La derecha antiestablishment sacude Alemania: AfD arrasó en Sajonia-Anhalt y desafía a los partidos tradicionales

Alternativa para Alemania consiguió más del 44% y prácticamente duplicó su resultado de 2021. Con un discurso contra la inmigración masiva, los altos costos de la energía, la burocracia y el establishment político y mediático, el partido consolidó una construcción que también encontró en TikTok una vía directa para llegar a los votantes.

Ulrich Alemania

Alemania vivió este fin de semana una elección que vuelve a alterar su mapa político.

Alternativa para Alemania (AfD) ganó ampliamente las elecciones regionales de Sajonia-Anhalt, en el este del país, con 44,3% de los segundos votos, frente al 24% de la tradicional CDU. El partido obtuvo 39 de las 83 bancas del Parlamento regional y quedó muy cerca de poder gobernar por sí solo.

No se trató de una elección presidencial ni nacional. Los ciudadanos eligieron el Parlamento del Estado federado, que será el encargado de determinar el próximo gobierno regional.

Pero el impacto excede ampliamente a Sajonia-Anhalt.

AfD había obtenido apenas 20,8% en esta misma elección en 2021. Cinco años después superó el 44%. Y a nivel nacional ya había dado otro salto: en las elecciones federales de 2025 consiguió el 20,8% y se convirtió en la segunda fuerza de Alemania.

¿Qué propone AfD?

La campaña de Ulrich Siegmund, el dirigente de 35 años que encabezó al partido en Sajonia-Anhalt, se apoyó en un programa bastante concreto.

En materia migratoria promete acelerar las deportaciones de extranjeros sin derecho legal a permanecer en Alemania, aumentar las plazas destinadas a personas que esperan ser deportadas y establecer programas obligatorios de trabajo para solicitantes de asilo. Siegmund aclaró que la medida no alcanzaría a extranjeros con residencia legal y empleo.

También plantea reducir ministerios y estructuras estatales, eliminar financiamiento público a determinadas fundaciones políticas y revisar la actuación del gobierno durante la pandemia.

Otro de sus grandes blancos son los medios públicos alemanes. AfD propone avanzar hacia la eliminación del canon obligatorio de 18,36 euros mensuales que pagan los hogares para financiar emisoras como ARD y ZDF, a las que acusa de parcialidad y de formar parte del establishment político.

A nivel nacional, el programa de Alice Weidel es todavía más amplio: reducción de impuestos y burocracia, rechazo al precio del CO₂, regreso a la energía nuclear, energía más barata, endurecimiento del sistema de asilo y recuperación de mayores márgenes de soberanía frente a la Unión Europea.

En política exterior mantiene además una posición muy diferente de la del gobierno alemán: rechaza la actual política de apoyo a Ucrania y busca recomponer las relaciones económicas con Rusia, particularmente en materia energética.

De Merkel a Merz: el relato de una continuidad

Una de las claves de AfD es que no limita sus críticas al gobierno actual.

Su relato político responsabiliza a Angela Merkel por haber abierto en 2015 una etapa de inmigración masiva que, según el partido, terminó sobrecargando municipios, servicios públicos y el sistema de asilo.

A Olaf Scholz y la anterior coalición entre socialdemócratas, Verdes y liberales les atribuye profundizar otro de los problemas centrales de su discurso: la pérdida de competitividad industrial, los altos precios energéticos, el cierre de las últimas centrales nucleares, el peso de las regulaciones climáticas y una burocracia cada vez mayor.

Y la crítica de AfD a Friedrich Merz, actual canciller y líder de la CDU, es particularmente eficaz políticamente: sostiene que llegó prometiendo un giro conservador pero terminó gobernando junto al SPD y manteniendo buena parte de las políticas que había prometido cambiar.

Alice Weidel acusa al gobierno de Merz de no haber reducido suficientemente los costos energéticos ni la burocracia y de continuar un modelo económico que, según AfD, está debilitando a la industria alemana.

El descontento existe más allá del discurso partidario: Reuters señaló que 87% de los encuestados en Sajonia-Anhalt se mostraba insatisfecho con la conducción de Merz, mientras el costo de vida, la inseguridad económica y los precios de la energía tuvieron fuerte peso en la elección.

Alice Weidel (centro) líder del partido ultraderechista AfD, festeja un «resultado histórico» en legislativas de Alemania

TikTok para saltar por encima del establishment

Otra parte del fenómeno ocurrió fuera de los canales políticos tradicionales.

Siegmund construyó una fuerte presencia en TikTok y otras redes, especialmente desde los años de la pandemia, combinando posiciones políticas con videos personales y formatos mucho menos rígidos que los utilizados históricamente por los dirigentes alemanes.

No es solamente una impresión.

Un estudio académico publicado en 2026 analizó 3.702 publicaciones políticas en TikTok durante las elecciones federales de 2025 y concluyó que AfD fue especialmente eficaz aprovechando herramientas como hashtags y duetos para multiplicar su visibilidad.

El resultado fue una especie de circuito paralelo: mientras buena parte de la prensa, los partidos tradicionales y las instituciones alemanas mantenían a AfD bajo un fuerte aislamiento político, el partido construyó un canal directo con millones de electores.

El “cordón sanitario” empieza a tener un problema matemático

Durante años, CDU, SPD, Verdes y otras fuerzas se comprometieron a no formar gobiernos con AfD.

Esa estrategia, conocida como “firewall” o cordón sanitario, permitió mantener al partido fuera del poder incluso cuando ganaba elecciones regionales.

Pero Sajonia-Anhalt muestra el límite del mecanismo.

AfD consiguió 39 bancas sobre 83, mientras la CDU obtuvo apenas 15.

Cuanto más crece AfD, más partidos necesitan ponerse de acuerdo entre sí para excluirla del gobierno.

Y eso alimenta precisamente uno de sus argumentos centrales: que los partidos tradicionales, aunque compitan entre ellos, terminan uniéndose cuando aparece una fuerza que amenaza al sistema político establecido.

El próximo objetivo: Berlín

La gran batalla, sin embargo, no es Sajonia-Anhalt.

En Alemania no se elige directamente al canciller mediante una elección presidencial. Los ciudadanos eligen el Bundestag y de allí surge posteriormente el jefe de Gobierno.

En 2025, AfD presentó a Alice Weidel como candidata a canciller y consiguió el mejor resultado nacional de su historia.

Ahora varias encuestas la ubican alrededor del 28% a nivel nacional, incluso disputando el primer lugar.

El próximo gran objetivo son las elecciones federales previstas para 2029.

Hasta entonces, AfD deberá resolver su principal problema: convertir votos en poder efectivo. Puede ganar elecciones, pero mientras ninguna fuerza importante acepte coaligar con ella, formar gobiernos seguirá siendo mucho más difícil.

Sus críticos, además, advierten que sus posiciones sobre inmigración, Rusia, nacionalismo y algunas propuestas culturales pueden profundizar divisiones sociales y generar incertidumbre económica. AfD rechaza esas acusaciones y sostiene que busca recuperar soberanía, seguridad y competitividad para Alemania.

Lo que ya no parece discutible es su crecimiento.

AfD pasó de ser un partido euroescéptico nacido en 2013 a convertirse en la segunda fuerza nacional y, ahora, en una maquinaria electoral capaz de superar el 44% en un Estado alemán.

Y mientras los partidos tradicionales discuten cómo frenarla, AfD intenta instalar una pregunta mucho más ambiciosa:

si ya pudo romper el sistema político en el este, ¿puede hacer lo mismo en toda Alemania en 2029?

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