Japón habilitó la carne argentina de todo el país y abre un mercado de más de u$s3.000 M
Después de dos décadas de negociaciones, ambos países acordaron las condiciones sanitarias para incorporar la producción de las zonas donde se vacuna contra la fiebre aftosa. Hasta ahora, sólo podía ingresar mercadería proveniente de la Patagonia. Antes de los primeros embarques deberán completarse auditorías y habilitarse los frigoríficos.
La carne vacuna argentina dio un nuevo paso en su expansión internacional. Japón acordó habilitar el ingreso de productos bovinos provenientes de todo el territorio nacional, después de un proceso de negociaciones que comenzó hace dos décadas y que recibió un nuevo impulso a partir de 2024.
La Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca confirmó que las autoridades de ambos países cerraron los requisitos sanitarios para exportar carne bovina y lengua desde la zona libre de fiebre aftosa con vacunación. De esta manera, las principales regiones ganaderas del centro y norte argentino podrán acceder por primera vez al mercado japonés bajo este esquema.
El acuerdo adquiere relevancia por el tamaño y las características del destino: Japón compra anualmente carne vacuna por más de u$s3.000 M y aplica requisitos sanitarios y de calidad particularmente exigentes.
El ministro de Economía, Luis Caputo, celebró el anuncio a través de X y señaló que la apertura representa nuevas posibilidades para la producción y las exportaciones argentinas. También sostuvo que el entendimiento constituye un reconocimiento al sistema sanitario nacional.
Veinte años de negociaciones
El proceso para conseguir el acceso integral al mercado japonés comenzó formalmente en 2006.
La situación había tenido un avance parcial en 2018, cuando Japón permitió importar carne y productos cárnicos provenientes de la Patagonia, región reconocida como libre de fiebre aftosa sin vacunación. Sin embargo, esa zona representa una porción reducida de la producción bovina exportable argentina.
El verdadero objetivo era conseguir que Japón reconociera también las garantías sanitarias de la región ubicada al norte de esa zona, donde se concentra buena parte de la ganadería nacional y se mantiene la vacunación contra la enfermedad.
Ese proceso atravesó distintas instancias técnicas hasta que, en febrero de este año, el Consejo de Sanidad Animal de Japón dio uno de los pasos decisivos: concluyó que el riesgo de ingreso de fiebre aftosa mediante carne bovina deshuesada procedente del norte argentino era extremadamente bajo siempre que se respetaran las condiciones sanitarias establecidas.
El entendimiento anunciado ahora completa un procedimiento compuesto por 12 etapas y permite incorporar al mercado japonés la producción bovina de todo el país.
Un mercado de alto valor
La importancia de Japón no radica solamente en el volumen que importa sino también en el perfil de sus consumidores.
Se trata de un mercado acostumbrado a comprar carne de alta calidad y en el que participan algunos de los principales países productores del mundo. Para la Argentina, el ingreso de una mayor cantidad de cortes representa la posibilidad de diversificar destinos y ampliar las ventas hacia mercados de mayor valor.
El acuerdo se conoce, además, en un momento favorable para las exportaciones argentinas de proteínas animales. Entre enero y julio de 2026 alcanzaron u$s3.464 millones, el registro más elevado para ese período de los últimos diez años. Dentro de ese resultado, el complejo bovino aumentó un 37% interanual en valor, según información oficial elaborada sobre datos de INDEC.
Las ventas externas de carne vacuna también vienen beneficiándose de una mejora de los precios internacionales. Entre enero y julio, las exportaciones bovinas sumaron alrededor de u$s2.768 millones.
China continúa siendo ampliamente el principal destino en volumen, pero la búsqueda de compradores de mayor poder adquisitivo constituye uno de los objetivos históricos de la industria frigorífica.
Japón aparece precisamente dentro de esa categoría.
Los embarques todavía no comienzan
La apertura anunciada no implica que los frigoríficos puedan empezar a despachar mercadería inmediatamente.
El próximo paso será una auditoría de las autoridades sanitarias japonesas en la Argentina, que deberá verificar el funcionamiento del sistema y posteriormente habilitar los establecimientos que quieran exportar.
Por eso, todavía resta completar esa instancia antes de que salgan los primeros contenedores desde las nuevas zonas autorizadas.
El presidente del Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina (IPCVA), Georges Breitschmitt, estimó que los primeros embarques podrían concretarse durante el primer trimestre de 2027, una vez superados esos controles.
La apertura sanitaria tampoco garantiza por sí sola cuánto podrá vender la Argentina. Los volúmenes dependerán de cuestiones comerciales como precios, aranceles, capacidad de los frigoríficos y demanda de los importadores japoneses.
Pero elimina una barrera que durante años dejó afuera del mercado a la mayor parte de la producción nacional.
Una negociación que tomó impulso desde 2024
Según Agricultura, las conversaciones recibieron una nueva prioridad a partir de 2024 y durante los últimos dos años se intensificaron las gestiones políticas, diplomáticas y sanitarias.
Participaron del proceso la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca, el SENASA y la Cancillería, con misiones a Tokio, reuniones con autoridades del Ministerio de Agricultura japonés, encuentros internacionales y visitas de funcionarios y parlamentarios nipones a la Argentina.
El anuncio definitivo se produjo precisamente durante una misión argentina en Tokio, donde también hubo reuniones con potenciales importadores y una actividad promocional organizada por la Embajada argentina y el IPCVA.
La apertura para la carne vacuna se suma a otros avances recientes con Japón. A comienzos de septiembre, el país asiático también había levantado las restricciones para el ingreso de carne aviar y ovoproductos argentinos, luego de evaluar la información sanitaria presentada por el SENASA.
Para la producción ganadera nacional, la consecuencia inmediata es concreta: los frigoríficos de las principales regiones bovinas del país pasan a tener la posibilidad de competir por un mercado que hasta ahora estaba prácticamente reservado para la producción patagónica.
Después de veinte años de gestiones, queda ahora el último tramo: superar las auditorías, habilitar las plantas y convertir la apertura sanitaria en exportaciones efectivas hacia uno de los destinos más exigentes del mundo.
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