Rusia y Ucrania intensifican la guerra aérea: ataques sobre Kyiv, refinerías rusas y una ofensiva récord de drones

En apenas cuatro días, Moscú lanzó nuevas oleadas de misiles y drones contra ciudades ucranianas que dejaron decenas de muertos, mientras Kiev respondió con ataques de largo alcance contra refinerías e instalaciones estratégicas dentro de Rusia.

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La guerra entre Rusia y Ucrania atraviesa una nueva escalada de ataques aéreos. En los últimos días, las fuerzas de ambos países intensificaron las operaciones fuera de la línea de contacto, con Rusia golpeando ciudades e infraestructura ucraniana y Ucrania ampliando cada vez más el alcance de sus drones contra instalaciones energéticas y objetivos estratégicos dentro del territorio ruso.

La secuencia comenzó con una de las ofensivas rusas más mortíferas de los últimos días. Rusia lanzó una combinación de misiles balísticos y drones contra Kyiv y otras regiones de Ucrania, en una operación que dejó al menos 21 muertos y decenas de heridos. El ataque volvió a poner en primer plano la creciente presión sobre las defensas aéreas ucranianas y la escasez de misiles interceptores.

El presidente ucraniano, Volodímir Zelensky, reclamó nuevamente a sus aliados occidentales sistemas de defensa aérea, especialmente interceptores para los sistemas Patriot. Según Kiev, la cantidad de misiles defensivos disponibles cayó significativamente respecto del año anterior, lo que dificulta responder a los ataques balísticos rusos.

Rusia vuelve a atacar Kyiv

Durante la noche del 8 de agosto, Rusia lanzó una nueva ofensiva con drones y misiles contra Kyiv y su región. Uno de los ataques alcanzó el distrito de Brovary, al noreste de la capital, donde murieron tres personas, entre ellas un niño de tres años, según las autoridades ucranianas. Los abuelos del menor también murieron en el ataque.

La Fuerza Aérea de Ucrania informó que Rusia utilizó 151 drones y varios misiles balísticos durante aquella operación. Kiev aseguró haber derribado buena parte de los drones, pero señaló que la defensa aérea tuvo dificultades para interceptar los proyectiles balísticos.

El episodio volvió a mostrar una de las principales vulnerabilidades de Ucrania: mientras sus sistemas occidentales permiten neutralizar una parte importante de los drones, los misiles balísticos continúan representando una amenaza mucho más difícil de detener.

Pero mientras Rusia mantenía la presión sobre las ciudades ucranianas, Kiev preparaba una nueva respuesta.

Ucrania lleva la guerra hasta las refinerías rusas

Refinería de petróleo Slavneft-Yanos en Rusia.

Durante la misma noche del 7 al 8 de agosto, drones ucranianos atacaron dos importantes instalaciones petroleras dentro de Rusia: las refinerías de Ilsky, en la región de Krasnodar, y Syzran, en la región de Samara.

En Ilsky se produjo un incendio que, según las autoridades locales, fue provocado por restos de un dron ucraniano. El fuego posteriormente fue controlado. En Syzran también se reportaron incendios tras la incursión.

El Estado Mayor ucraniano confirmó que sus fuerzas habían atacado ambas refinerías y señaló que también había sido alcanzado un puesto ruso de vigilancia técnica ubicado en una plataforma de perforación en el mar Negro.

Los ataques forman parte de una estrategia que Kiev viene profundizando durante los últimos meses: golpear la infraestructura petrolera rusa para afectar una de las principales fuentes de ingresos de Moscú y, al mismo tiempo, dificultar el abastecimiento de combustible utilizado por sus fuerzas armadas.

La campaña también busca demostrar que Ucrania puede atacar objetivos ubicados muy lejos de la línea del frente.

Un ataque masivo contra Tartaristán

Este 10 de agosto, Ucrania lanzó una de sus mayores oleadas de drones contra territorio ruso. Moscú aseguró que sus sistemas de defensa aérea derribaron más de 450 drones durante la operación, que alcanzó distintas regiones del país.

Uno de los principales objetivos fue Nizhnekamsk, en la república de Tartaristán, una zona situada a más de 1.100 kilómetros de la frontera con Ucrania y que concentra importantes instalaciones petroleras y petroquímicas.

El ataque dejó, según las autoridades locales, al menos 13 muertos, incluido un menor, y decenas de heridos. La cifra de heridos fue inicialmente informada en 39 personas y posteriormente aumentó a 75.

Ucrania aseguró que uno de los objetivos de la operación fue la refinería Taneco, uno de los principales complejos petroleros de Rusia. Imágenes difundidas después del ataque mostraron columnas de humo y llamas en la zona industrial.

Moscú confirmó que instalaciones industriales fueron alcanzadas, aunque no detalló inicialmente todos los daños. Las autoridades rusas también denunciaron víctimas en zonas residenciales.

El ataque constituye uno de los golpes ucranianos más importantes contra territorio ruso desde el comienzo de la invasión a gran escala. La distancia de Nizhnekamsk respecto de Ucrania vuelve especialmente significativa la operación y demuestra la creciente capacidad de Kiev para emplear drones de largo alcance.

Una guerra que ya no se libra solamente en el frente

La sucesión de ataques de los últimos días refleja un cambio cada vez más marcado en la dinámica del conflicto.

Rusia continúa utilizando su enorme capacidad de lanzamiento de drones, misiles balísticos y bombas guiadas para golpear ciudades, infraestructura energética y posiciones militares ucranianas. Ucrania, por su parte, intenta compensar su inferioridad en capacidad convencional mediante drones de largo alcance destinados a atacar depósitos, refinerías, centros logísticos y otras instalaciones estratégicas.

Los ataques rusos también continúan provocando víctimas en otras ciudades. Durante las últimas 24 horas, las autoridades ucranianas informaron 13 muertos y alrededor de 90 heridos como consecuencia de distintos ataques rusos. Odesa, Járkiv, Kyiv y otras regiones fueron alcanzadas por una combinación de misiles y drones.

Al mismo tiempo, Rusia asegura estar interceptando cientos de drones ucranianos durante cada oleada. Sin embargo, algunos consiguen atravesar las defensas y alcanzar objetivos situados a cientos de kilómetros del frente.

La presión militar aumenta mientras la diplomacia se estanca

La escalada aérea se produce en un momento en que los esfuerzos diplomáticos para detener la guerra siguen sin alcanzar un resultado concreto.

La situación muestra una dinámica de acción y reacción cada vez más marcada: Rusia aumenta los ataques sobre Ucrania; Kiev responde buscando objetivos estratégicos dentro del territorio ruso; Moscú refuerza sus defensas y vuelve a lanzar nuevas ofensivas.

Ya no se trata únicamente de los combates alrededor del Donbás o de las posiciones militares cercanas al frente. Refinerías ubicadas a más de mil kilómetros de Ucrania, depósitos de combustible, centros industriales y grandes ciudades rusas también forman parte del escenario de la guerra.

La ofensiva sobre Tartaristán es, hasta ahora, la expresión más contundente de esa nueva realidad. Mientras Moscú mantiene su capacidad para lanzar ataques masivos sobre las ciudades ucranianas, Kiev demuestra que puede llevar la guerra profundamente dentro del territorio ruso.

La escalada de los últimos cuatro días deja así un patrón claro: Rusia golpea desde el aire las ciudades y la infraestructura ucraniana, mientras Ucrania responde llevando sus drones cada vez más lejos y apuntando directamente contra la maquinaria energética que sostiene el esfuerzo bélico ruso.

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Julián Sayago
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