Trump golpeó la caja del régimen iraní luego de destruir cinco buques petroleros
La ofensiva fue ordenada después de dos ataques fallidos con misiles balísticos contra una nave de guerra norteamericana. Las tripulaciones fueron evacuadas antes de los bombardeos y Teherán respondió con nuevas amenazas y operaciones militares en torno al estrecho de Ormuz.
Las Fuerzas Armadas de Estados Unidos destruyeron cinco buques petroleros iraníes como represalia por dos intentos de la Guardia Revolucionaria de atacar una embarcación de la Marina norteamericana con misiles balísticos.
El Comando Central de Estados Unidos (CENTCOM) informó que el buque estadounidense consiguió evadir ambos ataques y continuó patrullando las aguas de la región. Ningún militar norteamericano resultó herido.
La respuesta ordenada por Washington apuntó directamente contra la estructura económica que sostiene a la Guardia Revolucionaria y a sus organizaciones aliadas en Medio Oriente. Según el Gobierno estadounidense, los petroleros formaban parte de una red clandestina multimillonaria utilizada para financiar las operaciones del régimen y sus grupos subsidiarios.
Cinco embarcaciones fuera de servicio
Las fuerzas estadounidenses atacaron los petroleros M/T Kaviz, M/T Charminar, M/T Horizon 1 y M/T Riesco en el golfo de Omán. Una quinta embarcación, el M/T Derya, fue alcanzada cerca de la isla de Kharg, punto central para las exportaciones petroleras iraníes.
Antes de ejecutar los ataques, los militares norteamericanos ordenaron a las tripulaciones abandonar los buques. Posteriormente, las cinco embarcaciones fueron bombardeadas y quedaron completamente fuera de servicio.
CENTCOM difundió imágenes de algunos de los petroleros en llamas y del hundimiento del M/T Riesco. La televisión estatal iraní también reconoció que embarcaciones del país fueron atacadas cerca del puerto de Jask y de la isla de Kharg.
La operación profundizó una política anunciada días antes por la administración de Donald Trump: cada intento iraní de atacar unidades de la Marina estadounidense tendrá como respuesta la destrucción de activos petroleros del régimen.
El secretario de Estado, Marco Rubio, fue categórico durante una visita a Colombia: “Cada vez que intenten atacar a nuestros buques, perderán petroleros”.
El segundo golpe en menos de una semana
La ofensiva del martes no fue un episodio aislado. El 5 de septiembre, Estados Unidos ya había destruido otros tres petroleros iraníes después de que la Guardia Revolucionaria intentara alcanzar con misiles balísticos a un portaaviones y a un destructor norteamericano.
En aquella oportunidad tampoco se registraron bajas estadounidenses. Con las nuevas operaciones, Washington dejó fuera de servicio ocho embarcaciones petroleras iraníes en apenas cuatro días.
La estrategia busca elevar el costo económico de cada agresión y debilitar una de las principales fuentes de financiamiento de Teherán. El petróleo es esencial para la obtención de divisas del régimen y para el sostenimiento de la Guardia Revolucionaria y sus aliados regionales.
La administración Trump también impuso nuevas sanciones contra la industria aeronáutica iraní. Las medidas alcanzaron a más de veinte aerolíneas comerciales y privadas, además de proveedores extranjeros de servicios de carga.
De esta manera, Washington combina presión militar, bloqueo marítimo y aislamiento económico para limitar la capacidad operativa del régimen.
Irán respondió con nuevas amenazas
Teherán reaccionó con una serie de ataques y advertencias contra objetivos estadounidenses y embarcaciones que operan cerca del estrecho de Ormuz.
La Guardia Revolucionaria afirmó haber atacado dos buques estadounidenses y ocho petroleros que intentaban atravesar una zona declarada unilateralmente como restringida. Washington no confirmó esos daños.
Irán también lanzó misiles balísticos contra una base utilizada por fuerzas norteamericanas cerca de Al Azraq, en Jordania. Las defensas jordanas interceptaron 18 de los 20 proyectiles, mientras que los dos restantes cayeron en zonas despobladas. No se informaron víctimas.
El régimen iraní amenazó además a los petroleros ubicados en puertos de Kuwait y Bahréin, países a los que acusa de albergar tropas estadounidenses y colaborar con las operaciones de Washington.
La escalada convirtió al estrecho de Ormuz en el epicentro de una disputa que excede ampliamente a Estados Unidos e Irán. Antes del comienzo del conflicto, por ese paso marítimo circulaba aproximadamente una quinta parte del petróleo comercializado en el mundo.
El petróleo superó los USD 100
Los nuevos ataques impactaron de inmediato en el mercado energético. El barril de Brent superó los USD 100 por primera vez desde julio, impulsado por el temor a una interrupción prolongada de las exportaciones del golfo Pérsico.
Irán redujo fuertemente el tránsito por el estrecho, mientras que Estados Unidos mantiene un bloqueo sobre los puertos iraníes y escolta a un número limitado de embarcaciones por una ruta cercana a Omán.
La disputa reúne componentes militares y económicos. Teherán pretende controlar el paso de los buques y utilizar el estrecho como una herramienta de presión internacional. Washington busca mantener abierta la navegación y asfixiar las fuentes de financiamiento de la Guardia Revolucionaria.
La advertencia de la administración Trump quedó expuesta en los hechos: cada ataque contra las fuerzas estadounidenses tendrá una respuesta directa sobre la flota y los ingresos petroleros del régimen iraní.
La destrucción de los cinco buques elevó nuevamente la tensión en Medio Oriente y dejó a Teherán frente a una disyuntiva: detener sus agresiones o continuar perdiendo los activos que sostienen su maquinaria militar.
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