Se cayó el experimento laborista: Keir Starmer renunció como primer ministro británico
El líder del Partido Laborista anunció su salida tras meses de presión interna, caída de popularidad y avance de Reform UK. Seguirá en funciones hasta completar una transición ordenada.
Keir Starmer anunció su renuncia como primer ministro del Reino Unido y abrió una crisis política dentro del Partido Laborista, apenas dos años después de haber llegado al poder con una amplia victoria sobre los conservadores.
El líder laborista confirmó que dejará el cargo luego de meses de desgaste, presión de diputados de su propio espacio y un fuerte deterioro de la imagen del Gobierno. La decisión busca ordenar una transición interna antes de la reapertura del Parlamento, prevista para septiembre.
Starmer seguirá en funciones hasta que el laborismo defina a su sucesor. El proceso de primarias comenzaría el 9 de julio, aunque en la práctica ya aparece un favorito claro: Andy Burnham, exalcalde de Mánchester y figura con respaldo creciente dentro del partido.
La renuncia llega en un contexto incómodo para la izquierda británica. El Gobierno laborista había prometido estabilidad después de años de crisis conservadora, pero terminó atrapado entre pérdida de autoridad, conflictos internos, decisiones impopulares y el avance electoral de Reform UK, el partido de derecha liderado por Nigel Farage.
Donald Trump había anticipado públicamente que Starmer terminaría renunciando y lo acusó de haber fracasado en dos temas centrales: inmigración y energía. El presidente estadounidense también le reclamó al Reino Unido avanzar con la explotación petrolera en el Mar del Norte, en línea con una agenda de seguridad energética y menor dependencia externa.
El desgaste de Starmer no se explica por un solo episodio. Dentro del laborismo venían creciendo las críticas por el rumbo económico, las dificultades para ordenar la gestión, decisiones controvertidas en materia social y el temor a que el partido llegara debilitado a las próximas elecciones.
Su liderazgo también quedó golpeado por el ascenso de Farage, que logró capitalizar el malestar con la inmigración, el costo de vida y el declive de servicios públicos. Ese avance encendió alarmas entre diputados laboristas preocupados por perder terreno frente a una derecha más dura y directa.
La caída del primer ministro marca otro golpe para la socialdemocracia europea, que intenta sostener discursos de moderación mientras enfrenta problemas concretos de seguridad, fronteras, energía y estancamiento económico.
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