Cuba: colapsó nuevamente el Sistema Eléctrico Nacional y millones de personas quedaron sin servicio
El nuevo apagón masivo volvió a exponer la profunda crisis energética que atraviesa Cuba tras décadas de gestión del régimen castrista, con una infraestructura eléctrica deteriorada y recurrentes colapsos del sistema.
Cuba sufrió este lunes un nuevo colapso total de su Sistema Electroenergético Nacional (SEN), dejando a gran parte de la isla sin suministro eléctrico y profundizando una crisis energética que se ha convertido en una de las principales preocupaciones para la población.
La estatal Unión Eléctrica (UNE) confirmó la desconexión a través de un breve comunicado publicado en sus redes sociales. «Ocurre una desconexión total del Sistema Electroenergético Nacional. Se investigan las causas. Se continuará informando al respecto», informó la empresa, sin brindar mayores precisiones sobre el origen del incidente.
Se trata del séptimo apagón nacional en apenas 18 meses, una cifra que refleja el deterioro de la infraestructura eléctrica cubana y las dificultades que enfrenta el país para sostener el abastecimiento energético.
Lo que llamó la atención de las autoridades fue que, según la propia UNE, no se registraron fallas en las unidades termoeléctricas que permanecían operativas al momento del colapso, por lo que el motivo técnico de la desconexión todavía permanece bajo investigación.
Un sistema al límite
El apagón ocurrió en un contexto extremadamente delicado para el sistema eléctrico cubano. Antes de la caída total, la UNE ya había advertido que para este lunes se esperaba un déficit de generación de entre 2.200 y 2.230 megavatios, mientras que la disponibilidad apenas alcanzaba los 1.000 MW frente a una demanda cercana a los 3.100 MW.
El domingo anterior, el déficit había alcanzado los 2.201 MW, uno de los niveles más elevados registrados en los últimos meses, anticipando una jornada con severas afectaciones al servicio.
La crisis energética que atraviesa Cuba no responde a un único factor. El sistema arrastra años de falta de inversiones, mantenimiento insuficiente y una creciente escasez de combustibles para alimentar las centrales de generación.
Actualmente permanecen fuera de servicio varias unidades de las principales centrales termoeléctricas del país, entre ellas las unidades 6 y 8 de la Central Termoeléctrica Máximo Gómez, en Mariel; la unidad 1 de la Central Antonio Guiteras, en Matanzas; y la unidad 6 de la Central Diez de Octubre, ubicada en Nuevitas.
En el caso de la planta Antonio Guiteras, considerada una de las más importantes del país, acumula numerosas salidas del sistema durante 2026 y no recibe un mantenimiento integral desde hace más de una década.
Falta de combustible
A la situación de las centrales térmicas se suma la paralización de 106 centrales de generación distribuida, equivalentes a unos 890 MW, debido a la falta de combustible.
Según distintos reportes, Cuba lleva más de tres meses sin recibir nuevos envíos significativos de petróleo, situación que obligó al Gobierno a depender de la energía solar, el gas natural y un parque termoeléctrico cada vez más deteriorado.
Si bien durante el domingo los 54 parques solares fotovoltaicos del país generaron cerca de 4.679 MWh, con una potencia máxima de 709 MW, esa producción resulta insuficiente para compensar el enorme déficit energético que enfrenta la isla.
Una crisis que se profundiza
El colapso de este lunes no constituye un hecho aislado. Apenas unos días atrás, la provincia de Granma también sufrió una desconexión luego de una caída de frecuencia mientras una central intentaba sincronizarse nuevamente con el sistema nacional.
Además, el pasado 16 de marzo de 2026, Cuba registró uno de los apagones más prolongados de los últimos años, con una interrupción del suministro que se extendió durante casi 30 horas antes de lograr restablecer gradualmente el servicio.
Los especialistas advierten que la recuperación del sistema eléctrico tras una desconexión total es un proceso complejo, ya que primero deben conformarse pequeños microsistemas regionales capaces de generar energía de manera autónoma antes de sincronizar nuevamente las grandes centrales termoeléctricas.
Por ese motivo, el restablecimiento completo del suministro puede demandar varias horas e incluso varios días, dependiendo de las condiciones técnicas de cada instalación.
Impacto social
La prolongada crisis energética ha deteriorado significativamente la vida cotidiana de los cubanos.
En numerosas provincias los cortes de electricidad forman parte de la rutina diaria. En algunas localidades de Matanzas se han registrado interrupciones de hasta 87 horas consecutivas, mientras que en sectores de La Habana los apagones superan habitualmente las 15 horas diarias.
Las constantes interrupciones afectan el funcionamiento de hospitales, comercios, escuelas, industrias y servicios básicos, además de complicar la conservación de alimentos y medicamentos en miles de hogares.
El creciente malestar social también comenzó a reflejarse en las calles. Durante los últimos meses se registraron cacerolazos y protestas espontáneas en ciudades como La Habana y Santiago de Cuba, manifestaciones que fueron respondidas con importantes operativos policiales.
Hasta el momento, la Unión Eléctrica no informó cuánto tiempo demandará la recuperación total del Sistema Electroenergético Nacional ni ofreció una explicación oficial sobre las causas que provocaron el nuevo colapso.
Mientras continúan las tareas para restablecer el servicio, millones de cubanos vuelven a enfrentar un escenario marcado por la incertidumbre y los prolongados cortes de energía, en medio de una crisis que se agrava con el paso de los meses y que mantiene bajo fuerte presión a la infraestructura eléctrica del país.
La herencia del castrismo: décadas de desinversión y un sistema eléctrico al borde del colapso

El nuevo apagón masivo volvió a poner en evidencia el deterioro de la infraestructura energética cubana tras décadas de gestión del régimen castrista. La falta de inversiones, el escaso mantenimiento de las centrales termoeléctricas y la crisis de abastecimiento de combustible derivaron en un sistema incapaz de garantizar un suministro eléctrico estable, con cortes cada vez más prolongados que afectan la vida cotidiana de millones de cubanos.
La crisis energética es una muestra del fracaso del modelo socialista implantado en la isla hace más de seis décadas. Sostienen que la planificación centralizada, la falta de inversión sostenida, el deterioro de la infraestructura y la ausencia de incentivos económicos terminaron por debilitar servicios esenciales como el sistema eléctrico.
