El valor del “no”: la decisión que marcó el cambio de rumbo de la Argentina
Un análisis sobre la importancia de administrar con responsabilidad los recursos públicos, el costo de décadas de expansión del Estado y el cambio de paradigma impulsado desde 2023 bajo una visión liberal.
Muchas personas administran dinero de otros.
En el sector privado, la remuneración y permanencia de esos gerenciadores depende del resultado, que si no es bueno puede hacer tambalear la institución o empresa a la cual pertenecen, con lo cual también su posibilidad de sustento personal. Por eso, el NO es la palabra más escuchada de boca de los administradores inteligentes cuando se presentan proyectos con necesidad de fondos que no son adecuados económica y financieramente para el objetivo de la organización.
Hay muy buenos ejemplos de ello en Rafaela y el departamento Castellanos, una región de emprendedores que generaron grandes empresas con esos criterios.
Aunque también hay ejemplos de lo contrario, en empresas y, especialmente, en mutuales, cooperativas e instituciones similares que terminaron en algún tipo de cesación de pagos, incluyendo quiebras.
Pero este sistema de premios y castigos propio del mercado libre no se da en el sector público, ya que, por un lado, el ingreso de esos fondos ajenos para administrar no es opcional: es obligatorio para el contribuyente. Y, por el otro, mientras más gastos autoricen, más personas los votarán para seguir administrando, sin tener en cuenta la falta de coherencia de algunos egresos.
Eso llevó al abismo a un país como la Argentina, potencialmente rico, pero dramáticamente pobre, gracias al NO difícil de los políticos de los últimos 90 años.
Ello terminó en 2023 con la llegada del liberalismo a la Casa Rosada y comenzó la era del NO fácil, que es la base del desarrollo.
- NO a los gastos inútiles.
- NO a la pauta publicitaria del Estado en todos sus niveles.
- NO a la corrupción.
- NO al concepto de Estado elefantiásico con la excusa del “Estado presente”.
- NO a los impuestos distorsivos.
En síntesis:
- NO al populismo, fascismo y socialismo.
- NO a los simbolismos de la esclavitud.
Veamos algunos ejemplos argentinos de los últimos tiempos de problemas generados por el NO difícil:
¿Quién generó la hiperinflación de la década del 80? El radicalismo, que hoy es parte de la Internacional Socialista.
¿Quién manoteó los plazos fijos con el Plan Bonex de 1989? El peronismo, que el autor define como la expresión del fascismo en la Argentina.
¿Quién confiscó los depósitos en dólares en 2002? El peronismo.
¿Quién estatizó los aportes privados de las AFJP en 2008? El kirchnerismo, que nunca le dijo NO a la corrupción ni al apoyo de distintas dictaduras en el mundo, incluyendo Irán.
¿Quién no quiere Ficha Limpia? El kirchnerismo, que nunca expulsó de sus filas a quienes el autor considera representantes de “la peor calaña”.
Los responsables de este absoluto absurdo fueron votados en varias oportunidades y, por ello, resulta muy importante la batalla cultural permanente y la participación de personas con conceptos liberales en los esquemas políticos de todos los niveles.
Un Estado pequeño y eficiente, con mínimos impuestos y regulaciones, asegura el desarrollo del país y hace mucho más difícil la corrupción.
Si observamos lo que ocurre en el mundo, otro ejemplo del NO difícil aparece en Europa con el avance del islamismo, fenómeno que —afirma— está generando una decadencia de valores en países que recibieron inmigrantes, pero cuyas autoridades no hacen respetar las leyes con la firmeza necesaria.

Una mujer alemana vestida con símbolos asociados al islamismo representa una contradicción similar a la de un homosexual utilizando una remera con la imagen del Che Guevara, ya que considera que ambos representan sistemas que limitan libertades individuales.
También en aquellos países donde la convivencia está regida por normas inspiradas en el islamismo como religión, las mujeres y las niñas tienen un valor inferior al de los hombres.
Muchas personas aún no advierten esa realidad porque las leyes de sus países todavía protegen al individuo, aunque advierte que en algunas zonas ya existe una creciente influencia de esas concepciones.
La defensa del individuo es la base fundamental de una sociedad que realmente quiera desarrollarse.
Si no se defiende ese principio, concluye el autor, cualquier queja cuando un político decide sobre los derechos individuales llega demasiado tarde, porque las decisiones equivocadas ya fueron tomadas.
