Fuerte suba de la soja: el precio internacional alcanzó su máximo en la era Milei
La oleaginosa superó los USD 484 por tonelada en Chicago y alcanzó su mayor valor desde diciembre de 2023. El escenario representa una oportunidad para la Argentina: con menores retenciones y una cosecha récord, la mejora de los precios internacionales puede traducirse en más ingresos para productores, exportadores y economías regionales.
La soja volvió a darle una buena noticia a la Argentina. La oleaginosa registró este martes una fuerte suba en el mercado internacional y alcanzó los USD 484,19 por tonelada para los contratos con vencimiento en noviembre en Chicago, su valor más elevado desde diciembre de 2023 y el máximo registrado durante la gestión del presidente Javier Milei.
El salto fue de aproximadamente USD 11 por tonelada, equivalente a un avance superior al 2,3% en una sola jornada, mientras que en lo que va del año la cotización acumula una suba superior al 25%.
La mejora no se limita al poroto. El aceite de soja avanzó más de USD 33 hasta los USD 1.601,19 por tonelada, mientras que la harina de soja trepó hasta USD 388,67. Se trata de una combinación especialmente favorable para la Argentina, uno de los principales jugadores mundiales de la cadena sojera y una potencia global en molienda y exportación de derivados.
Un escenario favorable para la Argentina
El aumento del precio internacional llega en un momento particularmente relevante para el país. La combinación de mayores cotizaciones internacionales, una importante cosecha y un esquema de retenciones más bajo permite que una mayor parte del valor generado por el complejo agroindustrial quede en manos del sector productivo.
Este punto resulta central para entender por qué la suba de la soja puede tener un impacto que va mucho más allá del productor.
Cuando el precio internacional mejora, aumentan los incentivos para vender, invertir y producir. Esa mayor actividad se traslada a camiones, acopios, puertos, plantas de crushing, contratistas rurales, maquinaria agrícola, combustibles, fertilizantes, servicios profesionales y comercios vinculados al interior productivo.
En otras palabras, la soja funciona como uno de los grandes motores de la economía argentina.
Y en este escenario aparece una diferencia respecto de años anteriores: la baja de las retenciones impulsada por el Gobierno de Milei permite aprovechar mejor el viento favorable de los mercados internacionales.
Menores retenciones y soja más cara: una combinación clave
La política oficial de reducción de los derechos de exportación sobre el agro adquiere una importancia adicional cuando los precios internacionales suben.
Con una alícuota menor, el productor puede capturar una proporción más elevada del precio obtenido por su producción. Si, además, el valor internacional de la soja aumenta, el efecto se potencia.
El resultado es un escenario de mayores ingresos potenciales para la cadena agroindustrial, con capacidad para estimular nuevas decisiones de inversión y acelerar la comercialización de granos.
La oportunidad es particularmente significativa porque todavía existe un importante volumen de soja de la campaña 2025/26 sin precio cerrado.
De acuerdo con el informe citado de Fundación Mediterránea-Ieral, sobre una producción estimada en 49,5 millones de toneladas, solamente 17,7 millones habían sido comercializadas con precio cerrado. Otras 7,2 millones habían sido adquiridas pero permanecían con precio a fijar, mientras que aproximadamente 24,6 millones de toneladas todavía no habían sido compradas por exportadores o industrias.
Eso significa que una parte importante de la producción todavía puede beneficiarse de un escenario de precios internacionales más favorable.
Más dólares para el país
El impacto también puede sentirse en una de las variables más importantes para la economía argentina: el ingreso de divisas.
La agroindustria es uno de los principales generadores de dólares de la Argentina. En agosto, las empresas agroexportadoras liquidaron USD 2.750 millones, un 33% más que en el mismo mes del año pasado.
Con mejores precios y una mayor fluidez comercial, el complejo agroindustrial puede incrementar el volumen de dólares que ingresa al país, fortaleciendo las reservas y aportando mayor oferta de divisas al mercado.
La soja continúa siendo, dentro de ese esquema, el principal componente de la cadena agroexportadora.
La Bolsa de Comercio de Rosario estimó que la cadena sojera aportará aproximadamente USD 3.275 millones en derechos de exportación durante 2026, por encima de los aportes proyectados para maíz y trigo.
China vuelve a comprar y Estados Unidos enfrenta un escenario productivo más ajustado
La suba internacional tiene además fundamentos propios del mercado.
Uno de los principales factores es la reactivación de las compras de China, que volvió a adquirir soja estadounidense. El Departamento de Agricultura de Estados Unidos confirmó una operación por 136.000 toneladas de soja de la campaña 2026/27.
Al mismo tiempo, el estado de los cultivos estadounidenses mostró un deterioro. La proporción de soja clasificada como buena o excelente cayó del 60% al 58%, por debajo del 65% registrado en el mismo período del año anterior.
A esto se suma el comportamiento del petróleo y el crecimiento de las expectativas sobre el uso de biocombustibles en Estados Unidos, factores que favorecen especialmente al aceite de soja.
Una oportunidad que excede al campo
La recuperación de la soja representa, por lo tanto, una buena noticia para toda la economía argentina.
Más ingresos para el productor significan mayor capacidad de compra e inversión. Más actividad exportadora implica más movimiento en puertos, transporte, industria y servicios. Y mayores exportaciones generan una mayor entrada de dólares al país.
El Gobierno de Milei llega a este escenario después de haber reducido las retenciones, una decisión que ahora adquiere especial relevancia: si los precios internacionales suben, el productor puede capturar una porción mayor de esa mejora.
Con la oleaginosa en su máximo precio de la era Milei, una cosecha cercana a los 50 millones de toneladas y menores derechos de exportación, el campo vuelve a quedar en el centro de una oportunidad concreta para la Argentina: producir más, exportar más, generar más dólares y transformar una mejora de los mercados internacionales en mayor actividad dentro del país.
