El costo real de levantar la persiana en Santa Fe

Comerciantes y pymes enfrentan una presión fiscal creciente, trámites interminables y controles superpuestos que desalientan la inversión, el empleo y la actividad privada.

Santa Fe presion fiscal comercios

Son las seis de la mañana en Santa Fe. Te levantás, vas para tu local en Aristóbulo del Valle, en la Peatonal San Martín o en Facundo Zuviría, y subís la persiana. Te preparás para la rutina de siempre: pelear los precios, mantener las ventas y tratar de que no te roben en la cuadra. Pero el obstáculo más pesado no está en la calle, está sentado detrás de un escritorio en la Municipalidad.

Hoy, el Palacio Municipal dejó de ser un prestador de servicios para convertirse en un elefante administrativo pesado y lento. En la visión de la burocracia local, el comerciante que crea empleo genuino funciona como un cajero automático al cual exprimir. Y mantener a ese elefante lo pagás de tu bolsillo.

La matemática del DReI

Hablemos con los números en la mano. El Derecho de Registro e Inspección (DReI) se cobra supuestamente como una contraprestación, pero funciona como un impuesto voraz a los ingresos brutos. Si miramos la ejecución presupuestaria oficial de 2024, la recaudación por DReI pegó un salto nominal monstruoso del 224,4%, arrancándole al sector productivo santafesino la suma de $41.647 millones de pesos (representando el 27,7% de todos los ingresos corrientes).

Pero acá está el dato que hace ruido en la planilla y te impacta directo a vos: mientras la recaudación vuela, la cantidad de contribuyentes inscriptos cayó drásticamente de 7.675 en 2023 a 7.255 en 2024. Hay menos persianas levantadas, pero la recaudación sigue creciendo. ¿Qué significa esto? Que a los pocos sobrevivientes que estoicamente deciden mantenerse en la legalidad, el Estado les está cobrando la fiesta por partida doble.

El laberinto de los 60 días

Si la carga fiscal te deja al límite, el laberinto de las habilitaciones te da el golpe de gracia. El circuito es de manual: tenés que peregrinar por la Dirección de Edificaciones Privadas, pasar por el Departamento de Registro e Inspección, y finalmente rogar en Habilitación de Negocios. El propio municipio se auto-concede hasta 60 días para resolver tu expediente. Durante esos dos meses, vos pagás alquiler, pagás luz, pero no podés facturar un solo peso.

Y como si fuera poco, sufrís controles superpuestos. Además de las verificaciones municipales, caen organismos nacionales y provinciales. Dos, tres y hasta cuatro inspectores distintos midiéndote la misma pared y cobrando aranceles por exactamente lo mismo. De los 916 valientes que solicitaron habilitar un local en 2024, apenas 556 lo lograron. La mitad quedó ahogada en requisitos interminables.

El «impuesto» a tu propia fachada

Cuando creés que sobreviviste a los sellos y ya podés abrir, te encontrás con el cobro más irrisorio de todos: te cobran por poner el nombre de tu propio negocio en tu propia pared.

Bajo la figura de los «Derechos de Publicidad y Propaganda», te exigen tributar por cada metro cuadrado del cartel donde anuncies tu actividad. Si en tu almacén cometés el error de colocar un letrero que además tenga la marca de una empresa de helados o gaseosas, y ocupa más del 50% de la superficie, te obligan a pagar el gravamen en forma proporcional. Básicamente, el Estado considera que el espacio visual de tu fachada le pertenece, y te lo alquila.

El contraste es inaceptable: mientras a vos te clausuran si te atrasás con un pago, el Estado municipal proyecta acumular una deuda flotante con sus proveedores superior a los 14.700 millones de pesos para 2026. Te exigen eficiencia para pagarles, pero usan a las Pymes de Santa Fe como su tarjeta de crédito.

Auditar para gobernar

La indignación no resuelve nada; los planes de ejecución concretos, sí. No podemos seguir financiando un sistema que penaliza la creación de riqueza. Si queremos que la ciudad deje de exhibir cicatrices en forma de persianas bajas y carteles de «Alquila», la solución no es armar un «programa de promoción» con el dinero ajeno.

Un estado eficiente en Santa Fe es una urgencia de supervivencia. Si queremos que la ciudad vuelva a vibrar al ritmo del trabajo, la fórmula es innegociable: menos oficinas de control, menos tasas expoliatorias y más libertad para que los emprendedores hagan lo que mejor saben hacer: generar progreso.

Juan Jose Tagliabue
Juan José Tagliabue
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