La gran paradoja bonaerense: asfixia al sector privado para sostener una deuda monstruosa
La Provincia sostiene una deuda multimillonaria con una presión fiscal récord sobre productores, comerciantes y pymes. El modelo bonaerense no muestra solidez: sobrevive exprimiendo al sector privado.
Muchas veces las finanzas subnacionales suelen quedar relegadas a un segundo nivel de prioridades cuando se habla de los compromisos que debe afrontar el Estado. Casi siempre se leen en los medios los vencimientos que enfrenta la Nación con organismos como el FMI, el BID u otros acreedores internacionales. Pero, ¿qué ocurre con las deudas provinciales?
Para entender qué provincias están en una situación crítica y, en particular, cómo la Provincia de Buenos Aires logra tolerar una deuda que sería insostenible para cualquier mortal, hay que recurrir a los datos.
La primera fuente oficial a la que podemos acudir es la DNAP —Dirección Nacional de Asuntos Provinciales— y el Consejo Federal de Responsabilidad Fiscal. Estos organismos elaboran sus informes técnicos a partir de variables estándar del esquema ahorro-inversión-financiamiento:
- Stock total de deuda consolidada: suma de todos los pasivos o compromisos, como títulos públicos colocados en mercados locales o internacionales, letras del Tesoro de corto plazo y préstamos bilaterales.
- Composición por moneda: qué porcentaje de los compromisos está denominado en moneda dura —dólares u otra divisa extranjera—, lo que expone la caja provincial ante movimientos del tipo de cambio.
- Acreedores institucionales: deudas con el Gobierno nacional, fondos fiduciarios de desarrollo provincial y organismos internacionales de crédito como BID, CAF o Banco Mundial.
- Déficit financiero y gasto corriente: peso de los gastos fijos para el funcionamiento del Estado, principalmente empleo público y prestaciones previsionales, sobre los recursos disponibles.
- Pasivo corriente y deuda flotante: obligaciones no financieras inmediatas, incluyendo deudas con proveedores del Estado y atrasos con organismos previsionales o con obras sociales provinciales, como IOMA o IAPOS.
Si tomamos solamente estos parámetros, que son los que utiliza la DNAP para sus informes técnicos, el ranking de las cinco provincias más expuestas quedaría conformado de la siguiente manera:
- Neuquén —entre u$s950 millones y u$s1.100 millones—: lidera la deuda per cápita. Además, el pasivo denominado en moneda dura es peligrosamente alto en relación con sus ingresos, cerca del 80%. Sin embargo, cuenta con el colchón de las regalías de Vaca Muerta.
- Chubut —entre u$s650 millones y u$s750 millones—: presenta deudas por bonos, en su mayoría garantizados por ley extranjera. Vive prácticamente al límite y, al igual que Neuquén, depende del precio del crudo para rescatar sus cuentas públicas. Ante un shock externo negativo, la provincia podría quedar al borde de la cesación de pagos.
- La Rioja —entre u$s300 millones y u$s330 millones—: con el “bono verde” defaulteado, demostró que vivir de la asistencia nacional sin generar recursos genuinos termina considerablemente mal.
- Provincia de Buenos Aires —entre u$s7.200 millones y u$s7.500 millones—: si miramos el ranking, ninguna de las provincias anteriores supera los u$s1.000 millones de deuda consolidada. Lo de PBA es monstruoso: debe el 52,7% de toda la deuda provincial del país. Es decir, de cada $100 de deuda del total de las provincias, Buenos Aires debe $52,7. Su deuda global, sumando pesos, roza los u$s11.000 millones.
- Chaco/Tierra del Fuego —entre u$s450 millones y u$s480 millones—: empate entre una provincia del norte y una del sur, ambas vulnerables por la extrema rigidez de su gasto corriente. Casi toda la plata que recaudan termina en sueldos del empleo público.
Ahora bien, si se decidiera tomar otros parámetros para una medición más honesta en términos económicos, y se observaran solamente los ingresos por recaudación de impuestos provinciales, sin contar asistencia nacional, regalías o rentas por recursos naturales, aparece una paradoja.
Al destruir el denominador de las provincias dependientes de la coparticipación nacional o de las regalías petroleras, sus ratios de deuda se vuelven prácticamente impagables. En cambio, el de Buenos Aires, pese a tener una deuda consolidada superior a los u$s7.000 millones, se modera.
- En La Rioja y el norte argentino, el ratio deuda/impuestos locales puros oscila entre 250% y 300%. Sin coparticipación nacional, directamente no tienen razón de ser: su recaudación propia por tributos provinciales prácticamente no alcanza para sostener su estructura.
- En Neuquén y Chubut, el ratio se ubica entre 200% y 250%. Sin regalías de Vaca Muerta o del petróleo, y dependiendo sólo de sus tributos provinciales, su deuda supera ampliamente sus ingresos.
- En Provincia de Buenos Aires, el ratio se ubica entre 110% y 125%. Su deuda total equivale a poco más de un año de su propia recaudación impositiva. Es el ratio más “sólido” entre las provincias endeudadas.
Frente a este último dato, podría caerse en una conclusión errónea: creer que, a pesar de tener una deuda consolidada superior a los u$s7.000 millones, la Provincia de Buenos Aires presenta una gestión económica robusta o eficiente para enfrentar sus compromisos.
Todo lo contrario.
La única razón por la cual el feudo bonaerense puede sostener un stock de deuda gigantesco sin estallar de manera instantánea, como ocurrió con La Rioja, es porque utiliza a ARBA como una verdadera máquina de demolición contra el sector privado de su economía.
PBA no tiene el petróleo de Neuquén ni la coparticipación garantizada del Chaco. De hecho, es la provincia más castigada en relación con ese reparto. Su supuesta “autonomía” para respaldar semejante montaña de deuda consiste en financiarse a costa del sector privado, castigando a productores, comerciantes y pymes de su propio territorio.
La Provincia de Buenos Aires es una de las jurisdicciones con mayor presión impositiva entre los grandes distritos urbanos: succiona el 7,2% del PBG directamente del bolsillo de los privados. Supera ampliamente a distritos comparables como CABA —6,3%—, Córdoba —6,2%— o Santa Fe —5,3%—, gracias a impuestos como Ingresos Brutos, que representa cerca del 80% de la recaudación tributaria provincial.
El Estado bonaerense gasta sistemáticamente por encima del 105% de sus ingresos, genera déficits monstruosos y se endeuda de manera sistémica e irresponsable. Si el mercado o la Justicia todavía no le bajaron la persiana es porque saben que la dirigencia política provincial no dudará en seguir aumentando alícuotas de Ingresos Brutos, anticipando cobros y gravando cada eslabón de la cadena productiva.
El resultado es claro: más presión fiscal, menos actividad privada y un aparato estatal cada vez más caro de sostener.
No hay solidez financiera. Hay confiscación.
La Provincia de Buenos Aires no sostiene su deuda por eficiencia, productividad o austeridad. La sostiene porque exprime al sector que produce, invierte, emplea y paga impuestos.
Ese es el modelo bonaerense: un Estado gigantesco, deficitario e improductivo que sobrevive asfixiando a quienes todavía generan riqueza.
