Alberto Fernández: “Que los ingleses no se preocupen por las Malvinas, Argentina quedó absolutamente desarmada”

Las polémicas declaraciones del expresidente sobre la incapacidad militar de la Argentina ante el Reino Unido y sus críticas a la compra de los aviones F-16 desataron una ola de indignación. Mientras hablaba de soberanía, el kirchnerismo ejecutó un vaciamiento sistemático de las Fuerzas Armadas durante décadas, reduciendo la soberanía a un mero discurso político.

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En medio de una renovada tensión diplomática y estratégica por la soberanía de las Islas Malvinas, el expresidente Alberto Fernández encendió una fuerte controversia política al asegurar públicamente que «la Argentina está absolutamente desarmada». Sus declaraciones, emitidas durante una entrevista radial, no solo buscaron minimizar cualquier hipótesis de conflicto bélico con el Reino Unido, sino que apuntaron directamente contra la política de Defensa del gobierno de Javier Milei.

El cortocircuito se produjo tras la reciente cadena nacional del presidente Javier Milei, quien abordó la cuestión Malvinas con un enfoque orientado a fortalecer la presencia estratégica de Argentina en el Atlántico Sur y recuperar el alineamiento internacional. Lejos de respaldar la postura de Estado, Fernández calificó la presentación del actual mandatario como un «show» de «oportunismo político» y lanzó un mensaje directo a Londres que generó estupor en los pasillos del Ministerio de Defensa: «Que no se preocupe [Inglaterra] por eso, porque la Argentina está absolutamente desarmada».

Las palabras del exjefe de Estado provocaron una reacción en cadena. Analistas, funcionarios y seguidores del actual gobierno calificaron sus dichos como una afrenta a la soberanía que él mismo dice defender, señalando la contradicción de jactarse de la debilidad militar del propio país frente a una potencia extranjera.

La compra de los F-16

El foco de la crítica de Alberto Fernández estuvo dirigido a la adquisición de 24 aviones de combate F-16, una operación triangular concretada con Dinamarca y Estados Unidos que representa la inversión en Defensa más importante de las últimas décadas para la Argentina. Tras años de que la Fuerza Aérea perdiera su capacidad supersónica, el actual Gobierno celebró la llegada de estas aeronaves como el primer paso hacia la recuperación del poder de disuasión del Estado.

Sin embargo, Fernández desestimó por completo la relevancia estratégica de la compra. Durante su intervención, tildó a los cazas de ser un «vejestorio» y aseguró que son «aviones de 40 años que vinieron sin ninguna tecnología porque les quitaron toda la tecnología de la OTAN antes de venir a la Argentina». Llevando su crítica al plano judicial, exigió que la operación sea investigada penalmente y la calificó abiertamente de «desfalco».

Además, el exmandatario cuestionó la estrategia de alianzas del actual gobierno, sugiriendo que es irreal esperar un respaldo de Washington en la disputa territorial. «¿Alguien seriamente piensa que Estados Unidos se va a enfrentar a Inglaterra? ¿Va a venir a decirnos ahora que tiene la razón Argentina?», ironizó Fernández, trazando un polémico paralelismo histórico: «Eso lo creyeron solamente dos energúmenos: uno se llamó Galtieri y el otro se llamó Milei. Es ridículo todo esto».

Décadas de desinversión bajo la lupa

La frase «Argentina está desarmada» es una confesión de un fracaso sostenido tras veinte años de políticas que, denuncian, buscaron asfixiar a las Fuerzas Armadas.

El argumento central del repudio oficialista sostiene que durante años se utilizó el pasado de la última dictadura militar como una excusa ideológica para demonizar a las Fuerzas Armadas y justificar su desfinanciamiento crónico.

«¿Quién desarmó a la Argentina? Los mismos dirigentes que dejaron al país sin capacidad de defensa militar real sean quienes hoy enarbolan discursos sobre la soberanía de Malvinas y la patria. La política exterior del kirchnerismo se limitó a la retórica vacía, entregando los recursos del Atlántico Sur a la depredación extranjera al carecer de medios navales y aéreos para patrullar y proteger el territorio.

No se puede sostener un discurso encendido sobre la soberanía territorial mientras, en la práctica, se desmantela la capacidad operativa del Estado para defenderla. Durante las últimas dos décadas, el abordaje hacia las Fuerzas Armadas estuvo marcado por un vaciamiento presupuestario sistemático y una estigmatización constante. Al anclar permanentemente el rol de las instituciones militares al pasado de la última dictadura, se justificó políticamente un abandono que fue tanto económico como moral.

La hipocresía que señalás radica exactamente en ese punto. Hablar de Malvinas, exigir respeto internacional o prometer la defensa de los recursos en el Atlántico Sur exige herramientas reales, no solo retórica. Una soberanía sin capacidad de disuasión es apenas un eslogan de campaña. Mientras se alzaban las banderas del patriotismo en los atriles, la realidad operativa mostraba aviones que no volaban por falta de repuestos, buques sin recursos para frenar la depredación pesquera en la Milla 201 y una escala salarial militar hundida en niveles históricos.

Que un expresidente admita hoy con ligereza que «Argentina está absolutamente desarmada» para intentar chicanear al gobierno actual, ignorando que él mismo fue el Comandante en Jefe de esas fuerzas y parte central del espacio político que gobernó 16 de los últimos 20 años, expone una desconexión total con la responsabilidad de Estado. Destruir la defensa nacional tiene costos geopolíticos reales, y utilizar esa vulnerabilidad auto-infligida para mandar mensajes de tranquilidad a una potencia extranjera choca de frente con cualquier definición seria de soberanía.

El cambio de paradigma: disuasión y soberanía

El presidente Javier Milei no dejó pasar el episodio y utilizó sus redes sociales para replicar las críticas, retuiteando mensajes que apuntaban contra el historial de Fernández y defendiendo la necesidad imperiosa de rearmar al país. Para la actual administración, no existe soberanía posible sin capacidad de disuasión.

La doctrina de Defensa que intenta consolidar el Gobierno actual establece que un país sin Fuerzas Armadas equipadas, modernas y respetadas carece de peso en la mesa de negociaciones internacionales. En este sentido, la incorporación de los F-16 es vista como un hito fundacional para revertir el estado de indefensión heredado.

El debate público ha dejado en evidencia dos visiones antagónicas sobre cómo el Estado argentino debe pararse frente al mundo y, en particular, frente al reclamo indeclinable por las Islas Malvinas. Mientras el expresidente Alberto Fernández considera que los movimientos militares actuales son un gasto inútil, una «ficción» y un potencial foco de tensiones estériles, el oficialismo sostiene que reconstruir el poder militar es el único camino para que, tras décadas de declive, la Argentina pueda volver a hacer respetar sus intereses soberanos en la región.

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Julián Sayago
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