Privatizada por Milei, IMPSA destrabó un megaproyecto paralizado hace 13 años

La compañía mendocina firmó el acuerdo definitivo para retomar trabajos en dos centrales hidroeléctricas de Venezuela. Recuperará 672 MW de generación y enviará las turbinas que permanecían almacenadas en Mendoza desde 2013.

IMPSA

La nueva etapa privada de IMPSA comienza a mostrar movimientos de peso internacional. La histórica compañía mendocina, que se convirtió en la primera empresa privatizada durante el gobierno de Javier Milei, cerró un acuerdo definitivo con Venezuela para reactivar un megaproyecto hidroeléctrico que llevaba 13 años paralizado.

El entendimiento fue firmado con la estatal venezolana Corpoelec y permitirá retomar los trabajos vinculados con las centrales hidroeléctricas Tocoma y Macagua, dos instalaciones estratégicas del sistema eléctrico del país caribeño.

La meta inmediata es recuperar 672 megavatios (MW) de capacidad de generación en un plazo de 24 meses. El cronograma contempla además una primera etapa acelerada: 160 MW deberán estar disponibles durante los primeros 90 días.

El acuerdo tiene un componente especialmente significativo para la industria argentina. Parte del equipamiento necesario ya existe: se trata de turbinas fabricadas por IMPSA que permanecieron almacenadas en Mendoza durante más de una década como consecuencia de la interrupción del proyecto venezolano.

Ahora volverán a tener destino.

De empresa rescatada por el Estado a la primera privatización de Milei

La operación adquiere otra dimensión por el proceso que atravesó IMPSA durante los últimos años.

La compañía había quedado bajo control estatal después de atravesar una profunda crisis financiera. Nación y Mendoza ingresaron en su capital durante 2021 con el argumento de evitar su desaparición y preservar una empresa considerada estratégica por sus capacidades industriales.

La administración de Javier Milei tomó posteriormente la decisión de avanzar en sentido contrario y devolver la empresa a manos privadas.

IMPSA terminó convirtiéndose en la primera privatización concretada por el Gobierno libertario, mediante el traspaso del control a capitales privados.

El acuerdo alcanzado ahora con Venezuela representa uno de los contratos internacionales más importantes desde ese cambio de manos y permite recuperar un negocio que llevaba más de una década inmovilizado.

La empresa posee una extensa trayectoria en ingeniería pesada y fabricación de equipamiento para centrales hidroeléctricas, parques eólicos, energía nuclear y otros grandes proyectos de infraestructura.

Ocho turbinas esperaron 13 años en Mendoza

La historia del proyecto venezolano se remonta a los años del gobierno de Hugo Chávez, cuando IMPSA obtuvo contratos para participar en el desarrollo hidroeléctrico del país.

El deterioro económico y financiero de Venezuela terminó frenando las obras. Desde 2013, ocho turbinas vinculadas al proyecto permanecieron almacenadas en las instalaciones mendocinas de la compañía sin poder ser enviadas a destino.

Durante los años siguientes hubo distintos intentos por retomar las negociaciones, pero ninguno consiguió destrabar definitivamente el proyecto.

El nuevo contrato cambia ese escenario.

IMPSA deberá intervenir en la rehabilitación y modernización de Tocoma y Macagua, con trabajos destinados a recuperar capacidad que actualmente se encuentra fuera de servicio o que nunca llegó a entrar plenamente en funcionamiento.

La primera meta será aportar 160 MW en tres meses y posteriormente avanzar hasta alcanzar los 672 MW recuperados dentro de los próximos dos años.

Tocoma forma parte del gigantesco complejo hidroeléctrico desarrollado sobre el río Caroní, una de las zonas de mayor generación eléctrica de América Latina. La central se encuentra aguas abajo de Guri y fue concebida como una pieza fundamental del sistema energético venezolano.

Un contrato que reactiva capacidad industrial argentina

Más allá de Venezuela, el acuerdo representa una oportunidad para volver a poner en funcionamiento parte de la capacidad productiva y tecnológica que IMPSA desarrolló durante décadas en Mendoza.

La empresa es una de las pocas compañías latinoamericanas con conocimiento propio para diseñar y fabricar equipamiento hidroeléctrico de gran escala, lo que históricamente le permitió competir por contratos de infraestructura alrededor del mundo.

El regreso al proyecto de Tocoma permitirá además movilizar equipos que durante trece años permanecieron inmovilizados y recuperar un contrato cuya interrupción había generado un fuerte impacto sobre la compañía.

La operación aparece así como uno de los primeros grandes hitos comerciales de IMPSA después de su privatización.

El Gobierno de Milei hizo de la reducción de la participación empresarial del Estado y la recuperación del protagonismo privado uno de los ejes de su programa económico. IMPSA se convirtió en el primer caso concreto de esa política y ahora busca recuperar presencia internacional bajo su nueva estructura.

El desafío será comprobar si el contrato venezolano funciona como punto de partida para una etapa de mayor expansión.

Por lo pronto, la compañía logró algo que permaneció bloqueado durante más de una década: reactivar uno de los mayores proyectos hidroeléctricos de la región, poner nuevamente en movimiento equipamiento argentino y recuperar un negocio internacional que llevaba 13 años congelado.

Para la segunda, la del Consenso de Ginebra, hay un eje fuerte para El Liberador: “Milei alineó a la Argentina con más de 40 países en defensa de la vida y la familia”, explicando además que la adhesión sostiene que no existe un derecho internacional al aborto, pero no modifica por sí misma la actual ley argentina de IVE.

icono
el.liberador.diario@gmail.com |  + posts
Compartí esta noticia

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *