Nazis en la Argentina: la desclasificación de archivos que incomoda al peronismo
Perón y su amigo Freude, un nazi exiliado con quien compartió negocios
La apertura de documentos sobre la protección a criminales nazis desnuda el pasado oculto de un movimiento que hoy canta consignas antifascistas ignorando su propia historia.
El Gobierno argentino ha iniciado el proceso de desclasificación de archivos vinculados al arribo de criminales nazis al país tras la Segunda Guerra Mundial.
Una noticia que, de confirmarse en toda su magnitud, podría dinamitar décadas de mitos, ocultamientos y relatos edulcorados: el peronismo fue cómplice directo en la protección de cientos de jerarcas del Tercer Reich.
Juan Domingo Perón, líder de ese movimiento, era miembro del GOU (Grupo de Oficiales Unidos), una logia militar profundamente influenciada por el fascismo europeo. Como señala Isidoro Ruiz Moreno en «El GOU: génesis del peronismo», «los oficiales admiraban los modelos autoritarios y nacionalistas que ofrecían control social y orden».
De hecho, el propio Perón se formó en Europa durante los años de mayor expansión del nazismo, como lo detalla el historiador Ronald Newton en «El cuarto lado del triángulo».
Uki Goñi, en su obra «La auténtica Odessa», documenta cómo desde la Casa Rosada se organizó una red oficial para traer criminales de guerra nazis a la Argentina, en colaboración con sectores de la Iglesia Católica y con complicidad de organismos estatales como la Dirección Nacional de Migraciones.
Entre ellos se encontraban figuras infames como:
- Josef Mengele, el «Ángel de la Muerte» de Auschwitz.
- Adolf Eichmann, cerebro de la logística de la «Solución Final».
- Erich Priebke, responsable de la masacre de las Fosas Ardeatinas.

Muchos de ellos se radicaron en la Patagonia, Córdoba, Vicente López, San Fernando, Tigre y Florida, zonas donde no solo encontraron refugio, sino que también reconstruyeron sus vidas sin mayores problemas.
Según la documentación disponible, al menos 180 nazis condenados por crímenes de lesa humanidad fueron recibidos y protegidos en Argentina entre 1946 y 1950, con ayuda del gobierno de Perón.
El desprecio de Perón hacia el Juicio de Núremberg
El desprecio de Juan Domingo Perón hacia el proceso de justicia internacional tras la guerra no fue un secreto.
Sobre el Juicio de Núremberg, donde se condenó a los líderes nazis por crímenes contra la humanidad, Perón opinaba que se trataba de un acto de «venganza de los vencedores», y no de un verdadero proceso de justicia.
En declaraciones registradas en entrevistas de los años 50, llegó a afirmar que los tribunales aliados eran «una farsa organizada por los poderes vencedores para humillar a una gran nación derrotada».
Esta visión no solo lo alejó de cualquier condena explícita hacia el Holocausto, sino que lo posicionó ideológicamente como un protector tácito del legado nazi.
De hecho, mientras gran parte del mundo intentaba juzgar a los responsables del genocidio, Argentina se transformaba en un refugio seguro, donde criminales de guerra podían reconstruir sus vidas sin temor a ser extraditados.
La estructura de protección nazi en Argentina
El empresario alemán Ludwig Freude, uno de los principales financiadores de la campaña presidencial de Perón, junto a su hijo Rodolfo, fueron piezas claves en la organización de la red de rescate.
Cuando Estados Unidos solicitó la extradición de Freude por su rol como agente nazi, Perón lo protegió otorgándole la ciudadanía argentina.
Además, se puso en marcha una operación sistemática de rescate que comenzaba en Suiza y el Vaticano, usaba barcos de la familia Dodero, y culminaba en la Dirección Nacional de Migraciones, donde se emitían pasaportes falsificados.
La hipocresía peronista actual:
Mientras hoy el kirchnerismo-peronismo se presenta como adalid del antifascismo, cantando «como a los nazis los iremos a buscar», ignoran —o prefieren ignorar— que el peronismo original fue el principal refugio nazi de América Latina.
No solo se los trajo: se les otorgó identidad, trabajo, empresas y hasta educación para sus hijos.
En palabras de Uki Goñi, «la llegada de criminales nazis a Argentina no fue una operación clandestina: fue una política de Estado impulsada desde la mismísima Casa de Gobierno».
La resistencia a la verdad
En los años 90, cuando el Ministerio del Interior de Carlos Corach intentó abrir los archivos migratorios, gran parte de los expedientes habían sido misteriosamente eliminados.
Un funcionario llegó a admitir en privado que habían recibido órdenes de destruir registros comprometedores en 1996, durante gobiernos peronistas.
El periodista Goñi comprobó que los expedientes de inmigración de Mengele y Priebke tenían números consecutivos, evidencia de una operación coordinada de ingreso.
La desclasificación de estos archivos representa una amenaza no solo para la reputación histórica del peronismo, sino para todo el aparato de relatos que el Estado argentino ha construido durante décadas.
Como bien advirtió Murray Rothbard, «el poder del Estado descansa sobre el engaño. La verdad es el primer enemigo del poder».
Hoy más que nunca, la apertura total de estos documentos no solo es un acto de justicia histórica.
Es un paso necesario para liberar a la Argentina del peso de sus propias mentiras estatistas.
