Abelardo de la Espriella nuevo presidente de Colombia: la derecha va expulsando al narco socialismo de América

El candidato de Defensores de la Patria se impuso en una segunda vuelta dramática frente a Iván Cepeda, heredero político de Gustavo Petro. De la Espriella llegó a la victoria después de una campaña atravesada por amenazas, actos detrás de vidrios blindados, chalecos antibalas y el asesinato de dos integrantes de su estructura territorial.

abelardo

Colombia decidió terminar con el ciclo político de Gustavo Petro y eligió a Abelardo de la Espriella como su nuevo presidente. El abogado y dirigente de derecha se impuso en el preconteo de la segunda vuelta presidencial frente al senador izquierdista Iván Cepeda, candidato del Pacto Histórico y representante de la continuidad del oficialismo.

La fórmula integrada por Abelardo de la Espriella y el economista José Manuel Restrepo alcanzó los 12.931.544 votos, de acuerdo con el Boletín 20 difundido por la organización electoral, cuando ya se había informado el 99,74% de las mesas.

El candidato de Defensores de la Patria mantuvo una ventaja cercana a los 250.000 sufragios en una de las elecciones más ajustadas de la historia reciente de Colombia. Con prácticamente la totalidad de las mesas procesadas, la diferencia resultó políticamente irreversible, aunque todavía deberá completarse el escrutinio oficial que formalizará jurídicamente el resultado.

La victoria de De la Espriella representa un golpe directo contra el proyecto de Gustavo Petro, quien había llegado al poder en 2022 como el primer presidente abiertamente izquierdista de la historia colombiana y no podía buscar la reelección inmediata.

Iván Cepeda, histórico dirigente de izquierda, fue el candidato elegido para prolongar el rumbo iniciado por Petro. Sin embargo, la mayoría de los colombianos decidió ponerle un freno al oficialismo y respaldar una alternativa basada en el restablecimiento del orden, el combate contra el narcotráfico, la reducción del Estado y la recuperación de la producción energética.

Del triunfo en primera vuelta a una definición dramática

De la Espriella ya había sorprendido al imponerse en la primera vuelta del 31 de mayo, cuando obtuvo aproximadamente el 43,7% de los votos, frente al 40,9% conseguido por Cepeda.

El resultado desarmó buena parte de las previsiones políticas y convirtió al abogado, apodado “El Tigre”, en el favorito para la definición presidencial.

La segunda vuelta, sin embargo, fue mucho más reñida. Cepeda logró reunir a casi todo el voto de izquierda y sumar sectores que presentaron la elección como una disputa contra la denominada extrema derecha. De la Espriella, por su parte, concentró el voto opositor, conservador, liberal y antipetrista.

Finalmente, Colombia eligió abandonar la continuidad del Pacto Histórico y respaldó al candidato que prometió desmantelar el modelo de inseguridad, burocracia y concesiones a las organizaciones armadas que caracterizó al gobierno saliente.

El rechazo a cuatro años de petrismo

La elección no fue solamente una competencia entre dos candidatos. En las urnas se enfrentaron dos modelos de país completamente distintos.

Cepeda proponía continuar las principales reformas de Petro, ampliar la intervención del Estado, sostener los programas sociales del oficialismo y profundizar las negociaciones con organizaciones armadas mediante la política de “paz total”.

De la Espriella planteó lo contrario: mano firme contra las guerrillas y las bandas narcotraficantes, fortalecimiento de las Fuerzas Armadas, construcción de megacárceles, reducción del gasto público, baja de impuestos y reactivación de la industria petrolera y gasífera.

También propuso reducir hasta un 40% la estructura del Estado, recuperar la confianza de los inversores y terminar con las restricciones ideológicas que el petrismo impuso sobre la exploración y explotación de hidrocarburos.

La llegada de José Manuel Restrepo a la fórmula buscó complementar el liderazgo político de De la Espriella con experiencia económica y capacidad técnica. Restrepo fue ministro de Comercio y posteriormente ministro de Hacienda durante la presidencia de Iván Duque.

El deterioro de la seguridad, el crecimiento de los grupos criminales, el avance de las disidencias de las FARC, los problemas fiscales y la permanente confrontación institucional desgastaron al gobierno de Petro.

La respuesta electoral fue contundente: pese a la estrecha diferencia, la continuidad del oficialismo fue derrotada.

Una campaña detrás de vidrios blindados

La victoria adquiere todavía mayor dimensión porque De la Espriella no atravesó una campaña normal.

Mientras enfrentaba al aparato político del petrismo —al que el propio candidato y sus seguidores denunciaron como expresión del narco-comunismo colombiano— tuvo que realizar actos públicos protegido por chalecos antibalas, escudos balísticos, vehículos blindados y cabinas rodeadas de cristales resistentes a disparos.

En un acto realizado en el Parque de Belén, en Medellín, De la Espriella apareció ante sus seguidores con un chaleco antibalas y pronunció su discurso desde una tarima protegida por vidrios blindados.

El operativo de seguridad incluyó más de 30 hombres armados, mantas y escudos balísticos, sistemas antidrones y un perímetro especialmente preparado para evitar un atentado. A la custodia privada se sumó la protección proporcionada por organismos estatales.

La imagen resumía el clima político que atravesaba Colombia: uno de los principales candidatos presidenciales debía hablarle a la población desde el interior de una estructura antibalas.

Su campaña también utilizó escoltas fuertemente armados y vehículos blindados durante los desplazamientos por distintas ciudades del país.

Denuncias de atentados y amenazas de muerte

De la Espriella aseguró haber sido advertido sobre distintos planes para asesinarlo. Entre ellos mencionó un supuesto operativo con francotiradores que habría sido descubierto antes de concretarse.

Esa denuncia fue presentada por el candidato ante autoridades colombianas y comunicada también a representantes estadounidenses. Sin embargo, la Dirección Nacional de Inteligencia negó haber confirmado el supuesto atentado y le reclamó que presentara las pruebas correspondientes.

Por ese motivo, el episodio debe ser entendido como una denuncia realizada por De la Espriella y no como un atentado cuya existencia haya sido oficialmente comprobada.

Las amenazas contra integrantes de su entorno, en cambio, fueron concretas.

Germán Calderón España, asesor jurídico de la campaña, denunció haber recibido un correo electrónico firmado por una persona que decía integrar el frente 36 de las disidencias de las FARC. En el mensaje era declarado “objetivo militar” por su colaboración con la candidatura de Defensores de la Patria.

También se conocieron amenazas contra coordinadores y colaboradores de la campaña en diferentes regiones del país, en medio de un contexto de violencia política y expansión territorial de organizaciones armadas.

Dos colaboradores asesinados en plena campaña

El episodio más grave ocurrió en el departamento del Meta, donde fueron asesinados Rogers Mauricio Devia Escobar y Fabián Cardona, dos hombres vinculados con la campaña presidencial de De la Espriella.

Devia, exalcalde de Cubarral, se desempeñaba como coordinador territorial de Defensores de la Patria. Cardona había ocupado el cargo de secretario de Gobierno del mismo municipio y también participaba en las tareas proselitistas.

Ambos fueron atacados mientras se desplazaban en motocicleta después de realizar actividades relacionadas con la campaña electoral. Según las autoridades regionales, fueron ultimados en una ruta ubicada cerca de Cubarral.

La Gobernación del Meta ofreció una recompensa de 100 millones de pesos colombianos por información que permitiera identificar a los responsables.

De la Espriella vinculó políticamente el crimen con la pérdida del control territorial y el crecimiento de los grupos armados durante el gobierno de Petro. Sin embargo, la investigación no había establecido públicamente que el asesinato hubiera sido ordenado por el Pacto Histórico ni por los adversarios electorales del candidato.

Esa distinción es necesaria: la campaña sufrió amenazas y dos de sus integrantes fueron asesinados, pero no existe una prueba pública que responsabilice penalmente al partido de Cepeda por esos hechos.

