Israel respondió al boicot británico: Smotrich pidió expulsar al embajador y Ben-Gvir exigió reconocer las Malvinas como argentinas
Dos ministros del gabinete de Netanyahu reclamaron duras represalias contra Londres por las restricciones comerciales dirigidas a los asentamientos judíos. El vínculo bilateral atraviesa una crisis inédita, aunque todavía no fue interrumpido formalmente.
La relación entre Israel y el Reino Unido ingresó en una etapa de máxima tensión después de que el gobierno laborista británico confirmara que prohibirá el comercio de productos procedentes de asentamientos israelíes en Judea y Samaria —Cisjordania—.
La decisión de Londres provocó una inmediata reacción dentro del gabinete de Benjamín Netanyahu. El ministro de Finanzas, Bezalel Smotrich, reclamó la expulsión del embajador británico, mientras que el titular de Seguridad Nacional, Itamar Ben-Gvir, pidió reconocer oficialmente la soberanía argentina sobre las Islas Malvinas e imponer sanciones contra el Reino Unido.
Pese a la escalada, hasta el momento no se produjo una ruptura formal de las relaciones diplomáticas. Las propuestas fueron formuladas públicamente por ambos ministros, pero todavía no fueron adoptadas como política oficial por el primer ministro Netanyahu ni por la Cancillería israelí.
Smotrich reclamó una respuesta inmediata
La primera reacción llegó por parte de Smotrich, quien exigió que el representante diplomático británico fuera expulsado de Israel.
“¡Expulsen al embajador británico esta misma noche!”, escribió el funcionario en su cuenta de X. Luego acusó al gobierno de Londres de antisemitismo y afirmó que Israel no aceptará convertirse en “un felpudo” de las autoridades británicas.
El ministro cerró su mensaje con una referencia directa al dominio que el Reino Unido ejerció sobre la región durante el siglo pasado: “El Mandato Británico en la Tierra de Israel ha terminado”.
El planteo se conoció después de que Londres avanzara con una prohibición sobre los bienes elaborados en asentamientos israelíes y anticipara nuevas sanciones contra individuos e instituciones relacionados con esas comunidades.
El gobierno británico sostiene que la medida busca preservar la posibilidad de crear un Estado palestino y cuestiona especialmente el desarrollo israelí conocido como E1, situado cerca de Jerusalén. Israel, por su parte, considera a la zona un territorio disputado y defiende el vínculo histórico del pueblo judío con esas tierras.
Aunque el impacto comercial directo sería limitado, la medida posee una fuerte carga política. El intercambio bilateral entre ambos países alcanzó aproximadamente 6.000 millones de libras durante 2025, mientras que los productos procedentes de los asentamientos representan una proporción reducida de ese volumen, según Reuters.
Ben-Gvir incorporó las Malvinas a la disputa
La respuesta más significativa para la Argentina fue pronunciada por Itamar Ben-Gvir. El ministro de Seguridad Nacional pidió directamente a Netanyahu que Israel reconozca a las Islas Malvinas como territorio argentino bajo ocupación británica.
Ben-Gvir también reclamó sanciones contra el Reino Unido mientras continúe su presencia en el archipiélago y cuestionó la explotación de los recursos naturales del Atlántico Sur.
Según el funcionario, Londres no solamente ocupa un territorio reclamado legítimamente por la Argentina, sino que además permite la realización de perforaciones petroleras y la utilización de recursos que pertenecen al pueblo argentino.
El planteo fue dirigido expresamente al jefe del Gobierno israelí. Sin embargo, hasta el momento Israel no modificó oficialmente su posición diplomática sobre la disputa de soberanía.
Las declaraciones adquieren especial relevancia en medio de la estrategia desplegada por el presidente Javier Milei, quien endureció las sanciones contra empresas, inversores y proveedores involucrados en actividades hidrocarburíferas realizadas sin autorización argentina en las aguas que rodean las islas.
El principal foco del conflicto es el proyecto Sea Lion, impulsado por la israelí Navitas Petroleum y la británica Rockhopper Exploration. Las compañías buscan comenzar a extraer petróleo en 2028 desde un yacimiento situado al norte del archipiélago.
Una relación deteriorada por la política laborista
La crisis no comenzó con las restricciones comerciales. El vínculo entre Londres y Jerusalén acumula meses de enfrentamientos por la política británica hacia Gaza, los asentamientos israelíes y el reconocimiento unilateral de un Estado palestino concretado durante 2025.
Las autoridades israelíes sostienen que esas decisiones premian al terrorismo y desconocen las amenazas que enfrenta el país desde los ataques perpetrados por Hamas el 7 de octubre de 2023.
El presidente israelí, Isaac Herzog, también cuestionó las nuevas sanciones y acusó al gobierno británico de intentar intervenir en las elecciones de Israel. Para Herzog, la medida constituye un grave error político y coloca a Londres “del lado equivocado de la historia”.
La administración de Donald Trump se sumó a las críticas. El embajador estadounidense en Israel, Mike Huckabee, calificó la iniciativa como discriminatoria contra el pueblo judío y advirtió que podría generar consecuencias para las empresas británicas en aquellos estados norteamericanos que cuentan con legislación contra el boicot a Israel.
Londres intentó limitar el alcance de la controversia al asegurar que Israel continuará siendo un socio comercial importante. Sin embargo, la acumulación de sanciones y cuestionamientos abrió una fractura política difícil de disimular.
Una crisis abierta, pero sin ruptura formal
Las relaciones diplomáticas entre Israel y el Reino Unido permanecen oficialmente vigentes. El embajador británico no fue expulsado y Netanyahu todavía no respondió públicamente a las exigencias de Smotrich y Ben-Gvir.
No obstante, el tono utilizado por dos integrantes relevantes del gabinete demuestra que la crisis superó ampliamente una diferencia comercial. La controversia ya involucra acusaciones de antisemitismo, amenazas de represalias diplomáticas y cuestionamientos directos a la política exterior británica.
La incorporación de las Islas Malvinas al enfrentamiento agrega, además, una dimensión inesperada. Por primera vez, un ministro israelí reclamó abiertamente que su país respalde la soberanía argentina sobre el archipiélago y castigue al Reino Unido por la ocupación y explotación de sus recursos.
Ahora la decisión quedará en manos de Netanyahu: podrá mantener las declaraciones dentro del terreno político o convertirlas en medidas concretas capaces de modificar tanto la relación con Londres como la posición internacional de Israel respecto de la causa argentina.
