Los escandalosos números de la UNR que el rector Bartolacci no quiere que se auditen

Durante un contundente cruce televisivo, un referente estudiantil expuso las flagrantes contradicciones de las autoridades universitarias frente al pedido de auditorías. Gastos discrecionales, contratos millonarios de movilidad y pésimos índices de terminalidad académica que exponen un sistema estructurado para retener recursos a costa de los contribuyentes.

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La discusión en torno al financiamiento y la transparencia en las universidades nacionales sumó un nuevo capítulo de alto voltaje político. En un encendido debate televisivo, quedó al desnudo el doble discurso de la dirigencia universitaria tradicional frente a las exigencias de control estatal. El foco apuntó directamente a Franco Bartolacci, rector de la Universidad Nacional de Rosario (UNR) y una de las figuras más reticentes a someter las cuentas públicas a las auditorías correspondientes.

Lejos de los discursos épicos en defensa de la «educación pública» que utilizan las cúpulas gremiales y rectorales para blindar sus privilegios, el intercambio expuso con números fríos la realidad que se esconde detrás de las paredes de las facultades.

El contraste entre el ajuste al estudiante y el lujo de la casta

Mientras los claustros reclaman permanentemente por partidas presupuestarias y argumentan ahogo financiero, la administración de la UNR priorizó y prioriza gastos suntuosos e injustificables en plena crisis:

  • Contratos millonarios de movilidad: Se cuestionaron los onerosos contratos de servicios de traslado y choferes institucionales por cifras multimillonarias (cercanas a los 14 millones de pesos), evidenciando que los recursos económicos siempre aparecen para el confort de la burocracia jerárquica.
  • Prioridades alejadas de la academia: A esto se suman gastos discrecionales de gestión —como la millonaria inversión destinada a la construcción de baños inclusivos en facultades como Psicología— mientras las necesidades edilicias generales y los insumos básicos de los estudiantes son desatendidos.

«Estudiantes fantasma» y baja eficiencia: el negocio de inflar los padrones

El aspecto más grave expuesto durante el debate radica en el colapso del sistema de terminalidad educativa y los incentivos perversos que rigen en el esquema universitario actual.

Las estadísticas estructurales de la UNR y del sistema público expuestas en la discusión demuestran una crisis de eficiencia terminal alarmante:

  • Desgranamiento masivo: En facultades clave, un porcentaje altísimo de los ingresantes (hasta el 75%) no logra graduarse en tiempo y forma, mientras que más de la mitad de los alumnos no aprueba ni una sola materia en el año.
  • El negocio de la inactividad: El sistema de financiamiento actual premia la acumulación de padrones abultados. La permanencia indefinida de «estudiantes fantasma» que no cumplen con criterios mínimos de regularidad ni rinden materias se utiliza para justificar la asignación de presupuestos más elevados y sostener estructuras sobredimensionadas.

La resistencia cerrada de dirigentes como Bartolacci a ser auditados por los organismos del Estado no hace más que confirmar lo que los datos sugieren: el verdadero temor de la casta universitaria no es el desfinanciamiento de la educación, sino la pérdida de los privilegios y el manejo discrecional de fondos públicos sin rendir cuentas a los argentinos que los sostienen con sus impuestos.

Ignacio Weisser
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