Estados Unidos allana el camino para los primeros vuelos directos a Líbano en más de cuatro décadas
Estados Unidos avanza hacia el regreso de los vuelos directos con Líbano tras 41 años, en una señal de acercamiento diplomático y estratégico con Beirut, aunque persisten fuertes dudas sobre la seguridad regional.
Estados Unidos ha dado un paso histórico hacia el restablecimiento de los vuelos comerciales
directos con Líbano, poniendo fin a una prohibición que se mantenía vigente desde mediados de
la década de 1980 y señalando un esfuerzo más amplio por fortalecer sus vínculos con Beirut en
un contexto de profundos cambios geopolíticos en Oriente Medio.
El presidente Donald Trump anunció la semana pasada que había instruido a su administración
para autorizar a las aerolíneas estadounidenses a reanudar los vuelos directos hacia Líbano tras
una reunión en la Casa Blanca con el presidente libanés Joseph Aoun, la primera visita de un jefe
de Estado libanés a Washington en casi dos décadas. La decisión representa el cambio más
importante en la política aeronáutica entre ambos países desde que las rutas directas fueron
suspendidas en 1985, tras el secuestro del vuelo 847 de TWA, durante el cual el buzo de la
Marina de Estados Unidos Robert Stethem fue asesinado por militantes vinculados a Hezbolá.
El anuncio se produce en un momento en que Washington busca reforzar al gobierno libanés
reconocido internacionalmente tras meses de inestabilidad regional. Funcionarios
estadounidenses han presentado cada vez con mayor frecuencia a la administración de Aoun
como una oportunidad para fortalecer las instituciones del Estado libanés y reducir la influencia
de Hezbolá, uno de los principales objetivos de la reciente estrategia diplomática estadounidense
en el país.
Pese a la importancia política del anuncio, los vuelos comerciales no se reanudarán de inmediato.
Antes de que cualquier aerolínea pueda comenzar a operar servicios directos sin escalas, las
autoridades de aviación de Estados Unidos deberán completar una evaluación integral de la
seguridad del Aeropuerto Internacional Beirut-Rafic Hariri, los organismos reguladores deberán
aprobar la ruta y las compañías aéreas tendrán que determinar si las operaciones son
comercialmente viables bajo las actuales condiciones de seguridad en la región. Hasta el
momento, ninguna aerolínea ha anunciado planes para inaugurar la ruta ni ha iniciado la venta de
pasajes.
Este enfoque cauteloso refleja el complejo entorno de seguridad en el Mediterráneo oriental. Las
principales aerolíneas estadounidenses siguen mostrándose reacias a ampliar sus operaciones en
la región, mientras varias continúan limitando o suspendiendo sus vuelos hacia destinos como
Tel Aviv debido a la persistente inestabilidad. Esas preocupaciones probablemente tendrán un
peso determinante en cualquier decisión de inaugurar vuelos hacia Beirut, independientemente
de la autorización otorgada por la administración estadounidense.
La medida también genera una llamativa contradicción dentro de la propia política de viajes del
gobierno de Estados Unidos. Mientras la Casa Blanca ha autorizado el restablecimiento de las
conexiones aéreas directas, el Departamento de Estado continúa clasificando a Líbano como un
destino de “Nivel 4: No viajar” citando riesgos de terrorismo, conflicto armado, disturbios civiles
y secuestros. La advertencia permanece sin modificaciones, lo que significa que el gobierno
estadounidense sigue desaconsejando oficialmente los viajes al país, incluso mientras avanzan
los preparativos para reabrir los vuelos directos.
Para Líbano, sin embargo, la decisión trasciende el ámbito de la aviación. El restablecimiento de
los vuelos directos con Estados Unidos volvería a conectar a Beirut con una de las mayores
comunidades de la diáspora libanesa del mundo tras 41 años de interrupción, lo que podría
impulsar el turismo, los viajes de negocios y la inversión en un momento en que la economía del
país intenta recuperarse de años de crisis política y financiera. Que esos beneficios lleguen a
materializarse dependerá no solo del anuncio de la Casa Blanca, sino también de la culminación
satisfactoria de las evaluaciones de seguridad y de la disposición de las aerolíneas a regresar a un
mercado que durante décadas ha sido considerado uno de los más complejos de la región.
