El Garrahan desvinculó a una gremialista por no trabajar durante todo el año 2025

El Hospital Garrahan decidió desvincular a la nutricionista y dirigente sindical Norma Lezana tras un sumario que, según las autoridades, no pudo acreditar que hubiera atendido pacientes durante 2025. La dirigente cuestionó la medida y reivindicó su tutela gremial. El episodio vuelve a poner sobre la mesa una discusión que durante décadas quedó relegada: los fueros sindicales no pueden convertirse en una licencia para incumplir las obligaciones laborales.

Norma

El caso de Norma Lezana expone una de las discusiones más incómodas de la Argentina: hasta dónde puede llegar la protección sindical cuando quien ocupa un cargo gremial deja de cumplir las funciones por las que recibe un salario del Estado.

El Hospital Garrahan informó que resolvió desvincular a la nutricionista y referente de la Asociación de Profesionales y Técnicos (APyT) después de un proceso sumarial destinado a determinar si había cumplido sus tareas durante 2025. Según la institución, las actuaciones no permitieron acreditar que Lezana hubiera desarrollado tareas asistenciales como nutricionista y sí constataron su participación en actividades gremiales.

La conclusión oficial fue contundente: el hospital sostuvo que durante el período analizado no atendió a ningún paciente.

El dato resulta particularmente sensible porque el Garrahan no es una dependencia estatal cualquiera. Es uno de los principales hospitales pediátricos del país y atiende a niños y adolescentes de todo el territorio. Allí, cada recurso humano tiene una función concreta y cada hora de trabajo debería estar destinada prioritariamente a garantizar la atención de los pacientes.

Un sumario que pone en discusión los privilegios sindicales

Según informó el propio hospital, durante el proceso se tomaron declaraciones a trabajadores para reconstruir el desempeño de Lezana. De acuerdo con las autoridades, ninguno pudo acreditar que hubiera realizado tareas asistenciales durante 2025.

Al mismo tiempo, sí quedó registrada su participación activa en distintas actividades gremiales desarrolladas durante un año de fuerte conflicto dentro de la institución.

El hospital también señaló su participación en la ocupación de la oficina de la Dirección Médica, en el marco de las protestas sindicales.

La discusión, entonces, no pasa por negar el derecho de los trabajadores a organizarse sindicalmente, reclamar mejores condiciones laborales o realizar medidas de fuerza. Ese derecho forma parte de la legislación argentina y debe ser respetado.

La pregunta es otra: ¿puede la representación sindical convertirse en un mecanismo para cobrar un salario público sin cumplir las tareas correspondientes al puesto?

La herencia cultural del kirchnerismo

Lo acontecido con Norma Lezana en el Garrahan no es un episodio aislado, sino el síntoma acabado de la matriz cultural que la herencia kirchnerista y peronista instaló en las estructuras del Estado. Durante décadas se naturalizó el concepto de que la actividad sindical otorga una patente de corso para el ausentismo crónico y la irresponsabilidad laboral. El mecanismo era tan burdo como sistemático: fichar el ingreso por la mañana para cobrar la totalidad del haber estatal y, acto seguido, abandonar la función asistencial para dedicarse de lleno a la rosca política o al amedrentamiento de las autoridades de turno.

Según la normativa laboral aplicable, la tutela gremial prevé un cupo de hasta 10 horas mensuales para gestiones sindicales. Lezana decidió unilateralmente extender ese beneficio a las 160 horas mensuales de su jornada, cobrando un salario de profesional de la salud por tareas que jamás prestó. Esta conducta configura un desprecio directo por los contribuyentes que financian el sistema público de salud y, sobre todo, una traición a sus propios compañeros de trabajo, quienes debieron asumir la sobrecarga laboral de atender a los pacientes que la dirigenta ignoraba deliberadamente.

El relato de la víctima y la respuesta del hospital

Fiel al dogma populista, tras conocerse la resolución administrativa que dispone su salida del nosocomio, Lezana no tardó en desplegar la conocida coreografía de victimización. Fiel a la retórica del kirchnerismo más explícito, declaró no estar notificada, desafió abiertamente al Gobierno manifestando no tener «miedo» y acusó a la intervención del hospital de montar una «cortina de humo» para encubrir presuntos negociados.

Es el argumento gastado de quien carece de explicaciones concretas. Lezana no presentó una sola planilla de atención a pacientes, un cuaderno de guardia, un registro médico o la firma de una sola dieta elaborada en todo 2025. Ante la abrumadora contundencia de las pruebas sumarias, el recurso dialéctico de gritar «perseguida política» es la última trinchera de quien se sabe acorralada por los hechos. Protagonista de episodios lamentables como la toma de la oficina de la Dirección Médica del Garrahan, la dirigente pretende ahora transformarse en una heroína de la resistencia cuando, en los hechos, solo defendía un privilegio injustificable.

Justicia, desafuero y el valor del trabajo real

El expediente de desvinculación ya se encuentra respaldado por una solicitud formal ante la Justicia Laboral para hacer efectivo el quítese de la tutela sindical (desafuero gremial). Es imperioso que la Justicia actúe con celeridad y sin vacilaciones corporativas. El fuero sindical fue creado por la Constitución y las leyes para evitar represalias contra los trabajadores que defienden derechos legítimos, no para proteger la vagancia estructural, la deserción de los puestos de trabajo y el cobro indebido de haberes públicos.

En la Argentina del cambio cultural y la reconstrucción económica, las premisas son claras y categóricas: el que cumple con su deber laboral recibe el respaldo irrestricto de las instituciones; el que pretende vivir del esfuerzo ajeno sin trabajar, se tiene que ir. La salida de parasitismos como el de Lezana del Hospital Garrahan no solo fortalece la eficiencia y transparencia en la administración de los recursos del Estado, sino que dignifica y honra al verdadero personal asistencial que, con esfuerzo diario, dedicación y vocación de servicio, sostiene la salud de miles de chicos en todo el país.

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Julián Sayago
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