Marco Rubio reunió a 66 países para combatir el terrorismo de ultraizquierda: “Es hora de aplastar este mal para siempre”
El secretario de Estado norteamericano advirtió que la amenaza vinculada con grupos Antifa, anarquistas y marxistas “es real, está empeorando y ya no puede ser negada”. Estados Unidos anunció restricciones de visas, nuevas investigaciones financieras y una mayor cooperación internacional contra las organizaciones violentas.
El Gobierno de Donald Trump dio un paso decisivo para instalar la lucha contra el terrorismo político de extrema izquierda como una nueva prioridad internacional.
El secretario de Estado norteamericano, Marco Rubio, encabezó este jueves 16 de julio en Washington la Reunión Ministerial sobre el Resurgimiento del Terrorismo Político, un encuentro del que participaron representantes de 66 países de América, Europa y Asia.
Durante la apertura, Rubio sostuvo que el terrorismo de extrema izquierda constituye una amenaza transnacional que durante demasiado tiempo fue minimizada, justificada o directamente ignorada por gobiernos, medios de comunicación, universidades y organismos dedicados a combatir el extremismo.
“La amenaza es real, está empeorando y ya no puede ser negada”, advirtió el funcionario, antes de reclamar una acción coordinada para identificar las redes, seguir sus fuentes de financiamiento y reconstruir la estructura internacional de lucha contra el terrorismo para enfrentar este fenómeno.
“Es hora de aplastar este mal”
Rubio aseguró que la violencia política de izquierda no constituye una novedad ni una simple reacción espontánea frente a determinados acontecimientos sociales. Por el contrario, la presentó como la continuación de una tradición ideológica que durante décadas recurrió al terrorismo, los asesinatos, los secuestros y los ataques contra la infraestructura civil.
El secretario de Estado mencionó antecedentes como las FARC en Colombia, Sendero Luminoso en Perú y distintas organizaciones revolucionarias europeas que actuaron durante el siglo XX. También recordó episodios recientes ocurridos en Grecia, Alemania y Francia, entre ellos ataques incendiarios, sabotajes contra redes eléctricas y agresiones violentas atribuidas a grupos extremistas.
Rubio sostuvo que, durante buena parte de la era moderna, la violencia revolucionaria de izquierda fue una de las formas dominantes del terrorismo político, pero recibió un tratamiento diferente al de otros extremismos.
Según explicó, mientras un atentado cometido por un grupo neonazi era correctamente condenado como un acto criminal, una acción semejante ejecutada por marxistas o anarquistas solía ser presentada como un “exceso” cometido en nombre de una causa supuestamente legítima.
“Es hora de aplastar este mal para siempre”, sentenció Rubio al finalizar uno de los pasajes más contundentes de su discurso.
Redes internacionales y militantes Antifa
Uno de los principales planteos de la administración Trump es que los grupos violentos identificados con Antifa ya no operan únicamente dentro de las fronteras de cada país.
Rubio afirmó que militantes europeos viajan a Estados Unidos y a otros países para participar de ataques, intercambiar información sobre posibles objetivos, distribuir propaganda y compartir métodos de entrenamiento.
De acuerdo con el secretario de Estado, estas organizaciones se comunican mediante canales cifrados, utilizan redes de viviendas seguras y reciben recursos a través de circuitos financieros transnacionales.
El funcionario también incluyó dentro de la amenaza a agrupaciones que se presentan como anticapitalistas, antiimperialistas, comunistas, marxistas o anarquistas.
“Pueden adoptar diversos lemas e ideologías según el lugar y la época, pero su naturaleza fundamental es siempre la misma”, afirmó Rubio, quien definió ese pensamiento como un resentimiento destructivo disfrazado con el lenguaje de la igualdad.

Estados Unidos endurece las medidas
La cumbre no se limitó a una declaración política. Rubio anunció una nueva política para restringir el ingreso a Estados Unidos de extranjeros que hayan participado, apoyado, financiado o incitado acciones terroristas, sabotajes económicos o ataques cometidos por organizaciones de extrema izquierda.
Desde noviembre de 2025, Washington ya incorporó a cuatro agrupaciones europeas a su listado de organizaciones terroristas extranjeras: Antifa Ost, la Federación Anarquista Informal-Frente Revolucionario Internacional, Justicia Proletaria Armada y Autodefensa de Clase Revolucionaria.
El Gobierno norteamericano ofrece recompensas de hasta 10 millones de dólares por información relacionada con algunas de sus fuentes de financiamiento y anticipó que habrá nuevas designaciones.
El Departamento del Tesoro, conducido por Scott Bessent, también comenzó a profundizar las investigaciones sobre organizaciones benéficas, asociaciones civiles y entidades sin fines de lucro que podrían ser utilizadas para encubrir aportes extranjeros o financiar hechos violentos.
“Pasamos décadas desarrollando las capacidades financieras antiterroristas más sofisticadas del mundo. Ahora estamos movilizando esas mismas herramientas para enfrentar esta amenaza”, señaló Bessent.
Una nueva prioridad para la administración Trump
Rubio afirmó que la cooperación internacional permitió reducir considerablemente la amenaza del terrorismo islamista, pero advirtió que esa concentración de esfuerzos creó un “punto ciego” frente al crecimiento de los grupos violentos de izquierda.
Estados Unidos buscará ahora ampliar el intercambio de inteligencia, la cooperación policial, el seguimiento de las redes financieras y la identificación de militantes que se desplazan entre diferentes países.
La administración Trump sostiene que los ataques y complots vinculados con la extrema izquierda aumentaron durante los últimos años. Un informe del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales registró que, hasta mediados de 2025, los incidentes atribuidos a la izquierda habían superado a los de extrema derecha por primera vez en más de tres décadas, aunque partiendo de niveles históricamente mucho menores. Los investigadores recomendaron mantener la vigilancia sobre todas las formas de terrorismo político.
La decisión generó críticas de legisladores demócratas, quienes acusaron al Gobierno de utilizar la política antiterrorista para perseguir adversarios e ignorar la violencia de extrema derecha. Rubio rechazó esa interpretación y sostuvo que combatir a organizaciones que cometen atentados no equivale a criminalizar protestas pacíficas ni opiniones políticas.
Una amenaza que ya no será ignorada
El mensaje enviado desde Washington representa un cambio profundo en la estrategia de seguridad norteamericana.
Para el Gobierno de Trump, las organizaciones violentas de extrema izquierda dejaron de ser consideradas grupos marginales o expresiones aisladas de protesta. Estados Unidos las presenta ahora como redes internacionales capaces de atacar dirigentes políticos, empresas, fuerzas de seguridad, edificios públicos e infraestructura crítica.
Rubio reclamó que los países abandonen la tolerancia ideológica y apliquen el mismo criterio frente a cualquier forma de terrorismo, independientemente de las consignas utilizadas por sus responsables.
“Podemos y debemos identificar y mapear esta amenaza, y reconstruir nuestra arquitectura antiterrorista para derrotarla”, concluyó.
La advertencia fue clara: para la nueva política exterior norteamericana, la violencia ejercida en nombre del comunismo, el anarquismo o el antifascismo no será aceptada como una forma legítima de militancia.
Será perseguida como terrorismo.
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