Tras cuatro años como presa política y la derrota del socialismo en las urnas liberan en Bolivia a Jeanine Áñez
La liberación de Jeanine Áñez confirma lo que se sabía: su prisión fue una decisión política del MAS para disciplinar a toda disidencia. Áñez asumió la Presidencia por la línea constitucional tras las renuncias de Evo Morales y toda la cúpula oficialista, organizó elecciones y entregó el poder en tiempo y forma. Sin embargo, la justicia —cooptada por el socialismo— la encarceló con causas armadas. Hoy, tras la derrota del MAS, el mismo sistema que la castigó la libera, dejando en evidencia que en Bolivia la justicia no es independiente, sino un instrumento de la política y del poder.
Jeanine Áñez, expresidente interina de Bolivia, fue liberada tras una resolución judicial que ordena revisar su detención. El hecho llega justo después de la derrota electoral del MAS, confirmando que su prisión fue un instrumento de persecución política y no un proceso imparcial.
Asumió la Presidencia por la línea sucesoria
Con la renuncia de Evo Morales, del vicepresidente Álvaro García Linera, de la presidente del Senado Adriana Salvatierra y del presidente de Diputados Víctor Borda, Áñez, como segunda vicepresidente del Senado, quedó en la línea de sucesión. El Tribunal Constitucional Plurinacional avaló su asunción. No hubo golpe ni ilegalidad: se limitó a cumplir con la Constitución, asumir la Presidencia interina y convocar elecciones, que finalmente ganó el MAS con Luis Arce.
Condena política y prisión
En 2021, ya con el MAS nuevamente en el poder, Áñez fue detenida y procesada por terrorismo, sedición e incumplimiento de deberes. En 2022 recibió una condena de 10 años. Organismos internacionales como la OEA, la ONU y Human Rights Watch denunciaron que se trató de un proceso político con graves irregularidades y sin garantías de imparcialidad.
Años de prisión y deterioro de salud
Durante casi cuatro años estuvo encerrada en la cárcel de Obrajes. Padeció hipertensión, depresión, infecciones recurrentes, intentos de suicidio y hasta una huelga de hambre. Sus pedidos de atención médica fueron desoídos sistemáticamente, lo que mostró que su prisión era más un castigo ejemplificador que una medida judicial basada en derecho.
El giro tras la caída del MAS
El Tribunal Supremo de Justicia decidió su liberación luego de que el MAS recibiera un duro revés electoral. El mismo sistema que había convalidado su encarcelamiento durante años ahora se “corrige” al percibir que el poder del partido gobernante ya no garantiza protección a sus operadores judiciales.
Justicia al servicio de la política
El caso de Áñez revela con crudeza cómo la justicia en Bolivia responde a los intereses del poder político de turno. Su encarcelamiento no fue para reparar un delito inexistente, sino para disciplinar a toda voz disidente. Y su liberación no obedece a un acto de justicia genuina, sino a un cálculo de conveniencia del mismo aparato que la encarceló.
