La comunidad judía celebra esta noche Rosh HaShaná, su Año Nuevo: qué significa y cuáles son sus tradiciones
La festividad comenzará con la caída del sol de este viernes y se extenderá hasta la noche del domingo. Es una celebración marcada por la reflexión, la plegaria y las reuniones familiares, con costumbres y comidas propias de las tradiciones ashkenazí, sefaradí y oriental.
La comunidad judía argentina y de todo el mundo comenzará a celebrar esta noche Rosh HaShaná, el Año Nuevo judío, que dará inicio al año 5787 del calendario hebreo. La festividad comenzará con la puesta del sol de este viernes 11 de septiembre y concluirá después del anochecer del domingo 13.
En hebreo, Rosh HaShaná significa literalmente “cabeza del año”. Sin embargo, su sentido religioso es diferente al de un festejo de Año Nuevo convencional: no está centrado en una cuenta regresiva, sino en la evaluación personal, la reflexión, el reencuentro familiar y la posibilidad de comenzar una nueva etapa.
Durante las próximas dos jornadas, las sinagogas recibirán a familias que participarán de servicios religiosos especiales, mientras que en los hogares se encenderán las velas festivas y se compartirán comidas cargadas de símbolos, deseos y recetas transmitidas durante generaciones.
Qué significa Rosh HaShaná
Rosh HaShaná se celebra durante los dos primeros días del mes hebreo de Tishrei. Según la tradición judía, recuerda la creación del ser humano y representa el momento en el que Dios juzga las acciones realizadas durante el año que termina.
La liturgia describe simbólicamente la apertura del Libro de la Vida, en el que se inscribe el destino de cada persona para el nuevo año. Ese proceso espiritual no concluye inmediatamente, sino que continúa durante los diez días posteriores.
Rosh HaShaná inaugura así los Iamim Noraim, los “Días Solemnes” o “Días Temibles”, un período de reflexión que culminará con Iom Kipur, el Día del Perdón, el próximo lunes 21 de septiembre.
Durante estas jornadas, la tradición invita a revisar las propias acciones, reconocer las faltas, reparar el daño causado y retomar el vínculo con Dios y con las demás personas. Tres conceptos resumen ese camino: teshuvá, que significa arrepentimiento o retorno; tefilá, la plegaria; y tzedaká, ayuda al prójimo.
Sin embargo el concepto especial de estos días es que los conflictos entre personas, deben ser resueltos entre humanos y pedir perdón si se reconoce que se actuó mal.
Por eso, Rosh HaShaná combina solemnidad y esperanza. Es un día de juicio, pero también la oportunidad de corregir el rumbo y comenzar nuevamente.
El sonido del shofar
El símbolo más característico de Rosh HaShaná es el shofar, un instrumento confeccionado generalmente con el cuerno de un carnero. Su sonido funciona como un llamado a despertar espiritualmente, abandonar la indiferencia y reflexionar sobre la manera en que cada persona conduce su vida.
El shofar emite diferentes sonidos. La tekiá es un toque largo y continuo; los shevarim son tres sonidos quebrados, y la teruá consiste en una sucesión de notas breves. Juntos representan el llamado, el quiebre interior y la renovación.
Este año presenta una particularidad: la primera jornada de Rosh HaShaná coincide con Shabat. De acuerdo con la práctica tradicional, el shofar no se toca durante Shabat, por lo que su sonido se escuchará en las sinagogas durante la mañana del domingo, segundo día de la celebración.
Otra costumbre es el Tashlij, una ceremonia que se realiza junto a un río, arroyo, lago o cualquier curso de agua natural. Allí se recitan plegarias y se sacuden simbólicamente los bolsillos, como representación del deseo de desprenderse de los errores cometidos. Al coincidir el primer día con Shabat, muchas comunidades trasladarán este rito al domingo.

Una mesa cargada de símbolos
La cena familiar ocupa un lugar central durante Rosh HaShaná. Después del encendido de las velas y del Kidush, la bendición pronunciada sobre el vino o el jugo de uva, comienzan a servirse alimentos que expresan los deseos para el nuevo ciclo.
El más conocido es la manzana con miel, que representa la esperanza de tener un año bueno y dulce. También suele utilizarse una jalá redonda, cuya forma simboliza la continuidad de la vida, el carácter cíclico del tiempo y la corona divina.
La granada expresa abundancia y buenas acciones; el pescado remite a la fecundidad y la prosperidad, mientras que algunas familias colocan la cabeza de un pez en la mesa para formular el deseo de “ser cabeza y no cola”, es decir, avanzar con iniciativa y determinación.
También es habitual comer una fruta nueva de estación, especialmente durante la segunda noche, y pronunciar la bendición Shehejeianu, que agradece haber llegado con vida a una nueva ocasión.
Aunque todos estos símbolos atraviesan actualmente a comunidades de distintos orígenes, cada corriente de la diáspora judía desarrolló sus propias recetas y maneras de celebrar.
La tradición ashkenazí: de Europa central y oriental a la Argentina
Los judíos ashkenazíes descienden de las comunidades que se establecieron inicialmente en Alemania y Francia en la zona de Alsacia y que posteriormente se extendieron por Europa central y oriental, especialmente por Polonia, Lituania, Rusia, Ucrania, Rumania y Hungría.
