El riesgo país se desploma y el mercado le da otro guiño al plan motosierra

Riesgo Pais

El riesgo país argentino volvió a caer con fuerza y se acercó a la zona de los 450 puntos básicos, en otra señal de respaldo del mercado al programa económico del Gobierno. La mejora llega después de una nueva suba en la calificación de la deuda soberana y en medio de una recuperación sostenida de los bonos argentinos en dólares.

El indicador elaborado por JP Morgan, que mide la sobretasa que debe pagar la Argentina respecto de los bonos del Tesoro de Estados Unidos, volvió a comprimir y quedó cerca de sus niveles más bajos de los últimos años. Para un país que durante décadas convivió con default, cepos, emisión descontrolada y desconfianza crónica, la baja representa mucho más que un dato financiero: es una señal de que el mercado empieza a mirar a la Argentina con otros ojos.

La reacción positiva se explica, principalmente, por la mejora en la calificación de la deuda argentina y por el avance de los títulos públicos en el exterior. Los bonos soberanos volvieron a operar con subas, lo que empujó hacia abajo el riesgo país y abrió una nueva discusión sobre la posibilidad de que el país recupere, más temprano que tarde, acceso al financiamiento internacional en mejores condiciones.

La calificadora Fitch ya había elevado la nota de Argentina a “B-” con perspectiva estable, al destacar mejoras en los balances fiscal y externo, avances en reformas económicas y mejores perspectivas de acumulación de reservas. En el lenguaje del mercado, eso significa que el país sigue siendo riesgoso, pero cada vez menos inviable.

El contraste con la Argentina heredada es evidente. El país pasó de ser visto como un deudor serial, atrapado en controles, déficit y emisión, a mostrar señales de orden fiscal, menor inflación, recuperación de activos y recomposición parcial de la confianza. La motosierra, tan cuestionada por la política tradicional, empieza a tener traducción en los precios de mercado.

La baja del riesgo país también tiene impacto concreto sobre la economía real. Cuanto menor es ese indicador, más barato puede resultar el financiamiento para el Estado, las provincias, las empresas y los bancos. En otras palabras: menos desconfianza significa mejores condiciones para invertir, tomar crédito, refinanciar deuda y ampliar proyectos productivos.

El Gobierno, de todos modos, mantiene cautela. El ministro de Economía, Luis Caputo, viene señalando que la Argentina todavía no tiene apuro por volver al mercado internacional de deuda y que el objetivo es seguir bajando el riesgo antes de evaluar una eventual emisión. La prioridad oficial pasa por consolidar el superávit fiscal, acumular reservas y sostener la normalización macroeconómica.

Esa prudencia tiene lógica. Aunque el descenso del riesgo país marca una mejora contundente, la Argentina todavía arrastra los costos de años de irresponsabilidad fiscal y destrucción de credibilidad. El país sigue lejos de los niveles que tienen economías normales de la región, pero la tendencia ya dejó de ser una promesa y empezó a verse en los números.

Para los inversores, el mensaje es claro: el equilibrio fiscal importa. La decisión de cortar el gasto improductivo, ordenar las cuentas públicas y dejar de financiar el déficit con emisión cambió el mapa de expectativas. Durante años, la política argentina creyó que podía gastar sin consecuencias. El mercado, ahora, está premiando exactamente lo contrario.

El movimiento también fortalece a los activos locales. Las acciones argentinas, los bonos globales y los títulos bajo ley extranjera vienen mostrando mayor demanda en un escenario donde los fondos internacionales vuelven a observar oportunidades en el país. El interés por la deuda argentina responde a precios todavía atractivos, pero también a una lectura más favorable sobre la capacidad de pago futura.

La discusión que se abre hacia adelante es si esta mejora será suficiente para reabrir definitivamente la puerta del crédito internacional. Para eso, los analistas señalan que todavía será necesario seguir acumulando reservas, sostener el superávit y reducir la incertidumbre política. Pero el mercado ya empezó a descontar que el país está en una etapa distinta.

La oposición, que durante meses pronosticó una crisis terminal, se encuentra ahora con un dato incómodo: el mismo mundo financiero que le soltó la mano a la Argentina populista empieza a premiar el ajuste, la disciplina y el orden. La baja del riesgo país no resuelve todos los problemas, pero desmonta el relato de que el rumbo económico sólo generaba desconfianza.

La Argentina todavía tiene enormes desafíos por delante. Necesita bajar más la inflación, fortalecer el Banco Central, recuperar crédito privado, sostener la actividad y consolidar reformas estructurales. Pero la caída del riesgo país muestra que el punto de partida cambió: el país vuelve a ser mirado como una oportunidad y no sólo como una advertencia.

La baja hacia la zona de los 450 puntos básicos marca otro hito para el programa económico. Después de años de castigo financiero, la Argentina empieza a recuperar algo que había perdido por culpa de la casta política: confianza. Y en los mercados, como en la vida, la confianza no se declama. Se gana con orden, resultados y cuentas claras.

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Patricio De Gaetano
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