La preocupación selectiva del intendente socialista de Sunchales (Santa Fe)
En una muestra de oportunismo político pocas veces vista, el intendente socialista de Sunchales, Pablo Pinotti, decidió subirse al tren de los reclamos tardíos. Tras la dura derrota electoral sufrida en las PASO a manos de La Libertad Avanza (LLA), Pinotti activó su “preocupación” por el estado de la Ruta Nacional 34 —particularmente en el tramo de la travesía urbana de Sunchales—. Lo curioso no es que reclame, sino que lo haga ahora, después de años de silencio cómplice y sin cuestionar jamás la demora ni los escándalos de sobreprecios durante los gobiernos kirchneristas.
El intendente incluso grabó un video en plena ruta, en un acto de desesperado populismo, adjudicándose la bandera de un reclamo que recién ahora, con un gobierno nacional no afín y con una oposición local consolidada, decide abrazar.
Lo que no dice Pinotti, convenientemente, es que las rutas provinciales 13 y 280s —de su estricta competencia y bajo la órbita del gobierno provincial del que forma parte— están absolutamente abandonadas, peligrosas e intransitables. Pero claro, exigirle al socialismo que se haga cargo de su propio desgobierno es pedir demasiado.
En medio de este juego de simulación, el intendente también eligió atacar de forma directa y personal a la concejal libertaria Carolina Giusti, su principal contrincante política. En lugar de responder con propuestas, recurre al viejo manual de la política tradicional: el agravio y la distorsión. La concejal, lejos de oponerse a una obra vial necesaria, sostiene la necesidad de revisar los contratos, transparentar el manejo de fondos públicos y terminar con el festival de corrupción que ha caracterizado a la obra pública durante décadas. Pero esa es una narrativa que al intendente no le conviene mostrar.
Pinotti ha optado por una campaña basada en distracciones: artistas, fiestas y shows populares que le sirven para maquillar la falta de gestión real y mantener adormecida a una ciudadanía cada vez más escéptica. Mientras tanto, se alía con el caudillo provincial Alcides Calvo para lanzar una cruzada anti-Milei, sin más fundamentos que el resentimiento de ver cómo una nueva fuerza política comienza a desplazar al viejo modelo de clientelismo estatal.
Su mensaje ya no conecta con las necesidades concretas de los vecinos, sino que se convierte en un discurso anacrónico, plagado de slogans vacíos. La campaña de Pinotti no tiene propuestas ni soluciones: tiene una sola meta, seguir viviendo —él y todo su equipo— de la teta del Estado.
Mientras tanto, en Sunchales se empieza a respirar otro aire. La irrupción de LLA no solo sacudió el mapa electoral: expuso las inconsistencias de una dirigencia que hace agua por todos lados. La política del relato ya no convence. La sociedad está pidiendo gestión, transparencia y eficiencia.
Y eso, claramente, a Pinotti lo descoloca.
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