar: mandó a matar. Y no a cualquier objetivo. A Abu-Bilal al-Minuki, el número dos de ISIS a nivel global, el terrorista más activo del planeta, el hombre que convertía el centro y oeste de África en un cementerio de cristianos. La operación conjunta de fuerzas estadounidenses y nigerianas —un golpe quirúrgico de tres horas en la cuenca del Lago Chad— acabó con su vida y con la de toda su escoria el sábado pasado. No hubo negociaciones, no hubo «procesos de paz», no hubo ONGs internacionales pidiendo diálogo. Hubo fuego, precisión y justicia.

El carnicero de cristianos

Abu-Bilal no era un teórico de la yihad encerrado en una cueva. Era el director de operaciones globales de ISIS, el hombre que planificaba ataques, dirigía secuestros masivos y manejaba las finanzas del terrorismo islámico en todo el mundo. Pero su especialidad, su obsesión, era África. Y en África, su blanco preferido eran los cristianos.

En Nigeria, país donde nació en 1982 y donde levantó su base de operaciones, Abu-Bilal coordinó una campaña sistemática de exterminio contra comunidades cristianas en el norte del país. Aldeas enteras quemadas, iglesias dinamitadas, mujeres y niños secuestrados y vendidos como esclavos sexuales. La masacre del pueblo de Mafa en septiembre de 2024 —donde yihadistas afiliados a su red asesinaron a más de 130 civiles inocentes— lleva su firma intelectual. No fue un hecho aislado: fue parte de un patrón de terror que se repitió una y otra vez en la región del Sahel.

En Burkina Faso, Malí y Níger, las filiales de ISIS bajo su mando no distinguen entre objetivos militares y civiles. Allí, el terrorismo islámico avanza con una consigna clara: convertir o morir. Sacerdotes degollados ante sus altares, fieles masacrados tras las puertas de sus templos, cristianos forzados a abandonar tierras que habitan desde hace siglos. Abu-Bilal no solo aprobaba estas atrocidades: las financiaba, las planificaba y las celebraba como triunfos de la «guerra santa».

La diferencia entre Trump y el progresismo europeo

Mientras los líderes europeos —esos mismos que abren sus fronteras a millones de inmigrantes sin control y luego se sorprenden cuando explotan atentados en sus calles— seguían llamando al «diálogo interreligioso», Trump actuó. En noviembre pasado, el Presidente le ordenó al Departamento de Guerra que protegiera a los cristianos de Nigeria. «Durante meses, cazamos a este líder de ISIS que estaba matando cristianos, y lo matamos —a él y a toda su pandilla», declaró el Secretario de Guerra Pete Hegseth. No hay eufemismos, no hay excusas multiculturales. Hay un mensaje cristalino: quien toque a un cristiano, toca a Estados Unidos.

Esto es lo que los progresistas no entienden: el terrorismo islámico no se combate con subsidios a la «cohesión social» ni con charlas de diversidad en universidades. Se combate con drones, con inteligencia militar y con la determinación de no dejar ni un solo terrorista de alto rango con vida. Trump lo demostró contra el régimen de los ayatolás en Irán, lo demostró contra los jefes de Hamas, y ahora lo demostró en el corazón de África.

El mensaje para los sobrevivientes

Abu-Bilal creía que podía esconderse en el continente africano, usando la vastedad del desierto y la corrupción de algunos gobiernos locales como escudo. Trump le demostró que no hay rincón lo suficientemente remoto. La operación no tuvo bajas estadounidenses, no hubo daños colaterales masivos, no hubo excusas para los enemigos de Occidente. Fue letal, fue limpia, fue ejemplar.

Para los cristianos de Nigeria, de Burkina Faso, de Malí y de todo el Sahel, la muerte de Abu-Bilal no devuelve a los muertos. Pero sí les devuelve algo que el mundo occidental les había negado durante años: la certeza de que alguien, finalmente, pelea por ellos. No la ONU, no la Unión Europea, no los obispos progresistas que condenan más a Israel que a los verdugos islámicos. Estados Unidos, bajo el mando de un líder que no le teme a la palabra «enemigo», hizo el trabajo.

La posta

ISIS sigue existiendo, claro. Como las cucarachas, siempre queda alguna viva. Pero sin su número dos, sin su cerebro operativo, sin el hombre que convertía el terror en negocio y la fe cristiana en blanco legitimo, la red global está mutilada. Trump no prometió proteger a los cristianos del mundo con palabras: lo hizo con un misil guiado por láser en medio de la noche africana. Esa es la diferencia entre un líder y un político de cartón. Mientras los progresistas siguen discutiendo si llamar «terrorista» a un terrorista es políticamente correcto, los cristianos de África respiran —por primera vez en años— un poco más libres.

ChatGPT Image 6 may 2026, 22_34_47
Martín Tomassini
Web |  + posts
Compartí esta noticia

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *