La “bicicleta” del elefante: el Estado usa a tu pyme como tarjeta de crédito

El Presupuesto 2026 de la Municipalidad de Santa Fe expone un esquema que convierte a las pymes santafesinas en financistas involuntarias del Estado.

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Días atrás publiqué mi columna en El Liberador y expuse que el costo de levantar la persiana de un comercio en la ciudad de Santa Fe implica cargar sobre los hombros con un elefante administrativo pesado y lento. Pero el esquema de esta burocracia tiene una segunda fase: utilizar al sector productivo local como su tarjeta de crédito personal, pateando los pagos y empujando a las pymes a la asfixia.

Si abrimos el expediente y analizamos los números crudos del Presupuesto 2026, la doble vara queda expuesta. Por un lado, una maquinaria punitiva implacable para cobrarte; por el otro, un default silencioso frente a quienes le proveen servicios al municipio.

Fase 1: el Estado te cobra al contado

Si sos comerciante o emprendedor en Santa Fe, el municipio te respira en la nuca. La voracidad fiscal no termina en las subas del DReI. Los datos oficiales proyectados para el ejercicio 2026 marcan que la Municipalidad planea exprimir del bolsillo de los vecinos $10.670.058.926 exclusivamente en concepto de multas.

Para traducirlo a números concretos: la gestión espera recaudar $2.849.035.670 solo a través de fotomultas y otros $6.562.362.667 por multas de tránsito. El Estado no perdona. Si te atrasás un día con tus tributos o cometés una infracción, te cae con intereses punitorios y apremios fiscales, partida por la cual proyectan recaudar otros $26.497.318. El mensaje de la burocracia es claro: al privado se le cobra al contado.

Fase 2: el Estado te paga en cuotas

¿Pero qué pasa cuando los roles se invierten y una pyme, un corralón o un prestador de servicios le entrega sus productos a la Municipalidad? Ahí es donde opera la estafa de la “tarjeta de crédito”. En lugar de ajustar sus gastos, la Municipalidad se financia pateando los pagos a sus proveedores a 90 o 120 días. En un contexto inflacionario, vos absorbés la licuación de tu capital mientras a los burócratas les cierran las planillas.

Los expedientes del 2026 exponen el descalabro: para sostener este desequilibrio, el presupuesto oficial autoriza previsiones para la cancelación de pasivos a corto plazo, es decir, deuda flotante con proveedores, por $23.745 M. Para tapar este agujero financiero, el Artículo 3º fija la necesidad de recurrir a nuevo endeudamiento por $28.968.457.486. El Estado gasta por encima de sus posibilidades y usa al sector privado como prestamista forzoso.

El gasto intocable

La asimetría es total cuando se cruza la deuda con proveedores con los gastos de la política. La Municipalidad dice que hay que esperar para pagarles las certificaciones a las empresas que reparan calles, empujándolas a cortar la cadena de pagos. Sin embargo, en el mismo Presupuesto 2026, el gasto en planta política, Gabinete y asesores se mantiene blindado en $17.625 M. Mientras tu pyme espera, los sueldos de los funcionarios entran religiosamente del 1 al 5 de cada mes.

Los números sobre la mesa: el planteo es nuestro

Los expedientes son públicos y la matemática de la Municipalidad no miente. La indignación por sí sola no cambia nada. Lo que realmente cambia la ecuación es empezar a auditar y entender qué están haciendo con nuestro esfuerzo.

Hoy el debate no pasa por promesas, sino por hacernos las preguntas básicas que cualquier comerciante o vecino se hace cuando revisa sus propios números a fin de mes para ver si llega:

¿Es lógico el apriete fiscal? ¿Podemos naturalizar que el municipio necesite presupuestar más de $10.600 M en multas para cuadrar sus cuentas, mientras a tu negocio le exigen hasta el último centavo y tu cuadra sigue a oscuras?

¿Por qué hay ciudadanos de primera y de segunda? ¿Tiene sentido que el gasto de la planta política, Gabinete y asesores se mantenga blindado en $17.625 M, mientras a la pyme local le patean los pagos a 120 días y le licuan el capital de trabajo?

¿Hasta cuándo financiamos la “bicicleta”? ¿Vamos a seguir aceptando que el Estado nos exija pagar al contado bajo amenaza de clausura, apremio o embargo, mientras usa a quienes invierten y producen como prestamistas forzosos?

Romperle la tarjeta de crédito a la burocracia no depende de una decisión iluminada que vendrá de arriba. Empieza cuando el vecino, el que levanta la persiana todos los días a las seis de la mañana, audita sus propios impuestos, compara lo que paga con lo que recibe a cambio y exige que la balanza se equilibre.

El dinero tiene que estar en el bolsillo de los santafesinos que arriesgan, invierten y generan empleo genuino, no financiando el descalabro de un elefante administrativo que, de tan pesado, se olvidó de cómo prestar los servicios básicos.

Juan Jose Tagliabue
Juan José Tagliabue
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