A 225 años de Bastiat, el liberal que explicó cómo el Estado convierte la ley en saqueo
Economista, escritor y diputado francés, Frédéric Bastiat fue uno de los grandes defensores del libre mercado, la propiedad privada, el libre comercio y el gobierno limitado. Su pensamiento, reivindicado por la tradición liberal que hoy expresa Javier Milei, sigue vigente frente a los Estados que usan la ley para repartir privilegios y castigar al que produce.
Este 30 de junio se cumplen 225 años del nacimiento de Frédéric Bastiat, uno de los pensadores liberales más lúcidos del siglo XIX y una referencia imprescindible para quienes defienden la libertad individual, la propiedad privada, el libre comercio y los límites al poder político.
Nacido en Francia en 1801, Bastiat fue economista, escritor, periodista y diputado. Pero, sobre todo, fue un gran divulgador de ideas. Su mérito no estuvo solamente en defender principios liberales, sino en explicarlos con una claridad que todavía hoy incomoda a estatistas, burócratas y defensores del intervencionismo.
Su obra más célebre es La Ley, publicada en 1850, el texto más asociado a la crítica liberal contra el saqueo legal. Allí Bastiat advirtió que la ley debe proteger la vida, la libertad y la propiedad, no convertirse en una herramienta para quitarle a unos y darle a otros en nombre de supuestos fines colectivos.
Esa idea dialoga directamente con una de las críticas más repetidas por el presidente Javier Milei: la llamada “justicia social” como mecanismo por el cual el Estado viola la igualdad ante la ley, le saca por la fuerza a unos y reparte esos recursos a otros, siempre con la intermediación de la política.
Bastiat lo resumió con una frase brutal: “El Estado es la gran ficción a través de la cual todo el mundo intenta vivir a expensas de todo el mundo”. Para el liberal francés, el problema no era solamente el robo ilegal, sino el robo legalizado: cuando el poder político usa la ley para transformar privilegios en derechos y saqueo en política pública.


La ley, el mercado y lo que no se ve
Entre sus obras más importantes se encuentran Sofismas económicos, La Ley, Lo que se ve y lo que no se ve, Armonías económicas, Capital y renta y Cobden y la Liga. En todas aparece un mismo hilo conductor: la defensa de la libertad frente a los privilegios creados por el Estado.
En Sofismas económicos, Bastiat atacó el proteccionismo con ironía demoledora. Su texto más famoso dentro de esa obra es la “Petición de los fabricantes de velas”, donde ridiculiza a quienes piden cerrar la economía para proteger industrias locales. En la sátira, los fabricantes de velas le reclaman al Estado que bloquee la luz del sol por considerarla una competencia desleal.
La enseñanza sigue vigente: muchas políticas que dicen “proteger la industria nacional” terminan encareciendo bienes, beneficiando a sectores privilegiados y perjudicando a millones de consumidores.
En Lo que se ve y lo que no se ve, Bastiat dejó otra de sus grandes lecciones. Toda política pública tiene un efecto visible y otro oculto. Lo que se ve es el subsidio, la obra inaugurada, el empleo estatal creado o el sector protegido. Lo que no se ve es lo que el contribuyente dejó de producir, invertir, ahorrar o consumir porque antes el Estado le quitó esos recursos.
Por eso escribió: “En economía, un acto, una institución o una ley no producen un solo efecto, sino una serie de efectos”. El mal economista se queda con la primera imagen; el buen economista mira también las consecuencias que aparecen después.

El pensador que sigue incomodando
Bastiat murió joven, en 1850, pero dejó una obra breve, contundente y profundamente actual. Su pensamiento es una advertencia permanente contra el poder político cuando abandona su función legítima y transforma la ley en una maquinaria de expoliación.
Para Bastiat, una ley injusta no deja de ser injusta porque haya sido votada. Si el Estado le quita a algunos lo que les pertenece para darles a otros lo que no les pertenece, no está haciendo justicia: está legalizando el saqueo.
Otra de sus frases más recordadas lo resume con precisión: “La ley es la justicia”. No la planificación de la economía, no la distribución arbitraria de riqueza, no la creación de privilegios sectoriales, no el reparto de botines políticos. Justicia.
A 225 años de su nacimiento, Bastiat sigue siendo indispensable para entender la discusión de fondo en la Argentina y en Occidente: si la ley va a proteger al ciudadano frente al abuso o si será utilizada por el poder para vivir del ciudadano.
Su respuesta fue clara, y por eso sigue vigente: cuando el Estado se aparta de la libertad, la propiedad y la igualdad ante la ley, deja de ser un garante de derechos y se convierte en el instrumento más peligroso del saqueo.
