Revelan chats de Toviggino que lo involucran como el dueño de Malte SRL, la empresa que compró la mansión de Pilar

La casta del fútbol argentino se desnuda: el tesorero de Tapia manejaba cheques de empresas fantasmas, le pagaba a su pareja con fondos de la asociación y operaba desde una mansión de Pilar que la Justicia ya investiga

Toviggino MALTE

Pablo Toviggino está acorralado. Y no por la prensa «mala» ni por la oposición de turno. Está acorralado por sus propios chats, por su propia avaricia, por esa impunidad que los dirigentes deportivos creen eterna en la Argentina de la rosca y el amiguismo.

La Nación publicó una serie de mensajes que dejan al descubierto lo que en El Liberador venimos denunciando hace tiempo: la AFA no es una entidad deportiva, es una cueva de ladrones que se reparten la plata de los argentinos como si fuera propia.

Los chats son devastadores. Toviggino, tesorero de la AFA y hombre fuerte de Claudio «Chiqui» Tapia, actuaba como dueño de Malte SRL, la empresa que compró la mansión de Pilar a Carlos Tévez por una cifra irrisoria y luego la transfirió a testaferros. Pero eso no es todo: el secretario de la asociación gestionaba personalmente los cheques de esa firma, ordenaba pagos a su pareja María Florencia Sartirana (ex gerenta de Finanzas de la AFA), y hasta diseñaba facturas truchas para empresas intermediarias que recaudaban fondos en el exterior.

La ostentosa mansión de Pilar

¿Se entiende la magnitud? Un funcionario público (porque la AFA, que maneja dinero del Estado y de los contribuyentes, es pública en su esencia) utilizando una empresa privada como caja chica personal. Facturación a la pareja, instrucciones sobre depósitos bancarios, manejo de cheques: el manual completo del corrupto de patio.

La conversación delictiva es escandalosa. En marzo de 2021, Toviggino le escribe a su ladero Juan Pablo Beacon: «Carucha podemos pagar esa». Se refería a una factura de $500.000 emitida por su novia. La plata de la AFA, la plata del fútbol argentino, yendo directo al bolsillo de la familia del tesorero. ¿Y quién controlaba? Nadie. ¿Quién fiscalizaba? Nadie. ¿Quién denunciaba? Nadie. La impunidad es total cuando la corrupción es sistémica.

Pero hay más. Los mensajes revelan que Toviggino instruía sobre cómo debían confeccionarse las facturas de Q22 Services Limited, una empresa fantasma radicada en un paraíso fiscal de Guernsey (sí, esa isla británica donde se esconden los fondos de los evasores). «Cliente AFA», «Concepto: W88 Sponsorship Agreement. Agent fee», escribía el tesorero, detallando cómo camuflar el dinero que entraba desde casas de apuestas chinas.

Esto no es administración. Esto es asociación ilícita. Esto es lavado de activos. Esto es robo.

La mansión de Pilar, ese inmueble de lujo donde el camarista Carlos Mahiques festejó su cumpleaños rodeado de jueces, fiscales y funcionarios, es apenas la punta del iceberg. Allí se encontraron bolsos con plata, placas de reconocimiento de Barracas Central (el club de Toviggino), y hasta una marca de vinos registrada en el helipuerto: «Neurus», la etiqueta que produce «La Vigilia», la bodega de su pareja. Todo conectado, todo en familia, todo corrupto.

Y mientras tanto, ¿dónde está la Justicia? El juez federal Adrián González Charvay tiene la causa. Pero ya sabemos cómo funciona esto: denuncias que se dilatan, pruebas que «se pierden», testigos que cambian de versión. La Justicia federal argentina tiene más vínculos con la AFA que con la República. Mahiques mismo, que festejó en la casa del tesorero, es un alto magistrado. ¿Van a investigar en serio a sus anfitriones?

La AFA es el símbolo perfecto del Estado argentino que destruimos con Milei: una estructura feudal donde unos pocos se apropian de recursos millonarios, donde no existe la transparencia, donde el dinero público (o semi-público, que es lo mismo) se convierte en patrimonio privado de los dirigentes sindicales. Toviggino no es una excepción, es la regla. Es el modelo Grondona actualizado: más tecnológico (ahora usan WhatsApp para delinquir, no solo sobres), pero igual de rapaz.

¿Y Tapia? El presidente de la AFA mantiene a Toviggino en su cargo pese a que la Justicia ya allanó propiedades, pese a que se conocen videos de su ladero contando fajos de dólares en un estudio jurídico, pese a que su pareja recibió US$40.000 de una empresa recaudadora de fondos de la asociación. El silencio de Tapia es cómplice. Su inacción es protección.

Mientras los clubes del interior no pueden pagar los sueldos, mientras los jugadores de inferiores abandonan porque no hay viáticos, mientras los argentinos pagan entradas carísimas para ver a la Selección, Toviggino y su pandilla se reparten millones en dólares, operan con empresas offshore, y compran mansiones de lujo en Pilar.

Esto es la casta. No son los políticos de turno, no son solo los sindicalistas. Son todos los que se creen dueños de instituciones que les pertenecen a los ciudadanos. Son los que confunden el cargo público con un botín privado.

La pregunta no es si Toviggino va a caer. La pregunta es si vamos a seguir permitiendo que la AFA sea un aguantadero de delincuentes, o si por fin vamos a limpiar de una vez por todas el fútbol argentino. Milei ya demostró que se puede combatir la casta política. Falta extender la motosierra al fútbol.

La pelota está en el lado de la Justicia. Pero si la Justicia sigue festejando cumpleaños en las mansiones de los corruptos, no esperemos mucho. La batalla cultural contra la impunidad sigue.

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