Trump aprieta el cerco sobre Irán: nuevas sanciones golpean a su flota clandestina y a quienes la mantienen operativa

El Tesoro estadounidense fue contra abogados, agentes marítimos y nuevos buques utilizados para mover petróleo, petroquímicos y acero iraní. La ofensiva llega después de haber sancionado otros 17 barcos el 8 de octubre y busca secar las fuentes de financiamiento del régimen de Teherán.

Trump estrecho de Ormuz

La administración de Donald Trump intensificó nuevamente su campaña económica contra Irán y extendió las sanciones estadounidenses desde los buques de la denominada “flota fantasma” hasta las empresas, estudios jurídicos y agentes marítimos que permiten mantenerla en funcionamiento.

El Departamento del Tesoro anunció este 21 de octubre una nueva ronda dentro de la Operation Economic Outcast, la ofensiva lanzada por Washington para cortar los circuitos utilizados por Teherán para vender petróleo y otros productos pese a las restricciones internacionales.

El nuevo paquete alcanzó al estudio jurídico Karnakis and Karnakis, con operaciones en Grecia y Panamá, acusado por Washington de haber creado y registrado sociedades utilizadas como propietarias formales de barcos vinculados al comercio iraní.

También fueron sancionados agentes marítimos establecidos en Singapur y Emiratos Árabes Unidos, además de una nueva flota de embarcaciones involucradas en el transporte de productos iraníes.

El Tesoro sostiene que esas redes movieron durante años cientos de millones de dólares en petróleo, petroquímicos, acero y otros bienes.

Después de los barcos, Estados Unidos va por toda la estructura

La estrategia de Washington consiste ahora en atacar no solamente al buque que transporta el cargamento sino a toda la infraestructura que permite esconder quién está detrás de cada operación.

Eso incluye sociedades pantalla, estudios jurídicos, operadores navieros, agentes portuarios, bancos y prestadores de servicios.

Entre los barcos bloqueados en la última medida aparecen siete cargueros operados por Roxette Maritime Shipping and Trading, además de dos embarcaciones de apoyo pertenecientes a una compañía radicada en Dubai.

La decisión profundiza la ofensiva lanzada apenas dos semanas antes.

El 8 de octubre, el Tesoro había sancionado directamente 17 buques de la flota clandestina iraní, acusados de transportar millones de barriles de crudo, productos petroleros y petroquímicos hacia mercados de Asia.

Uno de ellos había movilizado más de 3 millones de barriles de nafta iraní desde 2025, mientras otra embarcación transportó más de 500.000 barriles de etileno.

La Casa Blanca busca que operar con Irán tenga un costo cada vez mayor incluso para empresas situadas fuera de Estados Unidos.

Las personas y compañías alcanzadas quedan con sus bienes bajo jurisdicción norteamericana bloqueados y enfrentan restricciones para operar con ciudadanos o empresas de Estados Unidos.

Además, bancos y compañías extranjeras que continúen facilitando determinadas operaciones pueden quedar expuestos a sanciones secundarias y perder acceso al sistema financiero estadounidense.

Cortar el dinero que sostiene al régimen

Para la administración Trump, el objetivo final no es simplemente reducir las exportaciones iraníes.

Washington sostiene que los ingresos obtenidos mediante la venta clandestina de hidrocarburos alimentan al aparato militar iraní, sus programas de armas y nucleares y las organizaciones armadas respaldadas por Teherán en Medio Oriente.

El régimen iraní desarrolló durante años una compleja estructura de evasión: buques con banderas de terceros países, transferencias de petróleo en alta mar, cambios de nombre, compañías creadas específicamente para ocultar beneficiarios y pagos canalizados a través de sistemas financieros paralelos.

Trump busca desmontar precisamente esa arquitectura.

La presión alcanzó también al circuito bancario. FinCEN, el organismo de inteligencia financiera estadounidense, abrió investigaciones sobre posibles vínculos de entidades europeas con estructuras iraníes y comenzó a exigir información sobre relaciones entre bancos y entidades financieras sancionadas.

La doctrina de la Casa Blanca es clara: ya no alcanza con no pertenecer formalmente al régimen iraní para quedar fuera del alcance de las sanciones.

Quien le preste un barco, una empresa pantalla, una cuenta bancaria o incluso servicios jurídicos para evadir las restricciones puede convertirse en el próximo objetivo.

Con las últimas medidas, Trump busca llevar a Teherán a una situación en la que cada barril que consiga vender clandestinamente resulte más difícil de transportar, cobrar y convertir en recursos para sostener al régimen.

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