Argentina se prepara para volver a producir uranio tras casi 30 años
La CNEA avanza con la remediación ambiental de Sierra Pintada, el mayor yacimiento conocido del país. Argentina dejó de producir uranio en 1997 y desde entonces depende de importaciones para abastecer su ciclo nuclear.
El Gobierno nacional avanza con una pieza estratégica de su política nuclear: la recuperación del Complejo Minero Fabril Sierra Pintada, en San Rafael, Mendoza, con el objetivo de completar la remediación ambiental del predio y dejar abiertas las condiciones para que Argentina pueda volver a producir uranio después de casi tres décadas.
Las obras están a cargo de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) y actualmente se concentran en el tratamiento de los pasivos ambientales acumulados durante los años de explotación. Se trata de una etapa indispensable antes de discutir cualquier eventual reanudación comercial de la actividad minera.
El proyecto incluye el tratamiento del agua acumulada en las canteras y la gestión de residuos sólidos vinculados con la antigua producción. Entre los trabajos más recientes aparecen la instalación de tanques correspondientes a la planta destinada a remover radio y arsénico, la construcción de su techo y las excavaciones para una nueva línea de media tensión.
Sierra Pintada ocupa un lugar central en la historia nuclear argentina. Entre 1975 y 1997 se extrajeron y procesaron allí unas 1.600 toneladas de uranio, alrededor del 20% del recurso que se estima existente en el sitio. La propia CNEA lo considera actualmente el mayor depósito de uranio conocido del país.
El dato adquiere todavía mayor relevancia por lo ocurrido desde su cierre. Argentina no produce uranio desde 1997 y desde entonces todo el concentrado necesario para alimentar el ciclo de combustible nuclear debe ser importado. Entre 1952 y 1997, el país había producido alrededor de 2.600 toneladas destinadas fundamentalmente al abastecimiento interno.
La administración de Javier Milei incluyó la recuperación de la producción uranífera entre los objetivos de su estrategia nuclear. El interés no es solamente energético: el uranio volvió a ganar relevancia internacional por el crecimiento proyectado de la generación nuclear y por su condición de mineral estratégico. Argentina cuenta además con una cartera creciente de proyectos exploratorios en diferentes provincias.
Para el país, volver a extraer uranio permitiría reducir una dependencia externa que lleva casi 30 años. Las tres centrales nucleares argentinas funcionan actualmente con combustible elaborado localmente en distintas etapas, pero utilizando concentrado de uranio adquirido en el exterior. En 2024, las compras externas de ese insumo alcanzaron unos u$s33,2 M.
La posibilidad de reactivar Sierra Pintada, sin embargo, depende primero del cumplimiento de las exigencias ambientales y regulatorias. La CNEA tiene la responsabilidad legal de remediar los sitios donde existió minería uranífera y las soluciones deben ser aprobadas por la Autoridad Regulatoria Nuclear y los organismos provinciales correspondientes.
Ese proceso incluye reducir las concentraciones de uranio, radio y arsénico en el agua de cantera y recuperar el material aprovechable contenido en residuos sólidos. Las futuras etapas deberán contar también con estudios de impacto ambiental y las autorizaciones pertinentes.
El objetivo político y productivo aparece, de todos modos, cada vez más claro: Argentina quiere dejar atrás casi tres décadas sin producción propia de uranio.
Sierra Pintada fue la última mina uranífera en actividad del país y ahora vuelve a quedar en el centro de una estrategia que busca recuperar capacidades que Argentina tuvo durante buena parte de la segunda mitad del siglo XX.
Antes habrá que terminar de resolver la herencia ambiental de aquella explotación.
Pero las obras ya avanzan y el Gobierno pretende que, una vez cumplidos todos los requisitos, el uranio argentino vuelva a salir del subsuelo nacional en lugar de llegar exclusivamente desde el exterior.
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