Baruj Spinoza: la razón como camino hacia la libertad

El filósofo neerlandés desafió los dogmas de su tiempo y convirtió a la razón en una herramienta para comprender al hombre y defender su libertad. Su pensamiento, formulado hace casi cuatro siglos, conserva una sorprendente vigencia.

Baruj Spinoza

Cuando Einstein daba alguna conferencia en las numerosas universidades de Estados Unidos, una pregunta recurrente que le hacían los estudiantes era:

—¿Cree usted en Dios?

Y él siempre respondía:

—Creo en el Dios de Spinoza.

Quien no había leído a Spinoza probablemente se quedaba en las mismas.

Baruj de Spinoza fue un filósofo neerlandés considerado uno de los grandes racionalistas de la filosofía del siglo XVII, junto con figuras como René Descartes.

Aquí, algo de él.

El Dios o la naturaleza de Spinoza

Dios hubiera dicho:

¡Deja ya de estar rezando y dándote golpes en el pecho!

Lo que quiero que hagas es que salgas al mundo a disfrutar de tu vida.

Quiero que goces, que cantes, que te diviertas y que disfrutes de todo lo que he hecho para ti.

¡Deja ya de ir a esos templos lúgubres, oscuros y fríos que tú mismo construiste y que dices que son mi casa!

Mi casa está en las montañas, en los bosques, los ríos, los lagos y las playas. Ahí es donde vivo y ahí expreso mi amor por ti.

¡Deja ya de culparme de tu vida miserable! Yo nunca te dije que había algo malo en ti, que eras un pecador o que tu sexualidad fuera algo malo.

El sexo es un regalo que te he dado y con el que puedes expresar tu amor, tu éxtasis y tu alegría. Así que no me culpes por todo lo que te han hecho creer.

Deja ya de estar leyendo supuestas escrituras sagradas que nada tienen que ver conmigo. Si no puedes leerme en un amanecer, en un paisaje, en la mirada de tus amigos o en los ojos de tu hijo, ¡no me encontrarás en ningún libro!

Confía en mí y deja de pedirme. ¿Me vas a decir a mí cómo hacer mi trabajo?

Deja de tenerme tanto miedo. Yo no te juzgo, ni te critico, ni me enojo, ni me molesto, ni castigo. Yo soy puro amor.

Deja de pedirme perdón, no hay nada que perdonar. Si yo te hice, si yo te llené de pasiones, limitaciones, placeres, sentimientos, necesidades, incoherencias y libre albedrío, ¿cómo puedo culparte si respondes a algo que yo puse en ti?

¿Cómo puedo castigarte por ser como eres, si yo soy quien te hizo? ¿Crees que podría crear un lugar para quemar a todos mis hijos que se porten mal por el resto de la eternidad?

¿Qué clase de Dios podría hacer eso?

Olvídate de cualquier tipo de mandamientos o leyes. Esas son artimañas para manipularte y controlarte que solo crean culpa en ti.

Respeta a tus semejantes y no hagas lo que no quieras para ti. Lo único que te pido es que pongas atención en tu vida y que tu estado de alerta sea tu guía.

Amado mío, esta vida no es una prueba, ni un escalón, ni un paso en el camino, ni un ensayo ni un preludio hacia el paraíso.

Esta vida es lo único que hay aquí y ahora y lo único que necesitas.

Te he hecho absolutamente libre. No hay premios ni castigos, no hay pecados ni virtudes, nadie lleva un marcador ni un registro.

Eres absolutamente libre para crear en tu vida un cielo o un infierno.

No podría decirte si hay algo después de esta vida, pero puedo darte un consejo: vive como si no lo hubiera. Como si esta fuera tu única oportunidad de disfrutar, de amar y de existir.

Así, si no hay nada, habrás disfrutado de la oportunidad que te di. Y, si lo hay, ten por seguro que no te voy a preguntar si te portaste bien o mal. Te preguntaré: ¿te gustó?, ¿te divertiste?, ¿qué fue lo que más disfrutaste?, ¿qué aprendiste?

Deja de creer en mí. Creer es suponer, adivinar, imaginar. Yo no quiero que creas en mí: quiero que me sientas en ti.

