La UE abrió la puerta a una histórica «membresía asociada» para Canadá

Ursula von der Leyen propuso crear una categoría inédita para profundizar la integración económica, tecnológica y defensiva con Canadá. Ottawa busca diversificar sus vínculos ante su fuerte dependencia comercial de Estados Unidos.

Union Europea Ursula Von Der Leyen

La Unión Europea abrió la puerta a una relación inédita con Canadá después de que la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, propusiera convertir a Ottawa en el primer “miembro asociado” del bloque.

La iniciativa podría transformar las relaciones transatlánticas y crear una nueva categoría para países que, sin aspirar a una adhesión plena, buscan integrarse con mayor profundidad a las estructuras económicas, tecnológicas y de seguridad europeas.

Von der Leyen presentó la propuesta el miércoles durante su discurso sobre el Estado de la Unión en Estrasburgo, con el primer ministro canadiense, Mark Carney, presente en el Parlamento Europeo.

La funcionaria pidió avanzar más allá del actual Acuerdo Económico y Comercial Global (CETA) y construir una “Alianza para el Futuro” que amplíe la cooperación entre ambas partes.

“Compartimos un mismo océano, un mismo conjunto de valores y una misma manera de ver el mundo”, le dijo Von der Leyen a Carney. “Y ahora también construiremos juntos nuestro futuro”.

Canadá busca reducir su dependencia de Estados Unidos

La propuesta surgió mientras Canadá intenta reducir su dependencia económica de Estados Unidos, en medio del aumento de las tensiones comerciales con el presidente Donald Trump.

Alrededor del 70% de las exportaciones canadienses tienen como destino el mercado estadounidense. Esa concentración convirtió a la diversificación comercial en uno de los principales objetivos del gobierno de Carney.

Ante ese escenario, Ottawa reforzó su acercamiento con Europa para ganar autonomía económica y ampliar sus alianzas estratégicas. Sin embargo, la relación que comenzó a delinearse iría considerablemente más allá del intercambio comercial.

Von der Leyen propuso profundizar la cooperación en minerales críticos, energía, producción de equipamiento militar, inteligencia artificial, tecnologías cuánticas, ciberseguridad, manufactura avanzada y asuntos vinculados con el Ártico.

Funcionarios canadienses y europeos también discutieron una mayor integración en investigación, educación y reconocimiento de títulos y cualificaciones profesionales.

La defensa aceleró el acercamiento

Canadá ya dio pasos hacia una mayor integración con las estructuras europeas. A comienzos de este año se convirtió en el primer país no europeo en incorporarse al programa de defensa SAFE, dotado con 150.000 millones de euros.

El mecanismo busca ampliar las compras conjuntas de equipamiento militar y fortalecer la capacidad industrial de defensa dentro de Europa. La participación canadiense permitió a sus empresas acceder a nuevas oportunidades y reforzó la coordinación estratégica con Bruselas.

La eventual membresía asociada buscaría extender ese nivel de cooperación hacia otras áreas económicas, productivas y tecnológicas.

Para la Unión Europea, Canadá aparece como un socio confiable por su estabilidad institucional, su pertenencia a la OTAN, su disponibilidad de recursos naturales y su posición estratégica en el Ártico.

Un estatus todavía sin definición

El verdadero alcance de una “membresía asociada” todavía no está definido. La Unión Europea nunca creó una categoría formal de este tipo, por lo que permanecen abiertas distintas cuestiones sobre el acceso al mercado común, la alineación regulatoria y la participación de Canadá en las instituciones europeas.

También deberá establecerse si Ottawa tendría algún grado de intervención en la elaboración de normas o si solamente podría incorporarse a determinados programas y acuerdos sectoriales.

Los modelos existentes ofrecen algunos antecedentes, aunque ninguno coincide completamente con la propuesta.

Noruega participa del Espacio Económico Europeo y accede a gran parte del mercado común, pero debe aplicar numerosas normas comunitarias sin contar con derecho a voto en las instituciones de la UE. Suiza, por su parte, mantiene una extensa red de acuerdos bilaterales con Bruselas.

La fórmula canadiense podría combinar elementos de ambos esquemas, aunque con una dimensión adicional en materia de defensa, tecnología y seguridad.

Ottawa evitó discutir las etiquetas

El gobierno canadiense adoptó una postura cautelosa frente al concepto de membresía asociada. Jonathan Wilkinson, embajador designado de Canadá ante la Unión Europea, afirmó que Ottawa está más interesado en alcanzar acuerdos concretos que en definir anticipadamente el nombre de la relación.

“Todavía no estamos ahí”, respondió al ser consultado sobre la posibilidad de que Canadá adquiera formalmente ese estatus.

Carney también descartó una incorporación plena a la Unión Europea. En cambio, defendió una alianza “única” en materia económica y de seguridad que permita reforzar la soberanía canadiense sin abandonar su autonomía institucional.

El gobierno de Canadá recibió favorablemente la propuesta de Von der Leyen y expresó su disposición a construir una asociación que supere el alcance actual del CETA.

La próxima definición será en Montreal

La siguiente instancia llegará durante la cumbre entre la Unión Europea y Canadá, prevista para el 29 y 30 de octubre en Montreal.

Allí se espera que las autoridades de ambas partes comiencen a definir el contenido concreto de la relación, las áreas que quedarían comprendidas y los compromisos regulatorios que asumiría Ottawa.

Para Bruselas, la iniciativa representa un intento de desarrollar una nueva forma de asociación con una importante democracia no europea en un contexto de creciente tensión internacional.

Para Canadá, ofrece una vía para diversificar sus exportaciones, fortalecer su industria de defensa y obtener un acceso más amplio a los mercados y programas europeos sin buscar una adhesión plena.

Todavía deberá determinarse si la “membresía asociada” se convertirá en una categoría jurídica permanente o quedará limitada a una denominación política para un conjunto de acuerdos sectoriales. En cualquier caso, la propuesta constituye el intento más ambicioso realizado hasta ahora por ambas partes para redefinir su relación.

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Augusto Gonzalez
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