Franco Bartolacci habla de «fase terminal»: cobrar u$s1.000 a extranjeros por año dejaría hasta u$s6,8 M para la UNR, ¿cuánto sale estudiar en Brasil?

La UNR llegó a registrar más de 6.000 alumnos extranjeros y Medicina concentra el grueso. Un aporte de apenas u$s1.000 anuales sobre todo ese universo representaría hasta u$s6,8 M por año.

Franco Bartolacci rector UNR Ley Universitaria Universidad Nacional de Rosario

El rector de la Universidad Nacional de Rosario (UNR), Franco Bartolacci, volvió a hacer política con la presunta situación presupuestaria de las universidades nacionales. Lejos de auditar gastos y ser más eficientes, tal como sugirió el presidente Javier Milei, Días atrás aseguró que el sistema está entrando en una «fase terminal» y advirtió que seguirán con los paros perjudicando a los estudiantes, como por ejemplo a través de la marcha que convocan para el próximo 15 de octubre y que el rector organiza.

En ese sentido, hay una discusión que merece salir de debajo de la alfombra: Cuánto podría recaudar la propia UNR mediante un aporte, incluso simbólico, de los miles de estudiantes extranjeros que cursan gratuitamente carreras financiadas con fondos públicos argentinos.

No se trata de imaginar aranceles similares a los de universidades privadas extranjeras, que son muchísimo más altos. Basta hacer la cuenta con u$s1.000 por año, equivalentes a apenas u$s83 mensuales por estudiar una carrera de grado. Inexistente incluso en los países vecinos.

El resultado es difícil de ignorar.

Un cuadro elaborado por la Subsecretaría de Políticas Universitarias y difundido por el Gobierno nacional en julio consignó 6.838 estudiantes extranjeros en la UNR, de los cuales 4.517 cursaban en la Facultad de Ciencias Médicas, la mayoría brasileños. La propia Universidad cuestionó posteriormente el criterio estadístico utilizado por Nación, pero los números pusieron nuevamente sobre la mesa una realidad que nadie discute: Rosario es uno de los principales polos universitarios del país para alumnos provenientes del exterior.

Aplicado hipotéticamente sobre esos 6.838 estudiantes, un aporte de sólo u$s1.000 anuales generaría u$s6,8 M por año. No u$s10.000. No u$s20.000. Apenas u$s1.000 anuales.

Y sólo en Medicina, tomando los 4.517 extranjeros contabilizados por el relevamiento nacional, la misma contribución representaría u$s4,5 M por año.

Qué muestran los datos de la propia UNR

Para conocer cómo se distribuyen los extranjeros facultad por facultad hay que recurrir al último desglose integral publicado oficialmente por la Universidad, correspondiente al año académico 2023.

Ese informe registró 6.241 estudiantes extranjeros en total. Pero allí hay una aclaración indispensable: esa cifra incluye grado, pregrado, posgrado e intercambio.

Para analizar específicamente las carreras universitarias de grado y pregrado, el universo era de 5.809 extranjeros.

La distribución era la siguiente:

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Bartolacci habla de “fase terminal”: cobrar u$s1.000 a extranjeros dejaría hasta u$s6,8 M

Bajada: El rector de la UNR asegura que el sistema corre riesgo hasta para pagar los servicios básicos. Mientras tanto, un relevamiento nacional contabilizó 6.838 alumnos extranjeros en la casa de estudios. Un aporte anual de apenas u$s1.000 abriría una fuente millonaria de recursos, aunque la legislación actual sólo permite cobrarles a quienes no tienen residencia permanente.

El rector de la Universidad Nacional de Rosario (UNR), Franco Bartolacci, volvió a pintar un panorama casi terminal para las universidades públicas argentinas. “Estamos entrando en una fase terminal”, aseguró días atrás, y advirtió que, sin mayores partidas, las casas de estudios podrían llegar a tener dificultades incluso para pagar luz, agua y gas.

La discusión presupuestaria existe y los números del sistema universitario merecen ser discutidos. Pero mientras Bartolacci concentra prácticamente toda su prédica en reclamar más recursos al Estado nacional, hay otra pregunta que la conducción universitaria prefiere mantener lejos del centro del debate: ¿cuánto podría recaudar la UNR si los miles de estudiantes extranjeros que utilizan gratuitamente el sistema realizaran un aporte anual, incluso mínimo, por su formación?

No se trata de imaginar aranceles similares a los de universidades privadas extranjeras. Basta hacer la cuenta con u$s1.000 por año, equivalentes a apenas u$s83 mensuales.

El resultado es difícil de ignorar.

Un cuadro elaborado por la Subsecretaría de Políticas Universitarias y difundido por el Gobierno nacional en julio consignó 6.838 estudiantes extranjeros en la UNR, de los cuales 4.517 cursaban en la Facultad de Ciencias Médicas. La propia Universidad cuestionó posteriormente el criterio estadístico utilizado por Nación, pero los números pusieron nuevamente sobre la mesa una realidad que nadie discute: Rosario es uno de los principales polos universitarios del país para alumnos provenientes del exterior.

Aplicado hipotéticamente sobre esos 6.838 estudiantes, un aporte de sólo u$s1.000 anuales generaría u$s6,8 M por año.

No u$s10.000. No u$s20.000. Apenas u$s1.000 anuales.

Y sólo en Medicina, tomando los 4.517 extranjeros contabilizados por el relevamiento nacional, la misma contribución representaría u$s4,5 M por año.

Qué muestran los datos de la propia UNR

Para conocer cómo se distribuyen los extranjeros facultad por facultad hay que recurrir al último desglose integral publicado oficialmente por la Universidad, correspondiente al año académico 2023.

Ese informe registró 6.241 estudiantes extranjeros en total. Pero allí hay una aclaración indispensable: esa cifra incluye grado, pregrado, posgrado e intercambio.

Para analizar específicamente las carreras universitarias de grado y pregrado, el universo era de 5.809 extranjeros.

La distribución era la siguiente:

Unidad académica
Extranjeros de pregrado y grado
Recaudación hipotética con u$s1.000 anuales
Ciencias Médicas
4.717
u$s4,7 M
Humanidades y Artes
179
u$s179.000
Exactas, Ingeniería y Agrimensura
153
u$s153.000
Económicas y Estadística
145
u$s145.000
Arquitectura
135
u$s135.000
Ciencia Política y RR.II.
127
u$s127.000
Psicología
110
u$s110.000
Derecho
84
u$s84.000
Odontología
50
u$s50.000
Bioquímicas y Farmacéuticas
32
u$s32.000
Veterinarias
26
u$s26.000
Ciencias Agrarias
18
u$s18.000
Escuela Superior de Comercio
5
u$s5.000
Instituto Politécnico Superior
28
u$s28.000
Total
5.809
u$s5,8 M

Los números surgen del Boletín Estadístico Nº75 de la propia UNR. El mismo documento contabilizó otros 372 extranjeros en posgrados y 60 en programas de intercambio, hasta alcanzar el total general de 6.241.

La enorme concentración en Ciencias Médicas salta a la vista. Más de ocho de cada diez extranjeros de grado y pregrado registrados en aquel relevamiento estudiaban allí.

Y el fenómeno no desapareció después.

Los datos nacionales correspondientes a 2024 contabilizaron 6.206 extranjeros entre 104.357 alumnos de pregrado y grado de la UNR, equivalentes al 6% de su matrícula. El último anuario disponible del sistema universitario nacional sigue siendo precisamente el adelanto correspondiente a 2024.

Luego apareció el relevamiento difundido en 2026 con los mencionados 6.838 extranjeros.

Es decir: más allá de las diferencias metodológicas entre Nación y la UNR, estamos hablando de miles de estudiantes provenientes de otros países que encuentran en Rosario la posibilidad de cursar una carrera universitaria sin pagar matrícula.

Medicina, el caso más evidente

El caso de Ciencias Médicas es especialmente ilustrativo.

El Gobierno nacional informó que había 4.517 estudiantes extranjeros sobre 13.969 alumnos considerados, un 32,3%. La Facultad cuestionó esa metodología porque el cálculo utilizaba reinscriptos y defendió otros universos estadísticos.

Sin embargo, el propio decano Jorge Molinas admitió que, bajo el criterio de reinscripciones utilizado por la Facultad, existen aproximadamente 3.000 extranjeros entre 10.000 estudiantes, es decir, cerca del 30%.

También señaló que entre los aproximadamente 2.200 alumnos que comenzaron Medicina durante 2026, unos 600 provenían de otros países. Tomadas literalmente, esas cifras representan cerca del 27% de los ingresantes.

Molinas agregó otro dato todavía más revelador: cerca del 80% de los estudiantes extranjeros de Medicina son brasileños.

Y allí aparece una comparación inevitable.

¿Cuánto cuesta estudiar Medicina en Brasil?

Brasil también posee universidades públicas gratuitas. Su Constitución establece expresamente la gratuidad de la enseñanza pública en establecimientos oficiales. Por lo tanto, sería incorrecto afirmar que todo brasileño debe pagar para estudiar Medicina en su país.

La diferencia es otra: conseguir una vacante en Medicina dentro del sistema público brasileño es extremadamente competitivo y muy difícil, mientras que la alternativa privada puede alcanzar cifras enormes para afrontar para las familias de clase media.

Como ejemplo, la Pontifícia Universidade Católica do Rio Grande do Sul (PUCRS), por ejemplo, publica para Medicina en 2026 una primera cuota semestral de R$12.087,55 y otras cinco de R$10.878,68.

Eso representa alrededor de R$66.481 por semestre y, manteniendo el mismo esquema durante los dos semestres, aproximadamente R$132.962 por año.

Al cambio actual, son aproximadamente u$s26.600 anuales.

Frente a eso, cobrar u$s1.000 por año en la UNR significaría aproximadamente el 3,8% de ese costo.

Dicho de otra manera, incluso después de pagar ese hipotético arancel, un brasileño que estudiara Medicina en Rosario continuaría pagando por su carrera una fracción diminuta de lo que debería desembolsar en una universidad brasileña de primera línea.

Y la UNR incorporaría millones de dólares adicionales a sus recursos.

Cuando falta plata, también hay que discutir cómo generarla

La propia UNR aprobó para 2026 un presupuesto en el que destinó $1.000 M a Ciencia, Tecnología e Innovación, decisión que presentó como una inversión récord para el área.

Al mismo tiempo, Bartolacci sostiene ahora que las universidades están ingresando en una “fase terminal” y que sin una recomposición presupuestaria podrían tener problemas hasta para afrontar sus servicios básicos.

Es perfectamente legítimo que un rector reclame los fondos que considera necesarios y exija el cumplimiento de las leyes vigentes.

Pero también es legítimo preguntarle por qué, en medio de semejante emergencia, cualquier discusión sobre fuentes complementarias de financiamiento parece convertirse automáticamente en un sacrilegio.

La cuenta es demasiado sencilla.

Con los 5.809 extranjeros de grado y pregrado que la propia UNR registraba en 2023, el aporte hipotético hubiera sido de u$s5,8 M anuales.

Con los 6.206 registrados para 2024, ascendería a u$s6,2 M.

Y tomando los 6.838 extranjeros consignados por el relevamiento nacional difundido este año, alcanzaría los u$s6,8 M anuales.

Todo cobrando apenas u$s1.000 al año.

Incluso podría diseñarse un sistema mucho más sofisticado: reciprocidad con países que brinden iguales condiciones a argentinos, becas completas para quienes acrediten necesidad económica, exenciones para residentes de larga duración y un arancel únicamente para determinados estudiantes internacionales.

Lo que resulta cada vez más difícil de sostener es que la única alternativa imaginable sea pedir cada vez más dinero al contribuyente argentino mientras cualquier mecanismo adicional de financiamiento queda prohibido hasta como tema de conversación.

Mucho más cuando una parte considerable de esos estudiantes llega desde Brasil y, en caso de recurrir a determinadas universidades privadas de su país, podría enfrentar matrículas superiores a u$s26.000 anuales.

Frente a semejantes valores, u$s1.000 por año no parece un arancel confiscatorio ni una privatización encubierta. Parece, más bien, una contribución prácticamente simbólica.

Y si Bartolacci realmente considera que la universidad está a punto de no poder pagar siquiera la luz, el agua o el gas, quizá además de señalar permanentemente a la Casa Rosada haya llegado el momento de discutir cómo gastar mejor, achicar la planta militante, los fondos a la Franja Morada y en cambios pagarle un salario más digno a los docentes, y sobre todo cómo conseguir recursos sin que toda la factura termine, una vez más, en el bolsillo del contribuyente argentino. Especialmente, para financiarle la educación a extranjeros que en su gran mayoría luego abandonan el país sin prestar servicios a la Nación que les brindó educación gratis.

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