Netanyahu advirtió que Irán tiene armas químicas y volvió a marcar la amenaza del régimen islámico

El primer ministro israelí aseguró que Teherán posee ese tipo de arsenal y que no dudaría en utilizar armas de destrucción masiva si tuviera la capacidad de alcanzar a Estados Unidos. También ratificó que Israel no permitirá que Irán acceda a armamento nuclear.

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El primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, volvió a lanzar una dura advertencia contra el régimen de Irán y aseguró que Teherán “sin dudas” posee armas químicas. La declaración reaviva la preocupación internacional por el programa militar iraní y por el riesgo de que la República Islámica combine ese tipo de capacidades con misiles de mayor alcance.

En una entrevista con Newsmax, Netanyahu afirmó que Irán no tendría reparos morales en utilizar armas de destrucción masiva contra civiles si contara con los medios para hacerlo. Según el premier israelí, el régimen ya demostró su brutalidad contra su propia población y, por eso, no puede ser tratado como un actor confiable.

El jefe de gobierno israelí sostuvo que la amenaza no se limita a Medio Oriente. En su análisis, si Teherán logra desarrollar misiles balísticos capaces de alcanzar territorio estadounidense y eventualmente armarlos con cargas nucleares, el peligro dejaría de ser regional para convertirse en un riesgo directo para millones de ciudadanos de Occidente.

“Si se le da a ese régimen la capacidad de tener misiles balísticos que puedan llegar finalmente a Estados Unidos y cargarlos con armas nucleares, entonces cada estadounidense estaría en peligro”, planteó Netanyahu.

La advertencia llega en un momento de máxima tensión por el programa nuclear iraní, las capacidades misilísticas del régimen y las negociaciones impulsadas para contener a Teherán. Netanyahu volvió a dejar en claro que Israel no confiará en promesas diplomáticas que no garanticen de manera efectiva que Irán quede impedido de acceder a una bomba nuclear.

“Acuerdo o no acuerdo, he prometido, como prometió el presidente Trump, que Irán, bajo ninguna circunstancia, tendrá armas nucleares”, afirmó.

El primer ministro también se mostró escéptico sobre cualquier entendimiento con la República Islámica. Para Netanyahu, el régimen iraní no ofrece garantías reales de cumplimiento y utiliza la negociación como una herramienta para ganar tiempo, preservar capacidades y sostener su influencia regional.

“No confiaría en Irán ni el largo de esta habitación”, dijo, para graficar su desconfianza frente a Teherán.

El planteo israelí no aparece aislado. Estados Unidos ya había señalado en reportes oficiales que Irán incumpliría aspectos vinculados a la Convención sobre Armas Químicas, entre ellos por el presunto desarrollo ilícito de agentes con base farmacéutica para fines ofensivos y por no declarar completamente actividades pasadas relacionadas con armas químicas.

Irán firmó la Convención sobre Armas Químicas en 1993 y la ratificó en 1997. El tratado prohíbe la producción, almacenamiento y uso de este tipo de armamento. Teherán niega mantener un programa activo de armas químicas, pero las sospechas occidentales persisten desde hace años.

Para Israel, el problema central es la naturaleza del régimen. Netanyahu insiste en que Irán no es sólo un adversario convencional, sino una dictadura teocrática que financia y arma a organizaciones terroristas, reprime a su propia población y busca proyectar poder sobre toda la región a través de proxies como Hezbollah, milicias chiitas y grupos aliados.

En ese marco, la posibilidad de que Teherán combine armas químicas, misiles balísticos y ambiciones nucleares es leída por Jerusalén como una amenaza existencial. Israel sostiene desde hace décadas una doctrina de seguridad basada en impedir que sus enemigos regionales accedan a capacidades de destrucción masiva que puedan alterar el equilibrio estratégico.

Netanyahu también reivindicó las operaciones militares conjuntas y coordinadas con Estados Unidos para frenar el avance iraní. Según explicó, esas acciones permitieron alejar una amenaza inmediata, aunque reconoció que el problema no está cerrado.

“Empujamos hacia atrás esa amenaza inmediata, pero no terminó”, señaló.

La posición israelí mantiene una línea clara: no alcanza con frenar temporalmente el programa nuclear iraní, sino que también deben limitarse sus misiles, su red terrorista regional y cualquier capacidad química o biológica que pueda ser utilizada contra civiles.

El mensaje de Netanyahu apunta tanto a la comunidad internacional como a Washington. Israel busca evitar que Occidente vuelva a depositar confianza en acuerdos débiles con Teherán, especialmente después de años en los que el régimen iraní avanzó en enriquecimiento de uranio, fortaleció su aparato militar y sostuvo ataques indirectos contra Israel a través de sus aliados.

Para el Gobierno israelí, Irán representa el núcleo del eje antioccidental en Medio Oriente. Por eso, cada discusión sobre su programa nuclear o químico excede la cuestión técnica: se trata de definir si el mundo libre está dispuesto a impedir que una dictadura islamista acceda a armas capaces de provocar una catástrofe.

La advertencia de Netanyahu vuelve a ordenar el debate en esos términos. Israel no habla sólo de una amenaza futura, sino de un régimen que, según su evaluación, ya posee capacidades peligrosas, no respeta compromisos internacionales y no debería recibir margen para ampliar su poder militar.

En medio de negociaciones, presiones diplomáticas y advertencias militares, el primer ministro israelí dejó una definición tajante: Irán no es confiable, posee capacidades químicas y no puede ser autorizado a dar el salto nuclear.

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