Nueve de Julio
Gramajo y el proselitismo institucional: más de 30 años en el Senado y su nombre hasta en las remeras de las Olimpíadas de 9 de Julio

Raúl Gramajo promocionó la preparación de las Olimpíadas Departamentales y mostró remeras estampadas con “Raúl Gramajo Senador”. No se trata de un dirigente recién llegado: transita su octavo mandato y acumula más de tres décadas efectivas en la Cámara alta, con apenas una interrupción de cuatro años. Todo en uno de los departamentos menos poblados y más postergados históricamente de Santa Fe.

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Las próximas Olimpíadas Departamentales de 9 de Julio, previstas para el 1, 2 y 3 de octubre, volvieron a poner sobre la mesa una vieja práctica de la política santafesina: la dificultad para separar una actividad institucional de la promoción personal del dirigente que la impulsa.

El propio senador Joaquín Raúl Gramajo publicó imágenes de la preparación de las remeras del evento. Entre los diseños aparece claramente impreso:

“RAÚL GRAMAJO – SENADOR”.

No dice Senado de Santa Fe. No dice departamento 9 de Julio. No identifica únicamente a las Olimpíadas ni a alguna institución deportiva.

Dice el nombre del político.

Y en el caso de Gramajo el dato adquiere otra dimensión: no se trata de un funcionario circunstancial que busca instalarse entre los vecinos.

Ocho mandatos y más de tres décadas en el Senado

Gramajo ingresó a la Cámara de Senadores de Santa Fe en 1991 y desde entonces prácticamente no se fue.

La única interrupción se produjo entre 2007 y 2011. Después regresó y volvió a ganar sucesivamente. El período 2023-2027 constituye su octavo mandato como senador por 9 de Julio.

Es decir, lleva más de 30 años efectivos ocupando la misma banca provincial.

Tres décadas de poder territorial, manejo político, relaciones institucionales y acceso a las herramientas económicas que el Senado pone a disposición de sus representantes departamentales.

Y, a juzgar por su última reelección, pocas señales aparecen de una voluntad de abandonar ese lugar.

La paradoja es todavía mayor por el territorio que representa.

Según el Censo 2022, el departamento 9 de Julio tiene apenas 30.995 habitantes, lo que lo convierte en el segundo departamento menos poblado de toda Santa Fe, solamente por encima de Garay.

Además, distintos estudios sobre indicadores sociales santafesinos ubicaron históricamente a 9 de Julio entre los departamentos con mayores niveles de necesidades básicas insatisfechas y mayores carencias de la provincia.

Más de tres décadas de continuidad política contrastan así con un departamento que sigue figurando entre los territorios más postergados del mapa santafesino.

Una enorme caja institucional

El poder de los senadores departamentales santafesinos no termina en una banca y un voto legislativo.

La Cámara alta dispone, entre otras herramientas, del Programa de Fortalecimiento Institucional, mediante el cual se canalizan aportes hacia clubes, asociaciones, instituciones educativas, comunas y organizaciones de cada departamento.

Para dimensionar el volumen económico que rodea a la estructura basta observar el presupuesto: solamente en 2025, la Cámara de Senadores provincial tuvo autorizados $58.562 millones, de los cuales casi $9.780 millones correspondían al rubro Transferencias.

Eso no significa que ese dinero pertenezca personalmente a Gramajo ni que las remeras de estas Olimpíadas hayan sido pagadas con esos recursos.

No existe hasta el momento documentación que permita sostener eso.

Pero sí permite entender por qué la figura del senador departamental constituye desde hace décadas una de las estructuras políticas con mayor capacidad de construcción territorial de Santa Fe.

Y cuando esa capacidad institucional se mezcla con el nombre, la imagen y la promoción permanente de quien administra políticamente esas relaciones, la frontera entre gestión y campaña comienza a desdibujarse.

Cuando la gestión se convierte en marca personal

El cuestionamiento por las remeras va justamente por ahí.

Si un senador colabora con una institución utilizando las herramientas que posee por ocupar un cargo público, ¿por qué el beneficiario debe llevar estampado el nombre del senador?

Los recursos, contactos, programas y mecanismos institucionales existen por el cargo.

No son propiedad particular de quien circunstancialmente ocupa la banca.

Incluso si Gramajo hubiera pagado personalmente las camisetas, la discusión política y ética continuaría: unas Olimpíadas departamentales que convocan a estudiantes, escuelas, familias e instituciones terminan funcionando también como vehículo publicitario de un dirigente político que lleva más de tres décadas instalado en el poder.

Y si eventualmente hubiera fondos públicos involucrados, el interrogante sería todavía más profundo.

Del Estado al dirigente

La cuestión de fondo excede una camiseta.

Durante décadas, buena parte de la política territorial santafesina construyó sistemas en los cuales el ciudadano termina asociando una ayuda, un subsidio, una obra o una actividad con el nombre del dirigente que intervino para conseguirla.

El Estado desaparece detrás del intermediario.

El recurso público se transforma en favor.
La gestión se convierte en propaganda.
Y el cargo termina pareciéndose cada vez más a una propiedad personal.

En 9 de Julio, ese fenómeno tiene un protagonista que conoce como pocos la lógica de la permanencia.

Gramajo llegó al Senado en 1991. Pasaron gobernadores, presidentes, crisis económicas, reformas políticas y generaciones enteras de santafesinos.

Salvo cuatro años, él siguió allí.

Hoy atraviesa su octavo mandato y las remeras de unas Olimpíadas departamentales vuelven a llevar su nombre.

Porque una cosa es que Raúl Gramajo sea senador de 9 de Julio.

Otra muy distinta es que, después de más de tres décadas en el poder, 9 de Julio siga teniendo que llevar puesto el nombre de Raúl Gramajo.

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