Lo comprobable es que De la Espriella debió competir dentro de un escenario atravesado por armas, intimidaciones y violencia política.

Frente al proyecto del narco-comunismo

Para De la Espriella, la elección representaba una batalla contra algo mucho más amplio que un partido político.

Durante toda la campaña denunció que la denominada “paz total” de Petro terminó otorgando margen de acción a guerrillas, disidencias de las FARC, bandas criminales y estructuras relacionadas con el narcotráfico.

Su espacio presentó al petrismo como parte de un entramado ideológico que utiliza el diálogo y los derechos humanos como excusa para conceder ventajas a los violentos, debilitar a las fuerzas de seguridad y avanzar sobre las instituciones democráticas.

Desde esa mirada, la expresión “narco-comunismo” no constituye una sentencia judicial, sino una definición política utilizada para describir la convergencia entre organizaciones marxistas armadas, economías vinculadas con el narcotráfico y sectores partidarios que justifican o relativizan sus acciones.

De la Espriella construyó su campaña alrededor de una promesa clara: terminar con las concesiones, recuperar los territorios controlados por los grupos criminales y devolverles respaldo político y operativo a las Fuerzas Armadas.

El hombre que hizo campaña con chaleco antibalas y detrás de vidrios blindados terminó derrotando en las urnas al candidato de la continuidad petrista.

Colombia se suma al giro de Sudamérica

La victoria de De la Espriella modifica profundamente el mapa político regional.

Con Javier Milei en la Argentina, José Antonio Kast en Chile, Daniel Noboa en Ecuador, Rodrigo Paz en Bolivia y Santiago Peña en Paraguay, Sudamérica consolida un bloque de gobiernos contrarios al socialismo del siglo XXI y más cercanos a las ideas de seguridad, propiedad privada, reducción del Estado y libertad económica.

Colombia era una pieza estratégica dentro de la izquierda regional. No solamente por su población y su importancia económica, sino también por su ubicación geográfica, su relación histórica con Estados Unidos y su papel central en el combate continental contra el narcotráfico.

La salida del petrismo debilita al eje político integrado por los gobiernos de izquierda y fortalece el vínculo regional con dirigentes como Donald Trump, Javier Milei y Nayib Bukele.

De la Espriella reivindicó abiertamente políticas de seguridad similares a las aplicadas por Bukele en El Salvador y una estrategia económica más cercana a la reducción del Estado impulsada por Milei en la Argentina.

Su llegada a la Casa de Nariño permitirá avanzar en una coordinación regional más dura contra el narcotráfico, las guerrillas y las dictaduras que todavía subsisten en América Latina.

Una victoria ajustada, pero histórica

El nuevo gobierno no tendrá una tarea sencilla. De la Espriella deberá gobernar con un Congreso dividido, una oposición izquierdista que conserva millones de votos, una situación fiscal delicada y numerosas regiones condicionadas por el narcotráfico y los grupos armados.

También deberá demostrar que sus promesas de seguridad, austeridad y crecimiento económico pueden transformarse en políticas concretas.

Pero el mensaje político de las urnas fue inequívoco: Colombia rechazó la continuidad de Gustavo Petro.

La campaña no fue fácil. De la Espriella recibió amenazas, denunció planes para asesinarlo, debió utilizar chalecos antibalas y vidrios blindados y perdió a dos integrantes de su equipo territorial en un ataque armado.

A pesar de ese contexto, llegó hasta la segunda vuelta y obtuvo casi trece millones de votos.

Colombia no se arrodilló ante el miedo. Eligió ponerle fin al experimento del petrismo y respaldó una propuesta basada en el orden, la seguridad, la libertad económica y el combate frontal contra el crimen.

Con el triunfo de Abelardo de la Espriella, Sudamérica profundiza su giro hacia la derecha y comienza a consolidarse como uno de los grandes bastiones mundiales contra el socialismo y el narco-comunismo.

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Martín Tomassini
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