Ucrania golpea el petróleo ruso y agrava la crisis de combustible del Kremlin

Kiev volvió a atacar objetivos estratégicos en la zona de San Petersburgo y asegura haber dejado fuera de servicio una parte significativa de la capacidad de refinación rusa. Las ofensivas con drones ya provocan colas, racionamiento y problemas de abastecimiento en distintas regiones del país.

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Ucrania volvió a llevar la guerra al corazón energético de Rusia. Nuevos ataques con drones alcanzaron instalaciones vinculadas al sector petrolero en la región de San Petersburgo, en una campaña que busca debilitar la principal fuente de ingresos del régimen de Vladimir Putin y afectar el suministro de combustible utilizado por su maquinaria militar.

Según informó Kiev, las operaciones contra refinerías, terminales y depósitos ya habrían afectado cerca del 43% de la capacidad de refinación rusa, un golpe de alto impacto para una economía que depende de manera decisiva de los ingresos energéticos para sostener la invasión a Ucrania.

El último ataque se produjo sobre instalaciones marítimas de la región de Leningrado. Los drones provocaron un incendio en la terminal petrolera de San Petersburgo y también alcanzaron los muelles de Vysotsk, ubicados a unos 100 kilómetros de la ciudad. El presidente ucraniano Volodímir Zelenski afirmó, además, que las fuerzas de Kiev bombardearon el puerto militar de Kronstadt.

La ofensiva forma parte de una estrategia sostenida: atacar la infraestructura que permite a Rusia financiar y abastecer su guerra. En las últimas semanas, Ucrania también golpeó refinerías cercanas a Moscú, depósitos de combustible y centros logísticos. Uno de los objetivos fue una gran planta de Gazprom Neft situada a unos 15 kilómetros de la capital rusa, clave para el abastecimiento de combustible de Moscú y de sus aeropuertos.

El impacto ya se siente dentro de Rusia. De acuerdo con informes citados por la prensa internacional, la producción total de combustible cayó en junio cerca de 25% respecto del mismo mes de 2025 y también frente a marzo, cuando se intensificaron los ataques ucranianos contra refinerías. La demanda interna ronda las 110.000 toneladas diarias, mientras que la producción disponible se ubicaría en torno a 85.000 toneladas.

La crisis derivó en largas colas en estaciones de servicio, cierres de gasolineras y racionamiento de combustible en más de 30 regiones. En algunas zonas, como la Crimea ocupada, las autoridades restringieron la venta a particulares y priorizaron el abastecimiento de instituciones gubernamentales y militares. En Moscú, algunas estaciones limitan la carga a 20 litros por vehículo.

El problema es especialmente sensible para Putin porque el petróleo no es un sector más: es la columna vertebral financiera del Kremlin. Cada refinería dañada, cada terminal afectada y cada litro de combustible que falta presiona sobre la economía rusa y sobre la capacidad logística del Ejército.

Rusia asegura haber derribado decenas de miles de drones ucranianos durante el primer semestre del año, pero la magnitud de los daños muestra que parte de esos ataques logra superar las defensas aéreas. El Ministerio de Defensa ruso comunicó en varias oportunidades interceptaciones masivas, incluso de cientos de drones en una sola jornada, aunque Kiev sostiene que sus operaciones consiguieron impactar objetivos militares y energéticos estratégicos.

La campaña ucraniana también tiene un mensaje político. Mientras Moscú continúa atacando ciudades, infraestructura eléctrica y objetivos civiles en Ucrania, Kiev busca demostrar que puede responder en territorio ruso y golpear sectores que el Kremlin consideraba relativamente protegidos.

Zelenski defendió esa estrategia al señalar que las armas de largo alcance son parte de la presión necesaria para obligar a Rusia a poner fin a la guerra. Para Ucrania, atacar refinerías no es sólo una acción militar, sino una forma de cortar el flujo de recursos que alimenta la invasión.

El resultado es un cambio en la dinámica del conflicto. Rusia conserva superioridad territorial y poder de fuego, pero Ucrania muestra capacidad para operar lejos de sus fronteras y afectar nodos económicos sensibles. La guerra ya no se libra únicamente en el frente: también se disputa en la energía, la logística, la infraestructura y la estabilidad interna del régimen ruso.

El Kremlin intenta minimizar el impacto, pero la imagen de gasolineras colapsadas, combustible racionado y refinerías incendiadas golpea el relato de fortaleza de Putin. Para un país que se presenta como potencia energética global, tener que importar gasolina y restringir el consumo interno es una señal difícil de ocultar.

Ucrania encontró un punto vulnerable: el petróleo que financia la guerra rusa. Y cada nuevo ataque confirma que Kiev busca trasladar el costo de la invasión al propio territorio del agresor.

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