Egipto busca recuperar su liderazgo gasífero y convertirse en la puerta energética de Europa

El país acelera la exploración, suma inversiones y aprovecha su infraestructura de GNL para procesar el gas del Mediterráneo Oriental. La alianza con Chipre e Israel puede convertirlo en una pieza estratégica para el abastecimiento europeo.

Egipto Gasifero

Egipto está impulsando una ambiciosa estrategia para recuperar su posición como principal productor de gas natural del Mediterráneo Oriental, acelerando la exploración costa afuera y ampliando sus alianzas regionales mientras Europa busca nuevas fuentes de suministro energético en medio de una persistente inestabilidad geopolítica.

Tras varios años de caída en la producción de su emblemático yacimiento Zohr, El Cairo ha pasado de centrarse en equilibrar su propio mercado energético a perseguir una estrategia más amplia: transformar a Egipto en el centro indispensable de procesamiento y exportación del gas natural producido en todo el Mediterráneo Oriental.

La estrategia cobró un nuevo impulso esta semana después de que la francesa TotalEnergies y la italiana Eni aprobaran la decisión final de inversión para el desarrollo del yacimiento de gas Cronos, ubicado frente a las costas de Chipre. En lugar de construir nueva infraestructura de gas natural licuado (GNL) en la isla, las compañías transportarán el gas hasta Egipto, donde será licuado en la terminal de exportación de Damietta antes de ser enviado principalmente a los mercados europeos a partir de 2028.

Se espera que el proyecto produzca 2,8 millones de toneladas métricas de GNL al año y marque el inicio del primer desarrollo comercial de gas de Chipre. El acuerdo refuerza el creciente papel de Egipto como centro logístico de la industria gasífera del Mediterráneo Oriental, aprovechando una infraestructura que ningún otro país de la región posee actualmente.

Egipto sigue siendo el único productor del Mediterráneo Oriental que cuenta con terminales de exportación de GNL a gran escala ya conectadas con los mercados internacionales. Esto permite que los descubrimientos de países vecinos lleguen a Europa sin necesidad de invertir miles de millones de dólares en nuevas plantas de licuefacción.

Esta integración regional adquiere cada vez mayor importancia mientras los gobiernos europeos continúan sus esfuerzos por reducir la dependencia de las importaciones energéticas rusas y, al mismo tiempo, enfrentan una renovada volatilidad en Oriente Medio. En lugar de competir con Chipre e Israel, Egipto busca consolidarse como la principal puerta de salida a través de la cual buena parte del gas de la región llegue a los mercados internacionales.

El desafío de recuperar la producción

Al mismo tiempo, El Cairo trabaja para revertir la caída de su propia producción. A comienzos de este año, BP anunció un nuevo descubrimiento de gas natural en el pozo exploratorio ElDennis West-1, frente a las costas egipcias, sumándose a una serie de hallazgos realizados por BP y Eni en el delta del Nilo y la cuenca del Mediterráneo.

Funcionarios egipcios aseguran que desde mediados de 2024 se han registrado más de un centenar de descubrimientos de petróleo y gas, mientras que recientes hallazgos como West Dennis y Nargis podrían impulsar el crecimiento de la producción durante los próximos años.

Sin embargo, el desafío sigue siendo considerable. A pesar del éxito de las campañas de exploración, Egipto ha tenido dificultades para mantener el ritmo frente al rápido crecimiento de la demanda interna y al declive natural de sus yacimientos maduros, especialmente Zohr, considerado en su momento el mayor descubrimiento de gas realizado en el Mediterráneo.

BP, que representa aproximadamente el 60% de la producción de gas natural de Egipto a través de sus empresas conjuntas, también ha registrado una disminución de la producción en sus activos existentes mientras continúa expandiendo sus actividades exploratorias. Como parte de una reestructuración global más amplia, la compañía evalúa actualmente la venta de parte de sus activos gasíferos en el país.

Esta paradoja implica que Egipto continúa importando GNL para satisfacer los picos de demanda eléctrica durante el verano, al mismo tiempo que invierte fuertemente para convertirse en un exportador regional de mayor relevancia.

Los acontecimientos más recientes también pusieron de manifiesto los crecientes riesgos de seguridad que rodean las ambiciones energéticas del país. El miércoles, las autoridades egipcias confirmaron que un ataque con drones impactó dos buques gaseros en el puerto mediterráneo de Damietta, provocando incendios que fueron rápidamente controlados sin dejar víctimas.

El incidente, el primer ataque con drones confirmado en territorio egipcio vinculado a la expansión del conflicto regional, puso de relieve la vulnerabilidad de una infraestructura energética que se ha convertido en un componente cada vez más importante de la estrategia europea de diversificación del suministro.

El ataque se produjo apenas unos días después de la aprobación del desarrollo del yacimiento Cronos, ilustrando cómo el creciente protagonismo del Mediterráneo Oriental en los mercados energéticos mundiales avanza en un contexto de creciente inestabilidad en materia de seguridad.

Una nueva puerta de entrada para Europa

Para Egipto, sin embargo, el objetivo de largo plazo va mucho más allá de recuperar su producción nacional. Al combinar sus propias reservas costa afuera con el gas importado desde Israel y la futura producción procedente de Chipre, El Cairo aspira a consolidar su condición de principal centro energético del Mediterráneo Oriental, un papel que podría resultar tan valioso como descubrir otro gigantesco yacimiento de gas propio.

La infraestructura existente aparece como su principal ventaja competitiva. Mientras otros países cuentan con importantes reservas pero necesitan desarrollar costosas instalaciones para acceder al mercado mundial de GNL, Egipto dispone de una plataforma que puede ser utilizada para recibir, procesar y exportar recursos provenientes de distintos puntos de la región.

Ese posicionamiento adquiere una dimensión todavía mayor ante las necesidades europeas. La búsqueda de proveedores alternativos a Rusia convirtió al Mediterráneo Oriental en una zona de creciente interés estratégico, mientras la inestabilidad geopolítica obliga a diversificar rutas y fuentes de abastecimiento.

Si los proyectos actualmente en marcha avanzan según lo previsto, Egipto podría terminar destacándose menos como el mayor productor de la región que como el país a través del cual el gas del Mediterráneo Oriental llega al resto del mundo.

Esa transformación modificaría el mapa energético regional y colocaría a El Cairo en una posición privilegiada: no solamente como productor, sino como nodo indispensable entre las reservas gasíferas del Mediterráneo Oriental y uno de sus mercados más importantes, Europa.

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Augusto Gonzalez
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