Vuelven los préstamos en dólares para empresas: cómo funcionarán y qué tasas tendrán
El Gobierno habilitó una mayor flexibilización del crédito en moneda estadounidense para personas jurídicas. La medida busca movilizar los dólares depositados en el sistema financiero y ampliar el financiamiento corporativo a tasas más bajas.
El ministro de Economía, Luis “Toto” Caputo, anunció que las entidades financieras podrán ampliar los préstamos en dólares estadounidenses a personas jurídicas. La medida marca un nuevo paso dentro del esquema de flexibilización del mercado cambiario y la denominada “competencia de monedas” impulsada por el Gobierno nacional.
Estos préstamos se estructurarán bajo el esquema tradicional de la banca corporativa, aunque sujetos a las normativas específicas establecidas por la autoridad monetaria. Entre los principales instrumentos para la concreción de estos créditos aparecen:
Pagarés y letras corporativas en dólares: la empresa que reciba el préstamo firmará una obligación o compromiso de pago denominado y pagadero en moneda estadounidense por un plazo determinado.
Líneas de capital de trabajo e inversión: consisten en desembolsos directos en la cuenta en dólares de la empresa destinados, entre otras posibilidades, a la compra de bienes de capital, insumos importados o refinanciación de pasivos.
Hasta ahora, la normativa del Banco Central de la República Argentina (BCRA) restringía fuertemente estos créditos a empresas vinculadas con la cadena exportadora, buscando evitar el denominado descalce de monedas. La flexibilización apunta a ampliar el universo alcanzado a otras personas jurídicas, bajo las condiciones que establezca la regulación.
Cómo se determinará la tasa
La tasa de interés de estos créditos surgirá del acuerdo entre privados, es decir, entre la entidad financiera que otorgue el financiamiento y la empresa solicitante. No habrá una tasa única fijada por el Estado, por lo que el costo final dependerá de las condiciones de cada operación y del perfil crediticio del tomador.
El precio de estos préstamos puede estructurarse a partir de tres componentes principales:
- Tasa de referencia internacional: como referencia pueden utilizarse tasas internacionales como la SOFR (Secured Overnight Financing Rate) de Estados Unidos o los rendimientos de los bonos del Tesoro norteamericano.
- Riesgo país y riesgo crediticio: al costo internacional se le suma una prima vinculada con el riesgo soberano argentino y, particularmente, con la calificación crediticia y capacidad de pago de la empresa solicitante.
- Liquidez local en dólares o spread bancario: la disponibilidad de dólares dentro del sistema financiero también influye sobre el costo del crédito. Un elevado volumen de depósitos puede favorecer tasas más competitivas, mientras que una menor liquidez puede encarecerlas.
En términos generales, por lo tanto, el costo de los préstamos estará condicionado por las tasas internacionales, el riesgo argentino, el perfil de cada empresa y la disponibilidad de dólares en los bancos.
La diferencia con el crédito en pesos
Existe una diferencia fundamental entre el funcionamiento del crédito en pesos y el denominado en dólares.
En el sistema financiero en moneda local, los bancos operan mediante un esquema de encajes y pueden canalizar parte de los depósitos hacia el crédito. Además, el BCRA cuenta con la capacidad de proveer liquidez en pesos al sistema financiero en su función de prestamista de última instancia.
En dólares, en cambio, existe una restricción evidente: el Banco Central argentino no puede emitir moneda estadounidense, facultad que corresponde a la Reserva Federal de Estados Unidos.
Por ese motivo, la expansión del crédito en dólares está condicionada por la disponibilidad efectiva de divisas dentro del sistema financiero y por las regulaciones prudenciales establecidas para proteger a los depositantes y evitar desequilibrios.
El antecedente de la Convertibilidad
Los préstamos en dólares tienen un antecedente central en la historia económica argentina: la década de 1990.
Durante los años de la Convertibilidad, entre 1991 y 2001, el crédito en moneda estadounidense a personas jurídicas —e incluso a personas físicas para determinados destinos— estuvo ampliamente extendido. Empresas de diferentes sectores podían tomar deuda en dólares dentro de un régimen cambiario que establecía la paridad de un peso por un dólar.
El principal problema apareció con el descalce de monedas. Muchas empresas que tomaban deuda en dólares no exportaban ni generaban ingresos en esa moneda, sino que facturaban íntegramente en pesos.
Cuando la Convertibilidad colapsó y el peso sufrió una fuerte devaluación, las obligaciones denominadas en dólares aumentaron abruptamente medidas en moneda local, mientras los ingresos de esas compañías continuaban siendo en pesos.
El resultado fue un fuerte deterioro de la capacidad de pago del sector privado, un incremento de la morosidad y, posteriormente, la denominada pesificación asimétrica.
Después de la crisis de 2001-2002, la normativa del Banco Central se volvió mucho más restrictiva respecto del crédito en moneda extranjera, particularmente para evitar que empresas sin generación de divisas asumieran obligaciones que pudieran volverse impagables frente a una devaluación.
Dólares depositados que podrían volver al circuito productivo
En definitiva, el anuncio de Caputo apunta a flexibilizar el acceso de las empresas privadas al crédito en dólares y aprovechar parte de la liquidez en moneda estadounidense existente dentro del sistema bancario.
Para las compañías que puedan acceder a este financiamiento, la principal ventaja estará en la posibilidad de conseguir tasas sustancialmente inferiores a las que históricamente caracterizaron al crédito corporativo en pesos.
La apuesta oficial es que una mayor utilización de los dólares depositados en los bancos permita ampliar el crédito destinado a inversión y capital de trabajo, movilizando recursos que actualmente tienen una utilización limitada dentro del sistema financiero.
El desafío será evitar los errores del pasado. La experiencia de la Convertibilidad demostró los riesgos de endeudar en dólares a empresas cuyos ingresos dependen exclusivamente del peso. La nueva etapa buscará ampliar el crédito corporativo sin volver a generar ese descalce, mientras el Gobierno avanza en su objetivo de profundizar la competencia de monedas y devolverle al sector privado un papel central en la asignación del financiamiento.
