El socialismo mostró su verdadera fuerza: punteros, usar a los pobres y aparato estatal para volver al poder
El partido reunió a más de 5.000 personas en Rosario para lanzar su carrera hacia 2027 y atacar a Javier Milei. En los barrios aseguran que referentes territoriales ofrecieron comida para garantizar asistentes y engordar una demostración de poder político.
El Partido Socialista reunió en Rosario a su estructura de funcionarios, legisladores, militantes y operadores territoriales para celebrar sus 130 años y comenzar a exhibirse como una alternativa electoral de cara a 2027.
El encuentro fue presentado públicamente como una demostración de unidad y fortaleza. Según los organizadores, más de 5.000 personas participaron del almuerzo, al que asistieron dirigentes provenientes de distintos puntos de Santa Fe y del resto del país.
Sin embargo, detrás de la fotografía partidaria, los discursos grandilocuentes y las consignas sobre la “solidaridad” comenzaron a circular fuertes cuestionamientos sobre los mecanismos empleados para llenar el acto.
En distintos barrios de Rosario, vecinos señalaron que punteros y referentes territoriales vinculados al socialismo habrían ofrecido un plato de comida para conseguir asistentes. Las versiones no derivaron hasta el momento en una denuncia formal, pero describen una metodología ampliamente conocida dentro de la vieja política: aprovechar las necesidades de los sectores vulnerables para movilizarlos y luego exhibirlos como respaldo partidario.
No se trata simplemente de ofrecer alimentos a quienes atraviesan una situación difícil. El problema aparece cuando esa ayuda queda condicionada a participar de una actividad política y es utilizada para inflar una demostración de fuerza de los mismos dirigentes que llevan décadas ocupando cargos en el Estado.
El socialismo necesita pobres y dependientes porque sobre esa dependencia construye su poder. Cuantas más personas deben recurrir a un puntero para conseguir comida, medicamentos o una ayuda básica, mayor es la influencia del dirigente que administra discrecionalmente esos recursos.
Aunque formalmente fue convocado para celebrar el aniversario del partido, el acto funcionó como el lanzamiento anticipado de su campaña para 2027 y como una tribuna desde la cual sus principales referentes atacaron al Gobierno de Javier Milei.
El secretario general del Partido Socialista santafesino, Joaquín Blanco, sostuvo que la Argentina debe “superar a Milei”, mientras que la presidenta de la Cámara de Diputados provincial, Clara García, aseguró que “el 2027 tiene alma y corazón socialistas”.
La titular nacional del partido, Mónica Fein, y el diputado Esteban Paulón también convocaron a enfrentar a La Libertad Avanza y a fortalecer el frente Unidos para Cambiar Santa Fe como plataforma electoral.
La convocatoria reunió además a ministros provinciales, diputados, intendentes, concejales, presidentes comunales y funcionarios de distintas áreas del Gobierno santafesino. Esa presencia volvió a exhibir la extensa red de cargos y recursos públicos desde la cual el socialismo intenta reconstruir su poder electoral.
El negocio de administrar la pobreza
Durante el encuentro, los dirigentes socialistas hablaron de igualdad, solidaridad, justicia social y defensa de quienes menos tienen. El discurso, sin embargo, choca con un modelo político que obtiene su principal fortaleza de la existencia de personas dependientes de la asistencia estatal y de la intermediación territorial.
El clientelismo comienza cuando la ayuda deja de ser un derecho general, administrado mediante reglas transparentes, y se transforma en una prestación entregada por un puntero que espera obediencia política a cambio.
Bajo esa lógica, la persona que necesita comer deja de ser considerada un ciudadano libre y pasa a convertirse en un número para llenar actos, marchas o urnas.
La pobreza deja de ser un problema por resolver y se transforma en un activo electoral.
El socialismo gobernó Rosario durante más de tres décadas y administró la provincia de Santa Fe durante doce años. Sus dirigentes no pueden presentarse como recién llegados ni desligarse del deterioro social, económico y urbano producido durante ese período.
Durante años prometieron inclusión, igualdad y un Estado presente, pero dejaron una ciudad marcada por la inseguridad, el narcotráfico, la decadencia de los servicios públicos y amplios sectores atrapados en la dependencia de estructuras políticas.
Ahora intentan volver al poder utilizando el mismo libreto: presentarse como defensores de los pobres mientras recurren a las necesidades de esos mismos pobres para exhibir capacidad de movilización.
El crecimiento de la asistencia discrecional también fortalece a quienes la administran. Los dirigentes obtienen cargos, presupuesto, estructuras territoriales y capacidad de negociación política, mientras que quienes reciben la ayuda continúan sin herramientas para abandonar definitivamente su situación de vulnerabilidad.
Por eso, la generación de empleo privado, la estabilidad económica y la libertad para progresar representan una amenaza para cualquier aparato clientelar. Una persona que trabaja, produce y no depende del favor de un dirigente deja de ser manipulable.
El socialismo santafesino no escapa a la lógica que la izquierda aplica en distintas partes del mundo: agrandar el Estado, multiplicar intermediarios y mantener a una parte de la población atada a la asistencia, mientras una casta de dirigentes se enriquece y perpetúa dentro del sistema político.
En Rosario buscó mostrarse unido, fuerte y preparado para disputar nuevamente el poder en 2027. Pero las denuncias sobre la forma en que habría conseguido parte de la concurrencia revelan una realidad menos épica: detrás de la supuesta fortaleza socialista aparecen los punteros, la utilización del hambre y una estructura estatal acumulada durante décadas.
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