El idioma histórico de muchas de esas comunidades fue el ídish, formado principalmente a partir del alemán medieval e incorporando elementos hebreos y de otras lenguas europeas.
Buena parte de la inmigración judía que llegó a la Argentina entre finales del siglo XIX y las primeras décadas del XX tuvo origen ashkenazí. Con esas familias llegaron recetas que se incorporaron a la vida comunitaria y que todavía forman parte de las mesas de Rosh HaShaná.
Entre los platos más tradicionales se encuentra el guefilte fish, elaborado con pescado molido y acompañado frecuentemente con jrein, una preparación de rábano picante y remolacha. También aparecen el caldo de pollo, el brisket cocinado lentamente, el tzimmes de zanahorias y frutas secas, el kugel, knishes y distintas preparaciones a base de papa.
La mesa dulce puede incluir leikaj, una torta de miel asociada directamente con el deseo de un año dulce; strudel de manzana, compotas y la característica jalá redonda, que en algunas familias lleva pasas.
La cocina ashkenazí de Rosh HaShaná suele combinar sabores dulces con preparaciones largas y abundantes, adaptadas históricamente al clima y a los ingredientes disponibles en Europa oriental.
La tradición sefaradí: la herencia de España y el Mediterráneo
El término sefaradí proviene de Sefarad, el nombre hebreo con el que se identifica a la península ibérica. En sentido histórico, se refiere a los descendientes de las comunidades judías que vivieron durante siglos en España y Portugal.
Después de las expulsiones de finales del siglo XV, muchas de esas familias se instalaron en el Imperio otomano, el norte de África, los Balcanes, Italia y diferentes ciudades del Mediterráneo. Allí conservaron durante generaciones el ladino o judeoespañol, junto con sus canciones, plegarias, apellidos y tradiciones culinarias.
En la vida comunitaria argentina, la denominación sefaradí suele utilizarse también en un sentido religioso más amplio para incluir a comunidades que siguen ese rito. Entre ellas se encuentran grupos judíos provenientes de Siria y de otros países de Medio Oriente, aunque históricamente muchos de ellos son definidos como mizrajíes, es decir, judíos orientales.
A diferencia de la mesa ashkenazí, la celebración sefaradí y oriental suele comenzar con un verdadero séder de Rosh HaShaná. No tiene la extensión ni la estructura del séder de Pésaj (Pascua Judía) que conmemora la salida del pueblo hebreo de Egipto, pero incluye una serie de alimentos simbólicos llamados simanim, que significa “señales” o “augurios”.
Antes de probar cada alimento se pronuncia un Yehi ratzón, una breve plegaria que expresa un deseo para el año que comienza. Muchas de esas bendiciones utilizan juegos de palabras entre el nombre hebreo o arameo del alimento y aquello que se espera alcanzar.
Entre los simanim aparecen los dátiles, el puerro, la acelga o remolacha, la calabaza, la granada, el pescado y los porotos de ojo negro. Cada uno representa deseos relacionados con la protección, la prosperidad, la abundancia, el crecimiento espiritual y la superación de las dificultades.
Las recetas cambian según el origen de cada familia. Las comunidades turcas y balcánicas preparan frituras de puerro, burekas y platos con calabaza; las marroquíes incorporan cuscús, pescado, dátiles, miel y frutas secas; mientras que las tradiciones sirias y levantinas incluyen arroz, carne de cordero, verduras rellenas y diferentes preparaciones agridulces.
Más que un menú uniforme, la cocina sefaradí constituye un mapa de las distintas tierras en las que esas comunidades vivieron después de abandonar la península ibérica.
Una misma celebración con diferentes costumbres
Ashkenazíes, sefaradíes y mizrajíes comparten el mismo núcleo religioso: las plegarias, el llamado a la reflexión, la centralidad del shofar y el deseo de comenzar un año de vida, salud y buenas acciones.
Las diferencias aparecen en los minhaguim, las costumbres que cada comunidad transmitió de padres a hijos. Cambian las melodías de la sinagoga, la pronunciación del hebreo, las recetas, los símbolos elegidos y hasta la manera de organizar la mesa, pero el sentido de la festividad permanece unido.
En la Argentina, donde conviven comunidades provenientes de Europa, el Mediterráneo, el norte de África y Medio Oriente, las celebraciones familiares muchas veces combinan esas herencias. Así, en una misma mesa pueden encontrarse guefilte fish, jrein, dátiles, baklava, jalá redonda y manzana con miel.
La diversidad culinaria cuenta también la historia de la diáspora: pueblos que conservaron su identidad durante siglos y llevaron consigo sus plegarias y sabores hacia distintos lugares del mundo.
El saludo tradicional será «Shaná Tová Umetuká«, que expresa el deseo de un año bueno y dulce. Con esa esperanza, la comunidad judía recibirá esta noche el año 5787, renovando una tradición milenaria centrada en la memoria, la familia, la responsabilidad personal y la posibilidad de volver a empezar.
