Vaca Muerta ya no es una promesa: Argentina se acerca al millón de barriles diarios y empieza a jugar en otra liga

La producción petrolera alcanzó un nuevo récord de 914.900 barriles diarios en junio y creció 17,1% interanual. Argentina podría explicar este año alrededor del 1,1% del petróleo producido en el mundo. Detrás del salto está Vaca Muerta, que en apenas ocho años multiplicó casi doce veces su producción y cambió definitivamente el mapa energético del país.

Vaca Muerta

Durante años escuchamos hablar de Vaca Muerta como la gran promesa argentina. Un recurso extraordinario bajo tierra que algún día podía convertirse en dólares, exportaciones, inversiones y crecimiento. Ese «algún día» parece haber llegado.

Argentina produjo en junio un récord de 914.900 barriles de petróleo por día, un 17,1% más que un año atrás. La cifra deja al país a apenas 85.100 barriles diarios de atravesar una frontera que hasta hace pocos años parecía lejana: el millón de barriles diarios.

El número, por sí solo, impresiona. Pero lo verdaderamente importante es entender qué hay detrás. De acuerdo con estimaciones de BBVA Research citadas en el informe, Argentina podría representar aproximadamente el 1,1% de toda la producción mundial de petróleo durante 2026. Todavía estamos lejos de gigantes como Estados Unidos, Rusia o Arabia Saudita, que juntos concentran el 39% de la oferta global, pero Argentina comienza a ganar una dimensión que durante décadas no tuvo en el mercado energético internacional.

Y el protagonista tiene nombre propio: Vaca Muerta.

La formación neuquina multiplicó casi doce veces su producción en apenas ocho años, con una expansión promedio del 36% anual. Solo durante los últimos doce meses incorporó 157.486 barriles diarios adicionales, una cantidad superior a todo lo que producía Vaca Muerta en 2018.

Hoy el petróleo no convencional representa alrededor del 70% de la producción argentina. Neuquén alcanzó en junio un récord de 648.114 barriles diarios y la Cuenca Neuquina en su conjunto aportó 715.105 barriles por día, equivalentes al 79% del total nacional.

No estamos frente a un rebote circunstancial ni ante un buen mes estadístico. Lo que ocurre es un cambio estructural.

Durante buena parte de nuestra historia reciente, la energía fue un problema para la macroeconomía argentina. El país llegó a gastar miles de millones de dólares importando combustibles y gas, drenando las reservas que tanto necesitaba para sostener su actividad productiva. Vaca Muerta está comenzando a invertir esa ecuación.

La Bolsa de Comercio de Rosario proyectó que la producción petrolera podría crecer alrededor de 16% durante 2026, superando incluso el máximo histórico alcanzado por Argentina hace casi tres décadas.

El desafío ahora es no arruinarlo

Llegados a este punto, para mí aparece la discusión verdaderamente importante. Argentina ya demostró que tiene el recurso y también que existen empresas dispuestas a invertir miles de millones para extraerlo. Lo que necesita demostrar ahora es algo históricamente bastante más difícil: que puede ofrecer reglas estables durante décadas.

Un pozo, un oleoducto, una terminal exportadora o una planta de GNL no se construyen pensando en la próxima elección. Son inversiones que requieren años, capital intensivo y previsibilidad.

Por eso, el verdadero valor de Vaca Muerta no se mide solamente en los barriles que salen hoy de Neuquén. Se mide también en la posibilidad de transformar esos recursos en infraestructura, empleo privado, exportaciones y un flujo permanente de divisas.

El crecimiento actual además encuentra al país con proyectos destinados a resolver uno de los grandes cuellos de botella del sector: cómo transportar cada vez más petróleo hacia los mercados internacionales. Sin capacidad de evacuación, el potencial geológico sirve de poco.

Argentina está frente a una oportunidad difícil de exagerar. No porque Vaca Muerta vaya a solucionar mágicamente todos nuestros problemas, sino porque puede convertirse en uno de los pilares de una economía mucho más orientada a producir y exportar.

Durante demasiado tiempo el país discutió cómo repartir una riqueza que todavía no había generado. Vaca Muerta ofrece exactamente la posibilidad inversa: producir más, exportar más y crear riqueza nueva.

Los 914.900 barriles diarios son un récord. Pero probablemente lo más importante sea otra cosa: estamos a menos de 90.000 barriles del millón y, si el crecimiento continúa, esa barrera podría caer antes de terminar 2026.

Cuando eso ocurra, no será solamente otra cifra para una estadística energética. Será la confirmación de que aquella promesa enterrada bajo la Patagonia empezó, finalmente, a cambiar el lugar de Argentina en el mapa mundial del petróleo.

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Patricio De Gaetano
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