Quiero que me sientas cuando besas a tu amada, cuando arropas a tu hija, cuando acaricias a tu perro, cuando te bañas en el mar.

Deja de alabarme. ¿Qué clase de Dios ególatra crees que soy?

Me aburre que me alaben, me harta que me agradezcan. ¿Te sientes agradecido? Demuéstralo cuidando de ti, de tu salud, de tus relaciones y del mundo.

¿Te sientes maravillado, sobrecogido? ¡Expresa tu alegría! Esa es la forma de alabarme.

Deja de complicarte las cosas y de repetir como un loro lo que te han enseñado acerca de mí.

Lo único seguro es que estás aquí, que estás vivo y que este mundo está lleno de maravillas.

¿Para qué necesitas más milagros? ¿Para qué tantas explicaciones?

No me busques afuera, no me encontrarás. Búscame dentro: ahí estoy, latiendo en ti.

Razonar es ser libre, y ser libre es poder disfrutar de la vida y de tu esfuerzo.

Un librepensador adelantado a su época

Baruch Spinoza, también conocido como Baruj, Bento, Benito, Benedicto o Benedictus Spinoza —o Espinosa, según las distintas traducciones de su nombre—, fue un filósofo neerlandés de origen sefardí. Su nombre en portugués era Benedito de Espinosa.

Nació el 24 de noviembre de 1632 en Ámsterdam, Países Bajos, y falleció el 21 de febrero de 1677 en La Haya. Entre las influencias de su pensamiento aparecen René Descartes, Platón y Aristóteles. Su obra más reconocida es Ética.

Decir que Spinoza llevó el racionalismo hasta sus máximas consecuencias puede resultar conocido. Sin embargo, una afirmación tan general no necesariamente alcanza para describir el estructurado y profundo pensamiento de este filósofo de origen judío-hispánico establecido en Holanda.

Su vida y su obra reflejan no solo un verdadero compromiso intelectual, sino también un cuestionamiento coherente a los dogmas y privilegios de su tiempo. Tal vez por eso Toni Negri llegó a describirlo como un pensador subversivo.

El pensamiento de Spinoza es, a la vez, profundamente conciliador y muestra una faceta del hombre que pocos se habían atrevido a indagar.

Sus frases tienen esa singular combinación de sencillez y profundidad que solo producen las grandes inteligencias. Filósofos como Hegel y Schelling llegaron a considerarlo uno de los padres del pensamiento moderno.

Su familia, judía, había sido perseguida durante generaciones, con antecedentes de desplazamientos por España, Portugal y Francia. Fue en Holanda donde encontró finalmente un ambiente que le permitió establecerse. Quizás allí pueda encontrarse una de las razones por las que la religión ocupa un lugar tan importante dentro de su pensamiento.

Pero lo de Spinoza no era propagar creencias religiosas, sino cuestionarlas.

Por eso fue expulsado de la comunidad judía y varias de sus obras fueron prohibidas. Tras su muerte, fueron sus amigos quienes publicaron buena parte del material que había escrito. Muchas de aquellas reflexiones conservan una notable lucidez incluso en nuestros días.

Razón, libertad y pensamiento crítico

Spinoza fue un librepensador adelantado a su época. Lo suyo no eran los dogmas, los prejuicios ni las creencias sin sustento.

Su espíritu liberal otorgaba a sus planteamientos un profundo sentido crítico.

De allí una de sus frases:

“Existe tanta diferencia entre las cabezas como entre los paladares”.

Esta pequeña declaración a favor de la diversidad de pensamiento difícilmente podía encontrar aceptación generalizada entre sus contemporáneos.

Spinoza fue un gran defensor de la razón en un momento de la historia en el que hacerlo era particularmente difícil.

Y la razón es una herramienta fundamental en la defensa de la vida, la libertad y la propiedad, trilogía que constituye una de las bases del liberalismo y, en consecuencia, del desarrollo de las sociedades libres.

Quizás una de sus reflexiones sintetice mejor que ninguna otra esa manera de observar al ser humano:

“He procurado diligentemente no reírme de las acciones humanas, ni llorarlas, ni abominar de ellas, sino comprenderlas”.

—Baruj Spinoza

Miguel A. Morra
Miguel A. Morra
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