Reino Unido: Andy Burnham es el nuevo primer ministro
Andy Burnham asumió como nuevo primer ministro del Reino Unido tras la renuncia de Keir Starmer y prometió un giro en la gestión con mayor intervención del Estado para enfrentar el costo de vida. Entre sus primeras medidas anunció un subsidio sobre las facturas de electricidad
El Reino Unido inició una nueva etapa política con la llegada de Andy Burnham al cargo de primer ministro, tras la renuncia de Keir Starmer apenas dos años después de que el Partido Laborista recuperara el poder. El cambio convierte a Gran Bretaña en un país que tuvo siete primeros ministros en apenas una década, reflejo de una profunda inestabilidad política.
Burnham, de 56 años, asumió oficialmente el cargo el 20 de julio de 2026 luego de ser elegido sin oposición como líder del Partido Laborista. Su desembarco en Downing Street representa un cambio de rumbo dentro del propio laborismo, con un perfil más identificado con la izquierda tradicional y con una mayor intervención del Estado en la economía.
¿Quién es Andy Burnham?
Nacido en 1970 en el norte de Inglaterra, Burnham milita en el Partido Laborista desde la adolescencia. Estudió Literatura Inglesa en la Universidad de Cambridge y comenzó su carrera política como asesor de distintos ministros laboristas.
Fue diputado entre 2001 y 2017, período durante el cual ocupó diversos cargos ministeriales bajo los gobiernos de Tony Blair y Gordon Brown, incluyendo las carteras de Cultura y Salud.
Tras perder dos elecciones internas por el liderazgo del Partido Laborista, encontró un nuevo protagonismo como alcalde del Gran Manchester, cargo que ocupó desde 2017 hasta este año. Allí impulsó una fuerte expansión del transporte público bajo control estatal y adquirió notoriedad durante la pandemia de COVID-19 por reclamar mayores fondos del gobierno central.
Sus simpatizantes lo presentan como un dirigente cercano a la ciudadanía, mientras que sus críticos sostienen que representa el regreso de un modelo basado en un Estado más grande, mayor gasto público y una intervención creciente sobre la economía.
Un discurso centrado en el Estado
En su primer mensaje frente al número 10 de Downing Street, Burnham aseguró que el Reino Unido necesita un «cambio profundo» y prometió impulsar «las mayores transformaciones de los últimos 40 años».
El flamante primer ministro afirmó que quiere construir un «nuevo modelo económico» y sostuvo que los políticos de su generación «no han estado a la altura». También prometió un plan nacional a diez años para redefinir el funcionamiento del Estado británico.
Entre sus primeras prioridades mencionó:
- reducir el costo de vida;
- eliminar la situación de personas durmiendo en la calle;
- ampliar las políticas de prevención social;
- descentralizar competencias hacia gobiernos regionales;
- fortalecer el gasto público en áreas sociales.
La retórica de Burnham marca un claro contraste con las políticas más moderadas impulsadas por Starmer y se acerca a una visión donde el Estado asume un rol mucho más activo tanto en la economía como en la prestación de servicios.
Su primera medida económica: subsidios a la energía
Apenas horas después de asumir, el nuevo gobierno anunció que, desde octubre, los hogares dejarán de pagar el equivalente al IVA del 5% sobre las facturas de electricidad.
Aunque la medida fue presentada como una baja del impuesto para aliviar el costo de vida, en los hechos supone que el Estado dejará de percibir esa recaudación y asumirá su costo fiscal, trasladando el financiamiento al conjunto de los contribuyentes. Downing Street estima que el beneficio representará un ahorro promedio de unas 45 libras esterlinas al año por hogar.
El gobierno sostiene que la medida se financiará con la cancelación del proyecto de identificación digital impulsado por la administración de Keir Starmer. Sin embargo, el exministro Darren Jones cuestionó esa explicación al afirmar que dicho programa aún no tenía financiamiento asignado, por lo que eliminarlo no generaría los recursos necesarios para compensar la pérdida de ingresos.
La decisión reabrió el debate sobre los subsidios al consumo. Si no existe una fuente de financiamiento permanente o una reducción equivalente del gasto público, este tipo de medidas incrementa el déficit fiscal o exige mayores impuestos o endeudamiento en el futuro. Subsidiar el consumo de energía puede aliviar temporalmente el bolsillo de los usuarios, pero no resuelve las causas del alto costo de la electricidad ni mejora la eficiencia del sistema energético.
Además, el precio de la electricidad continúa dependiendo en gran medida del mercado internacional del gas, por lo que el beneficio anunciado tiene un alcance limitado frente a variaciones más importantes en los costos de la energía.
Un gabinete con fuerte impronta laborista
Burnham también aprovechó su llegada para renovar profundamente el gabinete.
Entre las principales designaciones aparecen:
- John Healey como ministro de Finanzas;
- Ed Miliband como canciller y responsable de Relaciones Exteriores;
- Wes Streeting al frente del Ministerio de Defensa;
- Angela Rayner nuevamente como ministra de Vivienda;
- Shabana Mahmood al frente del Ministerio del Interior.
La conformación del equipo refleja el desplazamiento de varias figuras cercanas a Starmer y consolida el control del ala más progresista del Partido Laborista.
El regreso de una agenda más intervencionista
Aunque Burnham insiste en que busca una política «pragmática», gran parte de sus propuestas vuelven a colocar al Estado como principal herramienta para resolver problemas económicos y sociales.
Su discurso recupera conceptos históricos del laborismo vinculados a una mayor planificación estatal, ampliación del gasto público y presencia gubernamental en sectores estratégicos.
También cuestionó parte de las reformas económicas iniciadas en los años ochenta y afirmó que el Reino Unido tomó «decisiones equivocadas» durante ese período.
Para numerosos analistas económicos, el principal interrogante será cómo financiará este conjunto de promesas sin aumentar significativamente la presión tributaria o el endeudamiento público.
La experiencia británica de los últimos años mostró que las políticas destinadas a aliviar el costo de vida suelen verse rápidamente condicionadas por factores externos como la inflación internacional, los precios de la energía o las tensiones geopolíticas.
Un liderazgo que despierta expectativas y dudas
Burnham llega al poder con altos niveles de popularidad construidos durante su gestión como alcalde de Manchester, pero enfrenta un escenario mucho más complejo desde Downing Street.
Gobernará una economía que todavía intenta recuperar dinamismo, con elevados niveles de gasto público y una sociedad que viene atravesando años de bajo crecimiento económico.
Sus primeras decisiones muestran una clara intención de diferenciarse de Keir Starmer y de imprimir un sello más ideológico a su administración.
Para sus seguidores, representa un regreso a un laborismo más comprometido con la intervención estatal y la protección social. Para sus detractores, en cambio, existe el riesgo de repetir recetas económicas de izquierda que históricamente han enfrentado dificultades para sostener el crecimiento, atraer inversiones y mantener el equilibrio de las cuentas públicas.
