Ahmed al-Sharaa, el ex yihadista que hoy preside Siria: “Soy la mayor víctima del Estado Islámico”

El líder insurgente que derribó a Al Assad en diciembre de 2024 reivindica en público su lucha contra el Estado Islámico y se posiciona como transición: “Todas las ideologías nacionalistas e islamistas han fracasado”, afirma el flamante presidente sirio.

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Un jefe que se define como víctima

Ahmed al‑Sharaa —también conocido como Abu Mohammad al‑Jolani, ex líder del Frente Al‑Nusra y luego Hayat Tahrir al‑Sham— hoy asume la presidencia de Siria en medio del post‑ruptura con Al Assad. Desde su reaparición pública, ha dicho en una conferencia con periodistas:

“Soy la mayor víctima del Estado Islámico” y “todas las ideologías nacionalistas e islamistas han fracasado en la región”.

El ex yihadista recalca que miles de sus hombres murieron combatiendo a ISIS, del cual asegura distanciarse desde hace años.

De insurgente a presidente de transición

La trayectoria de al‑Sharaa es tan veloz como polémica: desertor de Al Qaeda en 2016, lideró el golpe que derrocó a Bashar al-Assad en diciembre de 2024. Desde entonces, fue gobernante de facto hasta ser nombrado presidente interino en enero de 2025, sin elecciones, durante una conferencia de comando militar insurgente.

Anunció que las presidenciales podrían tardar entre cuatro y cinco años, lo que reflejaría una hoja de ruta hacia la normalización democrática, según su discurso .

¿Una nueva era o viejo radicalismo reciclado?

Al-Sharaa reivindica su lucha contra el Estado Islámico y su giro hacia la construcción institucional. Sin embargo, su pasado y el legado autoritario de HTS en Idlib generan dudas. ¿Puede confiarse en un dirigente que pasó de proclamarse yihadista a político moderado en cuestión de meses? Su memoria del Salón Omeya y su discurso oficial remiten a otra Siria —pos Assad—, pero el futuro amenaza con retomar los extremos del pasado.


Lo que deja esta encrucijada

Al-Sharaa juega su carta mediática más fuerte: definirse como víctima del fanatismo y proyectar un camino político institucional. Su liderazgo, sin embargo, arrastra contradicciones y una legitimidad aún frágil. Si la transición avanza, Siria podrá reconstruirse; si no, está en riesgo de retroceder hacia formas de poder más oscuras.

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