Netanyahu resiste y el Likud queda primero, pero Israel sigue sin mayoría para formar gobierno
El primer ministro volvió a desafiar los pronósticos y su partido se mantiene como la fuerza individual más votada tras las elecciones parlamentarias. Con más del 77% escrutado, el bloque de Netanyahu alcanzaba 54 bancas, la oposición 49 y los partidos árabes 17: todos todavía lejos de los 61 escaños necesarios para gobernar.
Benjamin Netanyahu volvió a demostrar su capacidad de supervivencia política en unas elecciones que habían sido presentadas por buena parte de la oposición como el final de su era. El Likud se consolidaba este miércoles como el partido más votado de Israel, aunque el complejo sistema parlamentario todavía no le garantiza al actual primer ministro la continuidad en el poder.
Con el 77,6% de los votos contabilizados, el Likud obtenía una proyección de 27 bancas, mientras Yashar, el partido encabezado por el exjefe del Ejército Gadi Eisenkot, alcanzaba 22. El bloque alineado con Netanyahu reunía 54 escaños, frente a 49 de la oposición y 17 correspondientes a los partidos árabes.
La mayoría absoluta de la Knesset exige 61 diputados, por lo que ninguno de los dos grandes bloques dispone por ahora de los números necesarios para formar gobierno. Los resultados todavía son parciales y falta contabilizar votos emitidos mediante doble sobre, entre ellos los de militares, que pueden modificar la distribución final.
La elección registró además una participación extraordinaria del 77,7%, la mayor desde 1999. El fuerte nivel de movilización electoral confirmó la importancia de unos comicios celebrados después de años marcados por el ataque de Hamas del 7 de octubre de 2023, guerras regionales y una creciente confrontación con Irán.
El Likud quedó primero y Netanyahu reclama un gobierno de derecha
Netanyahu compareció ante sus seguidores durante la madrugada y reivindicó el resultado como una demostración de que el Likud continúa siendo la principal fuerza política israelí. El mandatario llamó a construir un “gobierno nacional fuerte de derecha” y sostuvo que su bloque mantiene una clara mayoría dentro del electorado judío.
El oficialismo había llegado a la elección bajo una enorme presión. La oposición intentó transformar los comicios en un juicio sobre la responsabilidad política por las fallas de seguridad anteriores al 7 de octubre, mientras Netanyahu defendió su conducción posterior de las operaciones militares contra Hamas, Hezbollah y objetivos vinculados con Irán.
Pese a ese desgaste, el Likud terminó nuevamente por delante de todos sus adversarios y Netanyahu evitó el derrumbe que parte de la oposición había pronosticado. Su problema continúa siendo la aritmética parlamentaria: incluso sumando a sus socios tradicionales, todavía necesita apoyos adicionales para alcanzar las 61 bancas.
Los partidos de derecha religiosa y ultraortodoxos mantienen un papel central en ese armado. Otzma Yehudit, de Itamar Ben Gvir; el Partido Sionista Religioso de Bezalel Smotrich; Shas y Judaísmo Unido de la Torá aparecen nuevamente como piezas fundamentales para cualquier intento de Netanyahu de formar coalición.
Los partidos árabes pueden definir el futuro político de Israel
El gran cambio de la elección fue el crecimiento de las fuerzas árabes, que alcanzaban en conjunto alrededor de 17 bancas en los resultados parciales. Ese número convierte a esas listas en potenciales árbitros de una Knesset dividida, especialmente si ninguno de los dos grandes bloques consigue ampliar su base de alianzas.
Netanyahu ya anticipó que no pretende formar un gobierno dependiente de partidos árabes que considera hostiles a su agenda nacional. La oposición, en cambio, podría necesitar algún tipo de respaldo externo o acuerdo parlamentario con esas fuerzas para desplazar al actual primer ministro.
Gadi Eisenkot sostuvo durante la noche electoral que Israel había votado por un cambio y aseguró que buscará formar una alternativa de gobierno. Sin embargo, su partido quedó segundo individualmente y el bloque opositor tampoco tiene por ahora los números suficientes para gobernar.
El resultado abre así un período de negociaciones que puede extenderse durante varias semanas. Una vez completado el conteo, el presidente Isaac Herzog deberá consultar a los distintos partidos y encomendar la formación de gobierno al dirigente que considere con mayores posibilidades de reunir una mayoría.
Netanyahu llega a esa instancia con una ventaja política evidente: el Likud volvió a ser el partido más grande de Israel y su bloque aparece por delante de la oposición en el escrutinio parcial. Pero esa victoria relativa todavía no equivale a una mayoría parlamentaria.
Israel entra por lo tanto en una etapa conocida pero decisiva: negociaciones de coalición, vetos cruzados y búsqueda de aliados. Netanyahu sobrevivió electoralmente a otra elección crítica, pero necesitará demostrar ahora que también puede reunir los 61 diputados necesarios para seguir gobernando.
