Flávio Bolsonaro promete ir más allá de Bukele: «El Salvador es poco» para su plan contra el crimen en Brasil

El candidato del PL, que disputará el balotaje contra Lula da Silva el 25 de octubre, anticipó una política de seguridad basada en más cárceles, penas más duras y restricciones para delincuentes violentos. Ya había estudiado de cerca el modelo salvadoreño, pero ahora asegura que Brasil necesita un esquema todavía más severo.

Flavio Bolsonaro

La seguridad pública volvió a instalarse en el centro de la campaña presidencial brasileña. Flávio Bolsonaro, candidato del Partido Liberal y ganador de la primera vuelta, aseguró que en caso de llegar al Palacio del Planalto impulsará un modelo de combate contra el delito que pretende ser incluso más severo que el aplicado por Nayib Bukele en El Salvador.

“Aquellos que creen que soy radical en seguridad pública todavía no vieron nada. Ya estoy conversando con Derrite porque estoy pensando que El Salvador es poco”, afirmó Bolsonaro durante un encuentro realizado el martes en el Club Atlético Monte Líbano, en San Pablo. La referencia fue al senador electo Guilherme Derrite, exsecretario de Seguridad Pública del estado de San Pablo y uno de los dirigentes que podría tener influencia sobre esa área en un eventual gobierno del PL.

La frase no apareció aislada. Bolsonaro viene construyendo desde hace meses una plataforma electoral en la que la lucha contra las organizaciones criminales ocupa un lugar prioritario.

Más cárceles y penas más extensas

El programa contempla la creación de más de 500.000 nuevas plazas penitenciarias durante cuatro años, cinco establecimientos federales de máxima seguridad inspirados en el esquema salvadoreño y mayores restricciones a los beneficios de salida anticipada para determinados delitos.

También propone reducir de 18 a 16 años la edad de responsabilidad penal y permitir sanciones más severas desde los 14 años en casos especialmente graves, como homicidio, violación, tráfico y tortura. Otra de sus iniciativas es la denominada castración química para condenados por delitos sexuales, una medida que enfrenta cuestionamientos constitucionales y de organizaciones de derechos humanos.

Durante su intervención del martes, Bolsonaro agregó una propuesta para elevar a ocho años la pena mínima por robo de teléfonos celulares y defendió que las personas condenadas trabajen durante su permanencia en prisión.

El modelo Bukele como punto de partida

La referencia a El Salvador no es nueva. En agosto, Bolsonaro mantuvo una reunión en San Pablo con Gustavo Villatoro, ministro de Justicia y Seguridad Pública de Bukele, para conocer en detalle el esquema salvadoreño.

Después de aquel encuentro, el brasileño describió la experiencia como una inspiración para combatir a las grandes organizaciones criminales. Villatoro, por su parte, le señaló la importancia de contar con respaldo legislativo suficiente para introducir modificaciones penales y procesales de gran alcance.

El programa de Bukele consiguió una reducción extraordinaria de los homicidios en El Salvador y desarticuló buena parte del control territorial ejercido históricamente por las pandillas. Su política se basó en un estado de excepción, detenciones masivas y la construcción del Centro de Confinamiento del Terrorismo (CECOT).

Al mismo tiempo, organizaciones internacionales denunciaron detenciones arbitrarias, torturas y restricciones del debido proceso. Esa controversia deberá necesariamente formar parte del debate brasileño, porque muchas de las herramientas empleadas en El Salvador no podrían trasladarse de manera automática a Brasil sin reformas legislativas y controles constitucionales.

PCC y Comando Vermelho en la mira

Bolsonaro también propone declarar como organizaciones narcoterroristas al Primeiro Comando da Capital (PCC) y al Comando Vermelho, las dos estructuras criminales más poderosas de Brasil.

La iniciativa busca modificar el marco jurídico con el que el Estado combate a las facciones y ampliar la capacidad de las fuerzas federales para perseguirlas. Estados Unidos ha impulsado medidas semejantes contra determinados carteles latinoamericanos, mientras el gobierno de Lula se mostró contrario a algunas de esas clasificaciones por sus posibles consecuencias sobre la soberanía brasileña.

Seguridad en el centro del balotaje

El endurecimiento del discurso llega en plena segunda vuelta presidencial. Bolsonaro obtuvo en los comicios del 4 de octubre 47,03% de los votos válidos, frente al 45,16% de Lula, según el Tribunal Superior Electoral. El balotaje será el próximo 25 de octubre.

La seguridad se convirtió además en uno de los principales terrenos de disputa. Lula también endureció durante las últimas semanas su agenda en la materia y avanzó con medidas para bloquear comunicaciones ilegales desde establecimientos penitenciarios y reforzar las cárceles federales.

Flávio Bolsonaro, sin embargo, pretende diferenciarse ofreciendo un cambio mucho más profundo. Su última definición resume la dimensión de esa promesa: el modelo que convirtió a Bukele en referencia regional de mano dura ya no sería, para el candidato brasileño, un techo sino apenas un punto de partida.

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