Morosidad: el dato que la política convirtió en bandera y los números que los titulares omiten

La expansión del crédito digital incorporó nuevos deudores y disparó la morosidad, especialmente entre los jóvenes. Sin embargo, el mayor volumen de deuda impaga continúa concentrado en la banca tradicional. La presión impositiva aparece, además, como un componente clave del costo financiero.

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En las últimas semanas, la morosidad de los argentinos pasó de ser un indicador financiero a convertirse en uno de los nuevos caballitos de batalla contra el Gobierno nacional. Titulares sobre un supuesto “récord de morosidad”, familias que “se endeudan para comer” y una presunta crisis generalizada comenzaron a repetirse en buena parte de los medios.

El dato existe y no debe minimizarse: la mora de los créditos bancarios otorgados a las familias alcanzó el 12,8%. Es un nivel elevado y el mayor registrado en más de dos décadas. Pero una cosa es el dato y otra muy distinta es la fotografía completa de la economía.

Porque ese 12,8% que domina los titulares no representa la morosidad de toda la Argentina ni de todo el sistema financiero.

Según el último Informe sobre Bancos del Banco Central, correspondiente a junio de 2026, la irregularidad del crédito total al sector privado fue del 7,6%, y no sólo no aumentó sino que bajó 0,1 punto porcentual respecto del mes anterior. En el caso de las empresas, la mora fue de apenas 3,5%.

Es decir: el problema está especialmente concentrado en determinados tipos de financiamiento a las familias, fundamentalmente préstamos personales y tarjetas, y no describe por igual a toda la economía.

Una cifra alta, pero lejos de ser inédita en Argentina

Hablar de “récord histórico” sin agregar contexto también conduce a una interpretación equivocada.

La Argentina ya atravesó niveles de morosidad muchísimo mayores.

Durante la crisis de 2001-2002, la irregularidad de las financiaciones al sector privado llegó al 35,6%. En el caso específico de las familias, terminó 2002 en 31,8%, casi dos veces y media el nivel registrado actualmente.

Incluso en diciembre de 2004, cuando el sistema ya se encontraba en franca recuperación, la irregularidad del crédito al sector privado todavía rondaba el 19%.

Por eso es correcto afirmar que la mora actual de las familias es la más alta de los últimos veinte años. Lo que resulta engañoso es transformar esa afirmación en la idea de que Argentina atraviesa la peor crisis crediticia de su historia.

No es lo mismo.

Qué pasó durante los últimos años

La comparación reciente también permite entender mejor el fenómeno.

A fines de 2019, la mora de las familias se encontraba en torno al 4,2%. En 2021 estaba nuevamente en 4,2%, en 2022 fue del 3%, en diciembre de 2023 alcanzó el 2,8% y al finalizar 2024 se encontraba en 2,5%.

Luego comenzó una suba pronunciada: terminó 2025 en 9,3% y alcanzó el actual 12,8% en 2026.

La suba existe y es significativa. Pero hay otro fenómeno que prácticamente desaparece de los titulares: Argentina también atravesó una extraordinaria expansión del crédito privado.

Sólo durante 2024 el saldo real del crédito al sector privado aumentó 54% interanual, luego de años de fuerte contracción del financiamiento.

Y aun después de aquella expansión, en junio de 2026 el crédito total al sector privado continuaba creciendo: aumentó 3,1% real durante el mes y 10,1% interanual, considerando todas las monedas.

Es una variable indispensable para entender lo ocurrido.

Durante años, buena parte de los argentinos prácticamente había quedado afuera del crédito formal. Cuando el financiamiento reapareció, millones de personas volvieron a utilizar tarjetas, préstamos personales, créditos prendarios, billeteras digitales y fintech.

Cuanto mayor es el universo de personas que accede al financiamiento, también aumenta la cantidad potencial de personas que pueden atrasarse.

Eso no elimina el problema de la mora, pero sí modifica sustancialmente su interpretación.

Fintech, jóvenes y crédito fácil

A esto se suma otro fenómeno que explotó durante los últimos años: las plataformas digitales permitieron acceder a financiamiento prácticamente desde un teléfono celular.

