El kirchnerismo dice que inició la base de Ushuaia en 2022, pero apenas hizo un acto y colocó una plaqueta antes de abandonar la obra
Mientras sectores del peronismo reivindican como propia una obra iniciada formalmente en 2022, el proyecto estratégico de Ushuaia tiene antecedentes de varias décadas. Milei ahora lo coloca en el centro de su estrategia para Malvinas, el Atlántico Sur y la Antártida, con nuevos fondos, radares y vigilancia permanente.
La decisión de Javier Milei de acelerar la Base Naval Integrada de Ushuaia volvió a despertar una vieja disputa política: quién puede atribuirse la iniciativa de construir en Tierra del Fuego una infraestructura militar y logística capaz de proyectar a la Argentina sobre el Atlántico Sur y la Antártida.
Desde Unión por la Patria, el exministro de Defensa Jorge Taiana salió rápidamente a recordar que durante su gestión, bajo la presidencia de Alberto Fernández, se habían iniciado las obras en 2022. Incluso acusó a Milei de haberlas paralizado y de reactivarlas ahora por “oportunismo electoral”.
La afirmación tiene una parte cierta: la ejecución material del diseño actual comenzó formalmente durante Alberto Fernández.
Pero presentar la Base Naval Integrada como una creación del kirchnerismo sería contar solamente el último capítulo de una historia muchísimo más larga.
Una idea que no nació en 2022
La presencia naval argentina en Ushuaia tiene más de un siglo. Y la Base Naval Ushuaia, antecesora directa de la infraestructura que hoy se pretende ampliar y trasladar, fue creada en 1950 durante la presidencia de Juan Domingo Perón, para funcionar como base de operaciones y apoyo de los buques que actuaban en el sector austral.
En 1974 se creó además el Área Naval Austral, cuya jurisdicción abarca Tierra del Fuego, Isla de los Estados y los espacios marítimos australes hasta el paralelo 60°, con funciones de vigilancia, control marítimo y proyección antártica.
Respecto del proyecto de una nueva base integrada y un gran polo logístico en Ushuaia, el especialista en asuntos estratégicos Nicolás Promanzio sostiene que sus antecedentes conceptuales pueden rastrearse incluso hasta la década de 1960, atravesando diferentes denominaciones y gobiernos.
La documentación más reciente permite seguir con claridad otras etapas: Defensa reconoce un plan de necesidades de 2010, en 2016 ya existía en Diputados un proyecto formal para construir una “Base Naval Integrada y Polo Logístico Antártico Internacional”, y posteriormente hubo nuevas iniciativas legislativas y militares.
Por eso, la obra no pertenece políticamente a un gobierno determinado. Es una necesidad estratégica argentina que sucesivas administraciones anunciaron, modificaron o postergaron.

Alberto Fernández puso la piedra fundamental, pero la obra quedó en menos del 10%
El 3 de marzo de 2022, durante la presidencia de Alberto Fernández, Taiana encabezó en Ushuaia el acto formal de inicio de la construcción.
La imagen todavía permanece en el lugar: un pedestal blanco con una placa que identifica la “Piedra fundamental de las obras de la Base Naval Integrada Ushuaia”.
Taiana, el gobernador Gustavo Melella y autoridades militares realizaron la ceremonia y anunciaron estudios de suelo, extensión de servicios, dos grandes galpones de Tandanor y, posteriormente, la construcción del muelle, edificios administrativos y viviendas.
Pero la fotografía de la piedra fundamental terminó siendo bastante más impactante que el avance posterior.
No es correcto afirmar que hubo inversión cero: durante 2023 se ejecutaron movimientos de suelo, basamentos y trabajos preliminares y el Estado informó inversiones. Sin embargo, al finalizar el gobierno de Alberto Fernández el avance físico informado era apenas del 9,13%. Luego el proyecto volvió a quedar prácticamente congelado.
Promanzio, después de visitar el lugar en mayo de este año, describió gráficamente el estado de situación: encontró aquella placa y muy poco desarrollo alrededor de ella.
Es decir: el kirchnerismo puede adjudicarse el inicio formal de las obras de 2022, pero difícilmente la creación histórica del proyecto y mucho menos su concreción.
Milei cambia la escala: más de $200.000 millones para Ushuaia y Petrel
La nueva etapa llega ahora en un escenario geopolítico completamente diferente.
Después de su cadena nacional por Malvinas, el Gobierno amplió en casi $218.000 millones el presupuesto de Defensa. De ese paquete, más de $200.000 millones estarán vinculados al avance de la Base Naval Integrada y a la finalización de la Base Antártica Conjunta Petrel. Fuentes oficiales estiman que completar solamente el complejo naval de Ushuaia podría demandar entre US$400 millones y US$500 millones.
Además, Milei instruyó a Luis Caputo para que el proyecto tenga prioridad dentro del Presupuesto Nacional 2027.
La diferencia respecto de un simple anuncio está en que el Gobierno comenzó a acompañar la decisión política con una reasignación presupuestaria concreta, aunque la magnitud de la obra obliga a pensarla como un proyecto de varios años y su cumplimiento deberá medirse por la ejecución efectiva.
No sólo un puerto: radares, satélites e inteligencia sobre el Atlántico Sur
La ambición del Gobierno va además mucho más allá de construir muelles.
La Casa Rosada diseña un sistema de vigilancia permanente del Atlántico Sur con la Base Naval Integrada como centro: radares, telecomunicaciones, sensores, medios satelitales e inteligencia de señales —SIGINT— destinados a detectar y analizar movimientos sobre el mar y el espacio aéreo.
El esquema contempla combinar esas capacidades con información satelital de la CONAE y concentrar progresivamente los datos en un centro de comando austral.
La lógica es simple: tener presencia territorial no alcanza si la Argentina no sabe qué ocurre permanentemente en su propio espacio marítimo.
Desde Ushuaia, la Armada podría abastecer y mantener buques sin obligarlos a regresar miles de kilómetros hacia el norte, controlar mejor los accesos bioceánicos, sostener operaciones antárticas y aumentar la presencia argentina sobre una de las regiones con mayor importancia estratégica para las próximas décadas.
Malvinas, Antártida, petróleo, pesca y pasos interoceánicos convergen en el mismo espacio.
Estados Unidos mira distinto al Reino Unido
El momento elegido tampoco es casual.
Donald Trump acaba de abrir una grieta inédita en la relación estratégica entre Washington y Londres respecto de Malvinas.
El presidente estadounidense confirmó que está revisando la tradicional posición neutral de Estados Unidos sobre la disputa de soberanía y llegó a poner públicamente en duda que el Reino Unido tuviera hoy capacidad para afrontar nuevamente un conflicto comparable al de 1982.
“Su país no es el mismo país que era hace 20 o 25 años”, sostuvo Trump al referirse al Reino Unido.
Eso todavía no equivale a un reconocimiento estadounidense de la soberanía argentina. Londres, de hecho, respondió inmediatamente que su postura continúa siendo “inquebrantable”.
Pero para la Argentina supone un cambio político relevante: por primera vez en mucho tiempo, el principal aliado histórico británico deja públicamente abierta la posibilidad de revisar su posición.
Y Milei pretende aprovechar esa ventana.
Israel también comienza a incomodar a Londres
El segundo movimiento llegó desde Israel.
El ministro de Seguridad Nacional israelí, Itamar Ben-Gvir, pidió públicamente a Benjamin Netanyahu que reconozca a las Malvinas como territorio argentino ocupado y reclamó incluso aplicar sanciones contra el Reino Unido mientras persista la ocupación.
Por ahora no es la posición oficial del Estado de Israel, sino la postura de uno de los ministros más importantes del gabinete de Netanyahu.
Pero la señal adquiere importancia por dos motivos: Israel es uno de los principales aliados internacionales de Milei y, al mismo tiempo, atraviesa una fuerte crisis diplomática con Londres.
Paradójicamente, el Gobierno argentino está avanzando además judicialmente contra compañías vinculadas al proyecto petrolero Sea Lion, incluida la israelí Navitas, demostrando que la alianza con Israel no frenó las medidas argentinas cuando están en juego los recursos de Malvinas.
Una aclaración clave: la base será argentina
Las especulaciones sobre una supuesta “base estadounidense” en Tierra del Fuego tampoco coinciden con la información oficial disponible.
El Ministerio de Defensa informó al Congreso que no existe un acuerdo con Estados Unidos para construir una base conjunta, no existen aportes estadounidenses al proyecto y no se cederán terrenos ni edificios.
La Base Naval Integrada permanecerá bajo jurisdicción y control del Estado argentino. Podrá existir cooperación o asistencia logística a buques extranjeros, algo habitual en este tipo de instalaciones, pero no una cesión de soberanía.
Incluso el propio Gobierno volvió a señalar este año que no existen convenios internacionales para el financiamiento, gestión u operación del complejo.
De los anuncios a una política de poder
La Argentina lleva décadas sabiendo que Tierra del Fuego es mucho más que el extremo austral del mapa.
Es la puerta de acceso a la Antártida, domina una zona cercana a pasos interoceánicos fundamentales y se encuentra frente a un Atlántico Sur atravesado por recursos pesqueros, energéticos y por la disputa de soberanía sobre Malvinas.
El problema nunca fue comprender su importancia.
El problema fue construir la infraestructura necesaria.
Perón creó la Base Naval Ushuaia en 1950. Diferentes gobiernos pensaron su ampliación y traslado. Hubo planes, proyectos legislativos y estudios durante décadas. Alberto Fernández y Taiana colocaron en 2022 la piedra fundamental y llevaron el proyecto hasta sus primeras obras, pero dejaron el gobierno con menos del 10% ejecutado.
Ahora Milei decidió colocar nuevamente la base en el centro de la política de defensa, acompañarla con recursos y vincularla directamente con Malvinas, vigilancia marítima y proyección antártica.
Mientras tanto, dos de los actores internacionales que históricamente resultaban fundamentales para Londres muestran señales impensadas hace pocos años: Washington revisa su posición y un ministro central del gobierno israelí pide abiertamente reconocer la soberanía argentina.
Eso todavía no significa que el dominio británico sobre Malvinas esté por derrumbarse.
Pero sí significa que el tablero empezó a moverse.
Y Milei parece haber decidido que, en lugar de mirar esos movimientos desde Buenos Aires, la Argentina necesita empezar a construir poder propio desde el lugar donde realmente se disputa el futuro del Atlántico Sur: Tierra del Fuego.