La expansión incorporó a sectores que tradicionalmente tenían enormes dificultades para obtener un préstamo bancario, especialmente jóvenes y personas sin historial crediticio consolidado.

Y allí aparece uno de los principales focos de morosidad.

Las fintech y los prestamistas digitales suelen otorgar créditos pequeños, de aprobación rápida y con criterios de riesgo distintos a los utilizados por la banca tradicional.

Por eso resulta metodológicamente pobre meter dentro de una misma bolsa a un hipotecado, una persona que financia el resumen de su tarjeta, alguien que toma un préstamo bancario y un joven que obtiene $100.000 desde una aplicación.

Son deudas completamente diferentes.

Tampoco todos se “endeudan para comer”

Otra explicación que comenzó a repetirse casi mecánicamente es que el crecimiento de la deuda demuestra que las familias necesitan financiar alimentos para llegar a fin de mes.

Puede existir ese fenómeno y seguramente ocurre en numerosos hogares, pero los números agregados de morosidad no permiten afirmar que esa sea la explicación general del endeudamiento argentino.

Los créditos financian consumo, vehículos, electrodomésticos, viajes, servicios, bienes durables, emprendimientos y una enorme variedad de gastos.

Transformar automáticamente “más crédito” en “argentinos endeudándose para comer” no es análisis económico: es una interpretación política de un indicador.

El dato que casi desapareció de los titulares

Hay además una novedad particularmente relevante.

Después de una prolongada escalada, la mora dejó de aumentar en junio.

El indicador general del sector privado cayó del 7,7% al 7,6%, mientras que el indicador de familias dejó de crecer. El propio Banco Central explicó que hubo una desaceleración del crecimiento de la cartera irregular combinada con un aumento real del financiamiento total.

Incluso la probabilidad de default estimada bajó al 2,6%.

El BCRA sostiene además que el sistema financiero continúa exhibiendo elevados niveles de cobertura frente al riesgo crediticio y cerró el primer semestre con una integración de capital equivalente al 29,8% de los activos ponderados por riesgo, con un exceso de capital muy superior a las exigencias regulatorias.

Difícilmente pueda describirse ese escenario como el de un sistema financiero al borde de una crisis.

De indicador económico a herramienta política

La discusión tampoco ocurre en el vacío.

La morosidad pasó en pocas semanas a ocupar un lugar central dentro de la disputa política. Dirigentes opositores comenzaron a utilizarla como prueba del supuesto fracaso económico del Gobierno y diferentes medios multiplicaron notas alrededor del mismo indicador.

El gobernador bonaerense Axel Kicillof, por ejemplo, sostuvo públicamente que durante la gestión de Javier Milei la morosidad bancaria se había multiplicado varias veces, utilizando la evolución del indicador como argumento político.

Incluso medios nacionales ya describen abiertamente a la mora como uno de los nuevos temas centrales de la campaña política.

Nada de esto vuelve falsa la cifra del 12,8%.

Pero obliga a separar el dato económico de la utilización política del dato.

Porque puede ser simultáneamente cierto que la morosidad de las familias aumentó fuertemente y que la Argentina no está atravesando una crisis financiera comparable con las peores de su historia.

También puede ser cierto que existe un problema concentrado en el crédito al consumo mientras las empresas muestran una mora del 3,5%, el crédito total continúa creciendo y el sistema financiero mantiene elevados niveles de capital y previsiones.

La fotografía completa

La Argentina tiene hoy un problema de morosidad en una parte importante del crédito destinado a las familias. Negarlo sería absurdo.

Pero transformar ese fenómeno en la imagen de una sociedad completamente quebrada requiere seleccionar algunos números y omitir otros.

El 12,8% existe.

También existe el 7,6% de mora del sector privado total.

Existe el 3,5% de las empresas.

Existe el crecimiento real interanual del 10,1% del crédito total.

Existe la reducción de la probabilidad estimada de default al 2,6%.

Y existe un sistema financiero que, según el propio Banco Central, mantiene elevados niveles de liquidez, cobertura y capital.

La discusión seria sobre la deuda de los argentinos debería empezar mostrando todos esos números.

Lo demás corre el riesgo de convertir una estadística económica en una herramienta de campaña.

Cristian Almada
Cristian Almada
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